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Baena Monumental

CONVENTO DE DOMINICAS

DE LA MADRE DE DIOS

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     Entre el castillo y la parroquia de Santamaría la Mayor, en el centro de la Almedina, fue fundado el año de 1510 por el tercer Conde de Cabra y quinto Señor de Baena, D. Diego Fernández de Córdova, el Convento aristocrático de  Dominicas de la Madre de Dios, obteniendo las Bulas del Pