EL NEGRO JUAN LATINO: GLORIA DE ESPAÑA Y DE SU RAZA
(¿Baena? 1518 – Granada ¿1596?)
Antes de iniciar el estudio de este ilustre baenense, ejemplo viviente
de lo que pueden conseguir la voluntad y el esfuerzo humanos, hemos de
desbrozar el camino que haga posible extractar su biografía.
Francisco
Valverde y Perales confundió en una sola persona a los coetáneos Juan Rufo
Gutiérrez y a Juan Latino[1].
Posiblemente la confusión tuviera su base en el hecho de que ambos
escribieron dos poemas épicos con el título de “Austriada”[2].
Juan Rufo Gutiérrez (Córdoba )1547? - Córdoba 1597)[3] escribió la Austriada
más famosa, en castellano y en veinticuatro cantos, de desigual número de
octavas reales[4].
Narra los preparativos y la guerra de Granada hasta el canto XVIII, y la
batalla de Lepanto del XIX al XXIV. Asimismo, es autor de Las seiscientas apotegmas y otras obras en verso[5].
Juan Latino ()Baena?, 1518 - Granada, )1596?), compuso la Austriadis
carmen, con 1834 hexámetros latinos[6].
Todo el poema está centrado en la batalla de Lepanto y según la forma y
estilo que más adelante comentaremos.
La
confusión aludida y, como hemos dicho, provocada tal vez por la coincidencia
temática, produce hoy cierto rubor, por tratarse de dos autores radicalmente
diferentes, (aventurero, mujeriego, ludópata, pendenciero y de raza blanca,
Rufo; esclavo, estudioso, virtuoso, pacífico y de raza negra, Latino).
Indudablemente,
a quien se refería Valverde y Perales como autor baenense, era al segundo, al
negro Juan de Sessa, más tarde llamado e inmortalizado por la ciudad de
Granada como Juan Latino[7].
En él nos vamos a centrar y tratar de dibujar con trazos más firmes, su
difusa semblanza histórica, tan desconocida y mezclada de conjeturas y
leyendas[8].
I.- BIOGRAFÍA:
A pesar de tratarse de un autor reconocido y famoso en su tiempo[9],
hasta el punto de que las autoridades granadinas y grandes personalidades que
por allí pasaban, se preciaban de su amistad y de merecer sus consejos, se
desconoce de su vida más que se sabe. Y este poco que se sabe, suscita
grandes interrogantes y no pocas incredulidades que, pacientemente y en las líneas
que siguen, vamos a tratar de plantear y resolver si fuera posible.
Nuevamente
hemos de partir de la imposibilidad de demostrar documentalmente nada, cuando
se trata de un autor baenense, por la desaparición de los archivos eclesiásticos.
Y ante esta situación, las conjeturas y elucubraciones, más o menos
fundamentadas, se disparan.
Juan
Latino era esclavo, porque nació de esclavos etíopes al servicio del segundo
Duque de Sessa, y, posiblemente, en
Baena.
Son
muchos los autores, críticos y estudiosos que, dejándose llevar de la
imprecisa afirmación de Juan Latino sobre su origen etíope, término que, en
su acepción griega, conocida por él, significa rostro
quemado, afirman que nació en África[10]:
Haec, Ioannes Latinus Aethiops Christicola, ex Aethiopia usque infans
aduectus, excellentissimi, et inuictissimi Gonsalui Ferdinandi a Corduba ducis
Suessae Gonsalui Magni Hispaniarum ducis nepotis seruus, ab ipso infantiae
lacte simul nutritus, cum ipso a rudibus animis liberalibus artibus instructus,
et doctus, et tandem libertate donatus, Garnatae ab illustrissimo, pariter et
Reuerendissimo Petro Guerrero Granatensi Archiepiscopo extra omnem aleam
doctissimo, Sanctae Ecclesiae Garnatae Cathedram Grammaticae et Latini
sermonis accepit moderandam, quam per uiginti annos foeliciter moderatus est,
sub Catholico Philippo Hispaniarum Rege translationi regalium corporum
scripsit Epitaphia, ad honorem et gloriam omnipotentis Dei, et Sanctissimae
uirginis Mariae matris eius. Garnatae anno aetatis sui quinquagessimo octauo.
(Juan
Latino, cristiano etíope, traído desde Etiopía cuando era niño, esclavo
del Excelentísimo e Invencible Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Sessa,
nieto de Gonzalo el Gran Capitán de las Españas, alimentado por éste,
educado e instruido a su lado en las artes liberales y, finalmente, obsequiado
con la libertad, recibió en Granada para regirla, del Ilustrísimo y Reverendísimo
Pedro Guerrero, Arzobispo de Granada, muy sabio sin duda alguna, la Cátedra
de Gramática y de Lengua Latina de la Santa Iglesia de Granada, que rigió
felizmente durante veinte años: en el reino del Católico Rey de las Españas
escribió estos epitafios con motivo del traslado de los cuerpos reales, para
honor y gloria de Dios omnipotente y de su madre la Santísima Virgen María.
En Granada, en el año cincuenta y ocho de su vida)[11].
El
término etíope en el siglo XVI no
se refería a la actual región de Abisinia, pues no se conocía como tal,
sino, genéricamente, al continente africano. Por tanto, quiere decir que nació
en África, de padres traídos como esclavos a Sevilla u otro puerto, donde
sería posteriormente vendido a algún convento que, tras una breve instrucción,
lo revendería al Duque de Sessa, según costumbre al uso en la época.
No
somos muy proclives a esta teoría, a pesar de estar justificada en el mismo
Juan Latino, como hemos visto, y por varias razones que vamos a explicar:
1.
El autor más acreditado, Bermúdez Pedraza, compañero de tertulias de Juan
Latino, se basaba en el testimonio impreso de éste, especialmente aireado y
difundido, para contrarrestar, y posiblemente quedar al margen, del de su
enemigo literario y personal más acérrimo, León Roque de Santiago, quien
mantenía que Juan Latino nació en Baena de una esclava negra y del Duque de
Sessa, Luis Fernández de Córdoba, padre de su amigo y protector Gonzalo Fernández
de Córdoba, tercero del mismo título[12]. Esta afirmación, muy extendida por
Granada, pretendía desprestigiar al duque y a su familia y, muy
probablemente, provocaría alguna reacción airada.
2.
Hay dos testimonios, de relevancia desigual, que afirman el nacimiento en
Baena de Juan Latino: el del dramaturgo sevillano Diego Ximénez de Enciso
(Sevilla, 1585 - 1633) y el de Francisco Fernández de Córdoba, “Abad
de Rute” (Baena, )1565? - Rute, 1626).
El
primero, sin mencionar nunca la fuente, pone en boca de Juan Latino, a través
de su comedia homónima, el siguiente soneto:
Hijo de esclavo soy, nací en Baena,
Donde las letras aprendí primero;
Crecí siguiendo el centro verdadero
Premio que a la virtud el cielo ordena.
No me ha estorbado mi amorosa pena,
Que sea de Granada Racionero,
Orfeo, Marte, Cicerón, Homero,
En voz, en armas, en Latín, en vena.
Catedrático fui, Griego excelente,
Y en fin varón insigne, pues que llego
A ser deste lugar Colector digno.
Y como le llamó por eminente
La antigua Roma a su adriano, el Griego,
La noble España, me llamó el Latino [13].
A pesar de la contundencia de la afirmación, ha sido puesta en duda por algunos críticos, por atrevida, imaginativa e indocumentada. Sin embargo, el resto de los pasajes de esta comedia, referidos a su relación con la joven Ana Carleval, su futura esposa, se les reconoce bien informados y bellamente recreados.
Mucho
más valiosa es la escueta noticia que da el Abad
de Rute en su rigurosa y bien informada
genealogía de la Casa de los Córdoba[14]
del cuarto Duque de Sessa y primo segundo de D. Antonio Fernández de Córdoba
14.
En ella, el hijo natural de un primo hermano del cuarto Duque de Sessa y primo
segundo de D. Antonio Fernández de Córdoba, quinto Duque de Sessa, hablando
de la educación del tercer duque, Gonzalo, dice que tuvo
por compañero en los estudios a Juan Latino, nacido en su casa de Vaena,
aunque de padres guineos y no libres.
3.
La tercera de las razones se basa en el alto grado de improbabilidad de que un
niño de tan corta edad [15],
pudiera resistir las inhumanas condiciones de hacinamiento y desnutrición,
durante tantas jornadas de lenta y penosa navegación, que provocaban una
selección natural del “ébano negro”, como le llamaban los portugueses,
sus principales traficantes.
Asimismo, la adaptación tan completa a
un medio tan distinto, la perfecta formación de su carácter y de su
inteligencia, hasta hacer de él no sólo un hombre culto, sino sabio, un
perfecto conocedor de las lenguas y literaturas clásicas, en maestro eminente
y, sobre todo, un poeta latino extraordinariamente fecundo, (...) no hubiera
sido posible en una naturaleza criada en estado salvaje. (...) Sólo viviendo
casi desde su nacimiento en un ambiente tal, se explica y aún es de admirar,
un resultado tan sorprendente [16].
Si
a todo lo dicho, añadimos que era intérprete del monocordio y un hábil tañedor
de vihuela, órgano, laúd y arpa, con partituras; amén de cantante de suave
voz [17],
tendremos que concluir que debió venir, lactante, de África, hecho bastante
improbable, o nacer en Baena, en 1518 [18],
y vivir bajo la atenta tutela de una persona poderosa, que le proporcionó la
infrecuente y sospechosa oportunidad de una educación esmerada.
De
todas formas, viniera lactante de África o naciera en Baena, lo que es
innegable es que en Baena aprendió sus primeras letras y recibió unas
exitosas lecciones de cómo debía comportarse, sobrevivir y medrar, un
esclavo negro, en la superclasista, cerrada y rancia sociedad del siglo XVI.
Le debió enseñar a no avergonzarse del color de su piel, pero también a no
erigirse en abogado racial en ningún tipo de situaciones.
La
vida de Juan de Sessa transcurrió de forma paralela a la del pequeño duque
y, de soslayo, fue asimilando las enseñanzas, básicamente gramaticales
latinas y griegas, que impartían a su señor, primero en Baena y luego en
Granada, adonde se trasladó la familia tras la muerte del segundo duque de
Sessa, D. Luis Fernández de Córdoba, en 1530.
En
Granada, Juan de Sessa, junto al joven duque, asistió, tal vez a través de
la rendija de la llave, a la cátedra del famoso gramático Pedro de Mota, y
con tal aprovechamiento, que así lo reconoció el propio duque: rara
avis in terra corbo simillima nigro.
Mientras
tanto, la universidad de Granada acababa de nacer en 1526, cinco meses después
de la llegada del emperador a la ciudad y, tras la bula papal [19],
empezó a graduar bachilleres el año de 1533.
El
4 de Febrero de 1546, ante el Arzobispo, el oidor de la Real Chancillería,
Conde de Tendilla, y otros muchos caballeros, recibió el ya conocido como
Juan Latino, junto a treinta y ocho condiscípulos, el grado de Bachiller. Tenía
entonces veintiocho años [20].
A partir de este momento, la rareza y esclavitud de este intelectual
cultivado, perspicaz y gracioso [21],
lo convirtió en uno de los personajes más conocidos de la vida pública
granadina, a quien gustaban frecuentar las personalidades más importantes.
Una
de las casas que frecuentaba para impartir sus doctas y variadas enseñanzas
gramaticales y musicales, era la del administrador del duque, el Licenciado
Carleval, cuya hija, famosa en toda la ciudad por su extraordinaria belleza y
prometida por su padre a D. Fernando de Valor, futuro Abén Humeya [22],
recibía clases.
De
la frecuencia de las visitas y el trato afable, se pasó pronto, con no pocas
resistencias, finamente recreadas en la comedia aludida de Ximénez de Enciso,
provenientes de prejuicios y rangos, a uno de los idilios más sorprendentes y
novelescos de nuestra historia literaria [23].
Sin
duda, la prohibición familiar habría bastado para hacer imposible la relación
y mucho más el casamiento, que, no obstante, tendría lugar entre 1547 ó
1548, de no haberse encontrado con algún hecho consumado.
Llegados a este punto, las conjeturas idealizadas o noveladas, hacen
furor, intentando explicar tan insólito acontecimiento. Marín Ocete[24]
apunta
ingenuamente a un posible embarazo prematrimonial, como causa o elemento que
allanó todos los impedimentos, aunque provocara en el padre la enemistad y
una enfermedad que lo llevó a la tumba. Ximénez de Enciso recrea algunos
momentos de la apasionada relación, como la escena famosa del bolsillo del
vestido, que ella mandó coser, para evitar las ardientes acometidas de amante
tan singular.
Aún
así, sin el apoyo del Duque, quien además le concedió la libertad, y de su
esposa María de Mendoza, madrina de Juana, su primera hija mulata, en el
bautizo del 30 de Junio de 1549[25],
hubiera sido impensable tan pintoresca unión.
Ha sido ponderada, no obstante, por algún sector de la crítica esta
relación, pues aun con los apoyos señalados, no es muy frecuente en otras
sociedades antiguas o modernas, la unión de un esclavo guineo con una bella
señorita de la alta sociedad[26].
El
4 de Abril de 1552, nació su segundo hijo, Bernardino; el 22 de Julio de
1556, Ana; y finalmente, el 5 de Marzo de 1559, Juan. Una magnífica prole
mulata que colmó de felicidad un domicilio familiar que estaba situado en la
calle de Santa Ana, entre la iglesia del mismo nombre y la placeta del puente
de Cabrera, dando al río Darro[27].
La
viabilidad económica de la familia fue posible al heredar su esposa, Ana
Carleval, parte de los bienes paternos y por la consecución de la Cátedra de
Gramática de la reciente Universidad de Granada.
En
1556, la cátedra de gramática había quedado vacante por la muerte del
eminente Pedro Mota, y por influencia del arzobispo Pedro Guerrero[28],
gran amigo y defensor de Juan Latino, le fue concedida el 8 de Agosto de 1556,
a pesar de una fuerte oposición[29]
y furibundos ataques racistas. Ese mismo año, el 31 de Noviembre, se le otorgó
la Licenciatura, por lo que asistió desde entonces y de pleno derecho a los
claustros universitarios.
Fueron
tan importantes sus clases de Gramática, que impartía a una variopinta
mezcla de alumnos moriscos, acólitos, familiares de dignidades eclesiásticas,
letrados..., que el arzobispo dice que sin
los gramáticos parecía una casa particular y con el concurso grande paresce
Universidad, por estar en ella el maestro Juan Latino [30].
A
él se debió la lección inaugural, hoy desaparecida, del curso universitario
de 1565, con asistencia de los principales señores de la ciudad y el Cabildo
Catedral, puesto que todos se
olgarían
de irle a oyr [31],
con gran demostración de respeto y admiración, hablar sobre la
vida y obra de los poetas más celebrados de la antigüedad.
Andaba
muy agitada la vida en Granada por la inestable situación de los moriscos,
que habían sido soliviantados, aún más, por la política coercitiva del
presidente de la Real Chancillería, D. Pedro de Deza, incondicional amigo de
Juan Latino.
Los
incidentes del Albaicín del 25 de Diciembre de 1568 acabaron por convencer a
Felipe II de la conveniencia de acabar definitivamente con el problema de los
moriscos, mandando a D. Juan de Austria a Granada con su disciplinada tropa de
mercenarios, el 13 de Abril de 1569[32].
Durante
la estancia de D. Juan en Granada, sugirió Deza a Juan Latino la idea de
escribir un gran poema que cantara las hazañas del primero en versos latinos.
Para recabar información de primera mano, aprovecharía la ocasión de alguna
de las muchas visitas que le hacía Juan Latino, junto a otro ilustre negro
dominico, Fray Cristóbal de Meneses [33].
Entre
la milicia venía un buen número de militares-poetas, prototipos
renacentistas, con los que tuvo la oportunidad de trabar amistad, contrastar
ideas literarias y hacer lecturas de poemas. Famosa fue la tertulia de la casa
de D. Alonso de Granada y Venegas, adonde Latino acudía junto a Luis Barahona
de Soto, Gregorio Silvestre, Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña,
Pedro Padilla, etc. Son conocidas algunas anécdotas relacionadas con el color
de su piel, como la protagonizada por el poeta portugués y organista de la
catedral, Gregorio Silvestre, quien, ante la queja de Latino de ignorarlo en
la conversación, le contestó: Perdone, señor maestro, que entendí que era sombra de uno de estos señores
[34].
En Granada estaban también, y tal vez los llegaría a conocer, Boscán,
Garcilaso y Juan Rufo Gutiérrez.
El
año de 1576, año de la publicación del libro de poemas De
translatione..., tras dos redacciones y aplazamientos, muere el arzobispo
Pedro Guerrero.
El de 1578, fue el de mayor número de acontecimientos tristes. Moría D. Juan de Austria, el príncipe D. Fernando, a cuyo nacimiento había cantado en su primer libro de poemas, y finalmente, el 3 de Diciembre, su protector más incondicional y valioso, D. Gonzalo Fernández de Córdoba, que era enterrado en Granada, por expreso deseo del rey Felipe II.
Juan Latino le dedicó una sentida y profunda elegía a su protector,
incluida en ediciones posteriores de De
Translatione..., en la que recordaba lo mucho que le debía por haber
sabido superar prejuicios, tratarlo como a un hermano y permitirle, en
definitiva, ser un hombre libre y culto. Tanto
pueden las letras -le comentaba Juan Latino al nuevo arzobispo, D. Juan Méndez
de Salvatierra, también de humilde cuna-, que
al faltarnos éstas, ni vos salieredes del campo tras de un arado, ni yo de
una caballeriza almohazando caballos [35].
La
hasta entonces inquebrantable salud de Juan Latino empezó a dar síntomas de
resquebrajamiento con la grave enfermedad sufrida durante 1586 y por la que
dejó de asistir a los claustros universitarios de casi todo el año. Hay
constancia de su asistencia, nuevamente, el 12 de Marzo
de 1587, aunque ya muy mermado de visión hasta la ceguera total, que
no le impidió proseguir su labor docente, mediante la ayuda o suplencia de su
alumno predilecto, Melchor Navarro.
Ya
ciego debió conocer a San Juan de la Cruz, quien por estas fechas andaba por
Granada ocupado en la fundación del convento e iglesia de los Mártires [36].
La
fecha, documentación y demás circunstancias de la muerte de una personalidad
tan reconocida e importante en su tiempo, en buena lógica, no deberían estar
rodeadas del misterio y controversia que la circundan hoy.
En
el epitafio de su tumba [37],
probablemente escrito por él mismo, se grabó el año 1573 como el de su
muerte. Dado que es imposible que muriera este año, puesto que hay constancia
documental de actuaciones posteriores, cabe pensar que se tratara de la fecha
en que mandó esculpir el epitafio, con motivo de la muerte de su esposa [38].
No obstante, esta fecha ha sido aceptada como correcta por varios autores como
Pellicer
38
Cotarelo[39]
y Cejador[40].
Nos
resulta imposible fijar con exactitud la fecha de su muerte, pues no aparece
su partida de defunción en los libros de enterramientos de la parroquia de
Santa Ana, cuyo primer libro empieza en Mayo de 1596 y termina en 1603.
Tampoco aparece en el correspondiente libro de la cercana entonces, y
desaparecida hoy, parroquia de San Gil, que comprende el período de 1583 a
1597. En el claustro universitario del 20 de Noviembre de 1599, su yerno, el
maestro Fuentes, alude a la muerte de su suegro Juan Latino.
Teniendo
en cuenta esta última fecha y la del último claustro al que acudió, 1594,
se puede concluir que Juan Latino murió entre 1594 y 1596, siendo enterrado
en la cripta del altar mayor de
la citada iglesia.
Esta
cripta, incomprensiblemente, se encuentra tapiada en la actualidad. Sus
diligentes artífices se tomaron la molestia de hacer una nueva lápida y
colocarla en el exterior con la inscripción siguiente:
D.
O. M.
IOHANNES
Latinus - Niger
Anno
DNI. MDXCVII
Franciscus
Bermúdez de Pedraza
Rerum
gestarum conscriptor
Anno
DNI. MDCLV
Joseph
Risueño / Sculptor
Egregius.
Anno DNI. MDCCXXXII
PAX
VOBIS
Hemos
de añadir finalmente y como colofón a tantas pérdidas documentales, que
tampoco se conserva ningún retrato suyo, a pesar de que debió existir, tal
vez encargado por Don Juan de Austria, y que varios autores recuerdan haber
visto[41].
II.- OBRA:
La
escasa producción poética conservada de Juan Latino se resume en tres volúmenes:
1.
Epigramas[42]
(“Ad catholicum pariter... Philippum”,
“Deque Sanctissimi Pii Quinti...” y “Austrias Carmen..”.), (1573);
2.
De
translatione corporum regalium
(1576);
3.
Ad
Excellentissimum et Invictissimum D. D. Gonzalum Ferdinandez a Corduba...,
(1585).
Por el testimonio de sus contemporáneos sabemos que escribió obras en verso y prosa castellanos. De todos ellos, sólo se conserva un epigrama latino dedicado “a la ciudad de Granada en alabanza de Sevilla” traducido por el propio autor y que no lleva fecha[43].
El primero de ellos es sin duda el más importante. Está tasado el 14 de Abril de 1573 y lleva la siguiente inscripción en la portada:
“AD
CATHOLICUM, PARITER ET INVICTISSIMUM PHILIPPUM DEI GRATIA HISPAniarum regem,
de foelicissima serenissima Ferdinandi Principis natiuitate, epi grammatum
liber.
DEQUE SANTISSIMI PII Quinti Romanae Eclesiae Pintificis sumi,
rebus et afectibus erga Philippum Regem Christianissimum, Liber unus.
AUSTRIAS CARMEN, DE EXCELLENTISSIMI DOMINI D. IOANNIS ab
Austria, Caroli Quintii filii, ac Philippi invictisimi fratis, re bene gesta,
in victoria mirabili eiusdem Philippi adversus perfidos Turcas porta. Ad
illustris simun pariter et Reverendissimum D. D. Petrum a
Deza Praesidem, ac pro Philippo militiae praefecta. Per Magistrum
Ioannem Latinum Garnatae studiose adolescentiae moderatorem. Libri duo.
CUM REGIAE MAIESTATIS PRIVILEGIO. GARNATAE. Ex officina
Hugonis de Mena. Anno 1573" [44].
Como se deduce de la portada, todas la composiciones se agrupan en tres
apartados:
à
Las
dedicadas al presunto heredero de la corona, Fernando, hijo de Felipe II y su
segunda mujer, Doña María de Portugal, nacido el año de 1571. Con motivo de
tan feliz acontecimiento, la ciudad de Granada se engalanó y lo festejó con
la mayor pompa y boato. Su poeta más considerado, Juan Latino, colaboró con
la decoración urbana, mediante sus epigramas en los que anuncia el
acontecimiento, ofrece al rey sus versos y exalta a su patria con un
entusiasmo moderado y correcto. Tiene algunos
pasajes dialogados entre un viajero curioso que pregunta por la razón de
tanto regocijo y las respuestas de Granada. El tono general es moralizador y
de una recia y agradecida conformidad, aire grave, denso y mesurado. Sólo
guarda con su precedente latino, Marcial, el metro utilizado y la adulación
al César, aquel, y a la realeza española, éste.
à
Las
dedicadas al papa Pío V, expresan no sólo la subordinación debida de todo
católico, sino su creencia en su condición de jefe de la cristiandad y de
todo poder humano[45].
En todos ellos vibran la fe cristiana y la tierna devoción a la Virgen.
à
Conforma
la tercera parte, la composición más extensa, incluida en este volumen: Austriadis
Carmen.
Esta última fue la primera obra poética, con fecha comprobada, que se refiere a la batalla de Lepanto (habida el 7 de Octubre de 1571). La compuso en menos de un año, pues el privilegio de impresión está fechado en Octubre de 1572. Dados la dimensión del poema, acopio de datos, originalidad y calidad, supuso un enorme esfuerzo para su autor.
Es
posible que conociera la Canción
en alabanza de la Divina Magestad por la victoria del Señor Don Juan de
Fernando de Herrera, más conocida como Canción
a la Batalla de Lepanto, puesto que se suele fechar en torno a 1571. Pero
no hay ningún elemento concomitante entre ambas. Es cierto que a ambos
autores los inspira el espíritu patriótico y religioso de la España
tridentina, pero eran sentimientos
generales de los españoles de su siglo.
El
poema de Herrera está compuesto en estancias de diez versos endecasílabos, más
un heptasílabo y sus comparaciones épicas están inspiradas en la Biblia (Himno
al paso del mar Rojo de Moisés,
primer libro de los Reyes, las profecías de Isaías y Jeremías, libro de los
Jueces y Salmos).
El poema de Juan Latino se compone de dos partes, de 763 y 1074 hexámetros latinos, respectivamente, y compara los discursos de Don Juan con los de César, Aníbal y Escipión (Parte I, versos 241-250); las referencias se hacen a personajes y lugares mitológicos, a las Parcas, Sirtes, Escila, Caribdis... (Parte II, versos 80-87); también a las Musas, Monte Helicón, Apolo y Marte (II, 217-223); la descripción de la decapitación de Alí Bajá, aludiendo a la que hace Virgilio de Niso y Euríalo (II, 431-441); al mismo Don Juan se compara con Héctor y Aquiles (I, 37-39).
Rasgos
claros, en fin, de su filiación humanista, de su profundo conocimiento de los
clásicos, especialmente Virgilio.
Igualmente no tiene nada que ver con la homónima de Juan Rufo, no sólo porque se publicó en 1584, sino porque, como es conocido, es de un asunto más amplio y diferente.
Como se deduce de lo dicho, la Austriadis
carmen no es sólo el poema narrativo de unos hechos tan gloriosos como inútiles,
a la luz de las consecuencias y resultados posteriores, sino de la exaltación
del héroe vencedor y personaje central, Don Juan de Austria.
Componen el libro tres partes:
1.
Exordio
(I, 1-29): contiene un cúmulo de alabanzas al destinatario inmediato del
poema, Don Pedro de Deza, Presidente de la Real Chancillería y Prefecto
militar del rey).
2.
Propositio
(I, 30-63):
con el ruego a Deza de que preste atención a la narración de unos hechos que
el tiempo nunca podrá borrar. Para todo ello se encomienda a Cristo y a la
Virgen).
3.
Narratio
(I,
64-final): preludio del combate y la incertidumbre de su resultado; descripción
de hombres y naves; discursos de los generales: Juan de Austria exhorta
mediante la fe en Cristo y el fervor patriótico y Alí Bajá apela a la
amenaza; presencia divina en el combate por el acto de confesión
multitudinario; palabras de ánimo de Luis de Requeséns a Don Juan y desánimo
de Alí Bajá con expresión de su temor al gran turco Selino; desarrollo de
la batalla, interrumpida con numerosas digresiones en torno a las discusiones
de los turcos sobre el reparto del botín; muerte de Alí Bajá y desesperación
de sus hijos; enumeración y reparto del botín entre los cristianos.
Mientras, el papa Pío V, que por inspiración divina había tenido la visión
de la batalla, organiza una clamorosa acogida. Termina el poema con los
festejos de la ciudad de Granada por la victoria y por el nacimiento del príncipe
Fernando).
El poema tiene abundantes divagaciones y reflexiones religiosas,
desmesuradamente ortodoxas, reflexiones filosóficas que elogian continuamente
a Roma como cabeza de la iglesia y esencia de Europa, multitud de recursos retóricos,
enumeraciones caóticas, reiteraciones léxicas, irregularidades sintácticas,
elementos todos al servicio de la retórica que lo domina todo. Variedad y
artificiosidad, muy del gusto del Renacimiento. Por lo demás, la narración
está muy cuidada y pormenorizada. Los nombres de los capitanes de uno y otro
bando, las insignias, referencias geográficas, cómputo de contendientes...
son fidedignas. La figura del héroe, por contra, como es propio de un poema
épico, está poetizada e históricamente alterada.
El
segundo volumen de Juan Latino, De
translatione corporum regalium, lleva en la portada la inscripción
siguiente:
Ad catholicum et
invictissimum Philippum Dei Gratia Hispaniarum Regem de Augusta, memorabili
simul et catholica regalium corporum ex variis tumulis in unum regale templum
traslatione, per Illustrissimum Ferdinandum Enriquez de Ribera Tartesiae ducem,
seu vulga de Alcala,
ab oedem Pilippo regiis actis gerendis praefectum regio more celebrata...[46].
El
privilegio real se concedió por diez años, en Madrid a 29 de Septiembre de
1574, y en nombre del rey firma Antonio de Erasso. La tasación y permiso de
venta, firmada por el secretario del Consejo Real, Gonzalo Pumarejo, está
fechada en Madrid a 18 de Septiembre de 1576, y es de real y medio.
Se trata de un minucioso y detallado relato del traslado al panteón del Real Monasterio del Escorial de los cuerpos reales depositados en Granada, por mandato de Felipe II: el de su madre la emperatriz Isabel, su primera mujer María de Portugal y sus dos hermanos Fernando y Juan. Junto al relato se publica el conjunto de epigramas que decoraron los túmulos.
Con
la minuciosidad acostumbrada en el rey, organizó una solemne comitiva que
partió de Granada hacia el Escorial, con dos paradas en Mérida y Yuste,
donde recogieron los cuerpos de doña Leonor, hija de Carlos V y hermana del
rey, y del emperador, respectivamente. Previamente, esta comitiva había traído
a Granada el cuerpo de doña Juana “la loca”, que fue depositado junto al de sus padres, en el panteón
de la Capilla Real.
En
esta narración se han desterrado todos los tópicos y frases hechas en aras
de la concisión y exactitud. Ni un concepto de más ni de menos, para dar el
tono exacto y sereno de la idea de la muerte y expresar los sentimientos que a
todos agitaban en aquel momento.
Al
final de este volumen, como ya dijimos, se inserta la breve autobiografía
aludida y que comenzaba así: Haec
Ioannes Latinus Aethiops, Christicola...
La tercera de las publicaciones, Ad Excellentissimum et Invictissimum D. D. Gonzalum Ferdinandez a Corduba..., es una elegía a su amigo y protector.
Consta de seis hojas en cuarto, en la primera de las cuales y que sirve de portada, dice:
“En
Granada veinte y seis días del mes de enero de mil e quinientos y ochenta y
cinco años ante el muy ilustre señor licenciado Antonio Barba Provisor deste
Arzobispado se presentó la petición siguiente: Muy Ilustre señor: el
maestro Juan Latino digo que yo imprimi un libro intitulado la traslacion de
los cuerpos reales y batalla naval, faltole un pliego que contiene la mesma
materia y epitaphio de el gran Capitán e intitulado del Duque de Sesa mi señor
que está en gloria y porqué no se pudo entonces imprimir por razon de estar
vivo el dicho Duque... Magister Latinus”.
Igualmente figura en este folio la fecha de la licencia firmada por el
señor licenciado Antonio Barba, Provisor y Vicario general del Arzobispado,
en Granada a 31 de Enero de 1585.
La
dedicatoria completa es la que sigue:
“Ad
Excellentissimum et Invictissimum D. D. Gonzaluum Ferdinandez a Corduba,
Suessae Ducem, Catholicae Maiestatis PHILIPPI, á consiliis et status Regni,
De Traslatione Regalium corporum per eumdem Catholicum Philippum, relatio per
brevis exametris versibus, per Magistrum Ioannem Latinum famulum”.
Narra las nobles hazañas de su noble señor y amigo Gonzalo, su
aprendizaje, sus victorias en Italia y su vuelta a España. La ascendencia del
Duque también es objeto de su pluma, especialmente la de Luis Fernández de Córdoba,
cuyo recuerdo iba unido a su infancia en el castillo de Baena. En las primeras
semanas de 1579, tras la solemne recepción que Granada dispensó al cadáver,
era enterrado en el sepulcro que hizo Diego de Siloé por mandato de la viuda
del Gran Capitán, duquesa de Terranova, en la iglesia de San Jerónimo.
Es
una elegía personal e íntima, como los sentimientos cálidos y profundos que
la inspiran.
Los libros de Juan Latino están escritos en un dificilísimo latín
humanístico, que los hace inaccesibles a la mayoría de los lectores.
Fue,
en fin, un digno representante del Renacimiento literario en latín a partir
del S. XVI, sobre todo con la Austriadis
Carmen, su obra de mayor valor literario e interés histórico, que supuso
un avance considerable con respecto a obras anteriores. Según Menéndez
Pelayo [47],
el tributo más singular que la lengua
de los doctos pagó al vencedor de Lepanto.
III.- ANTOLOGÍA:
Nº 1: Epigrama al
papa Pío V:
Eclesae ductor natus
tibi, sancte per orbem
Atque tuis victor nunc pater auspiciis:
Fernandusque nepos Fernandi, et Marte Philiphi
Eriget Hispanos Catholicosque Suos:
Pontificesque tuos Romana in sede locatus
Orari cernes gentibus ipse piis
Clavigero coeli vivet tibi sacra potestas,
Servatura fidem principes arma diu.
Ut christus patrem coeli, terraeque patentem
Oravit, Petri staret ubique fides:
Catholici reges sic vivent: tempore in omni
Parebunt sciris regia cuncta tuis.
Nº 2: A la ciudad
de Granada en alabanza de Sevilla:
Hispalis antiqua urbs penitus celeberrima Boetis
Cónventus magnus, qui beat Hesperiam.
Accipit exilla leges, et iuxta
sacrata
Tingitana vetus, gratificata simul.
Urbibus excellis, opibus; tunc fida relucet
Nobilitate vigens, fertilitate flaens.
Illius imperio subdis Granata superba
Ex iugo Mauri vi liberata sua.
(Es Sevilla ciudad la más famosa,
La antigua Audiencia de la Andalucía,
De quien Tingitana cuidadosa
Leyes sacras y rectas recibía.
Es en nobleza y lealtad dichosa,
En riqueza y grandeza magna y fría;
A cuyo esfuerzo debes tú, Granada,
El ser de la morisma rescatada).
Nº 3: Arenga de
Don Juan (Austriada: I, vv. 456-466):
Audere est opus in Turcas, fert caetera Christus:
(Diximus
et repetens iterum per cuncta monebo:)
Spiritus
arma habit Sanctus, mortalia uincet,
principium
pugnae cum Christo in proelia curro,
per
Christum nostris ueniet uictoria laeta.
Quare
agite, et primi Martem committite mecum,
uincimus,
En Christus pro nobis astat in armis.
Catholicus
Christi repetebat nomen amicis
Austriades,
nostros uictores saepe uocabat,
magnanimus
Turcas perituros nomine tanto
dictabat
prudens ductor, uentura canendo.
(“Hay que ser valientes contra los turcos, Cristo hace lo odemás (lo
he dicho ya y repitiéndolo de nuevo lo advertiré de una vez por todas) el
Espíritu Santo proporcionará los recursos, superará las mortales empresas,
yo, principio de la lucha, voy corriendo con Cristo al combate, por Cristo
vendrá la feliz victoria a los nuestros; por esto, ea, entablad batalla los
primeros conmigo; vamos a vencer, he aquí que Cristo está en armas a nuestro
favor”).
Nº 4:
Arrodillado, Don Juan dirige la siguiente oración a Cristo (Austriada: I, vv.
632-640):
Da
pater infandas Turcarum perdere naues,
uincamus
Turcas uirtute, atque omine uero,
nomine
nanque tuo pugnat Hispania sancto:
cui
genua et flectunt Orcus, Barathrumque profundum,
terrarumque
globus, parent cui sydera caeli.
Hoc
uincat miles, quem crux tua uera per altum
deduxit
fretum fuso tibi sanguine, Parthos
fundat
nostra manus, Turcas Hispania uictrix
arma,
uiros, rapiatque duces, referatque triumphum.
(Padre, concédenos destruir las nefastas naves de los turcos,
que los venzamos con nuestro valor y con presagio cierto, pues España lucha
en tu santo nombre, ante el que se inclinan el Orco, el infierno profundo y el
orbe de la tierra, a quien obedecen las estrellas del cielo. Con él venza el
soldado que, confiando en ti por tu sangre derramada, fue conducido en el
ancho mar por tu cruz verdadera; que nuestra armada destruya a los partos, que
España vencedora arrebate a los turcos armas, soldados, generales y celebre
el triunfo.
Nº 5: Muerte del general turco Alí Bajá (Austriada: II, vv. 431-443:
Iam Bassam truncus summas uolitare per undas,
atque
caput magnum praefixum cuspide acuta,
praelongo
in pilo, magno clamore uidentum,
terribilis
oculos, nequeas aduersa tueri
ora
uiri tristi, nigroque fluentia tabo:
semiferi
facies terret, pr¹olixaque
barba,
turgentis
uultus (ut uiuens, fronte minari
uisus,
nam Turcis ostendit cautius ipsis
duc
quidam, uictor uoluit uectare trophaeum
ductricem
nauem, pelago quo terreat hostes:
de
more ut faciunt uictores classis ouantes.
Qui
gladio pugnans fatis concessit honestis,
nec
potuit patriam, Turcamque uidere superbum.
(Ya
el tronco de Alí Bajá flotaba sobre las aguas y su enorme cabeza estaba
clavada en la aguda punta de una larga pica con gran alegría de todos los que
la contemplaban; era imposible ver los feroces ojos y el rostro enemigo del
guerrero manando repugnante y negra sangre corrompida: espanta su semblante
monstruoso y abundante barba; parecía amenazar con la frente de su cara,
hinchada como en vida; pues él, general, se mostró a los mismos trucos en
especial prudente; quiso transportar victorioso como trofeo la nave capitana
para aterrar al enemigo en el mar; como suelen hacer los vencedores de una
escuadra cuando reciben los honores del triunfo. Combatiendo con su espada,
cedió a un hermoso destino y no pudo ver a su patria ni al Soberbio Turco).
Nº 6: El Espíritu
Santo anuncia al Papa la victoria de Lepanto (Austriada: II, vv. 770-775):
Sancte, quod optaras, uidit longaeua senectus:
ecce
tibi ad uotum uenit uictoria laeta:
Austriades
uicit, stant tutae in littore puppes,
uoluitur
in fluctu Bassan sine nomine corpus,
rectores,
capta est classis, geminique nepotes,
machina,
tot colubri, catiua et signa Tyranni.
Auditis
princeps Ecclesae his uocibus almus
direxit
mentem, quo semper cuncta solebat..
(Santo Padre, tu avanzada edad ha visto cumplidos tus deseos: he aquí
que, según tu ruego, ha llegado la alegre victoria, el Austriada ha vencido,
ancladas están las naves en segura playa, el cuerpo de Alí Bajá sin nombre
da vueltas sobre las aguas, los capitanes, la armada, los dos hijos de Alí,
las armas, gran cantidad de cañones, los estandartes del Tirano, todo ha sido
capturado).
Nº 7: La noticia
llega a Granada (Austriada: II, vv. 1030-1036):
Res
gestas Garnata ducis per compita narrat,
perque
domos ciuis gaudens, et templa sacerdos,
uictorem
laudant pueri, castaeque puellae,
gaudentes
cernas totaque ex urbe canentes
uersibus
armatas acies, classesque uiriles,
proelia
uicta uiri totum uulganda per orbem
Austriadae
ductu...........................
(Granada difunde por sus calles las hazañas del general, con gozo los ciudadanos las refieren en sus casas y los sacerdotes en los templos; los jóvenes y las castas doncellas alaban al vencedor y se les veía cantar alegres por toda la ciudad la formación de las tropas, los navíos cargados de valientes guerreros, los victoriosos combates bajo el mando del Austriada, dignos de divulgarse por todo el mundo).
IV.-
BIBLIGRAFÍA:
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Nicolás: Biblioteca hispana nova. Madrid: Apud Joachimum de Ibarra
Typographum Regum. 1788.
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·
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un nom. París, Pelegaud, 1860.
---------------
[1]
Historia
de la villa de Baena.
Edit. Excma. Diputación de Córdoba. Córdoba, 1982. (Pág. 378). Libro muy
conocido en Baena y provincia de Córdoba y que, dada su amplia difusión,
ha añadido confusión al ya escaso conocimiento de la persona de Juan
Latino.
[2]
Por esta razón, podía haber mezclado también al portugués Jerónimo
Cortereal (¿-1593), que escribió otra Austriada, centrada en la batalla de
Lepanto.
[3]
Los escasos datos biográficos han sido recopilados por: RAMÍREZ DE
ARELLANO, Rafael: Juan Rufo, jurado de Córdoba. Estudio biográfico y crítico.
Madrid, 1912. Agustín GONZÁLEZ DE AMEZÚA, en el prólogo de su edición
de Las seiscientas apotegmas.
SBE, Madrid, 1923.
[4]
Fue publicada en Madrid en 1584 y de ella se conocieron dos ediciones más,
Toledo 1585 y Alcalá 1586. La edición moderna es de Cayetano ROSELL: Poemas
épicos. Biblioteca de Autores Españoles. T. II, Madrid, 1948.
[6]
Granada, 1573. Taller de Hugo Mena. En 1981 se hizo una edición traducida,
introducida y anotada por José A. Sánchez Marín. Editada por el Instituto
de Historia del Derecho. Universidad de Granada, 1981.
[7]
Desde el 5 de Marzo de 1934 y por propuesta de D. Arcadio Rodríguez
Camacho, Baena inmortalizó su nombre, como uno de sus hijos ilustres, dedicándole
la antigua calle de los Frailes. (Vid. Artículo de D. Antonio Cubillo Pérez
en el periódico local “Cancionero de Baena” de Mayo de 1999.
(pág. 20).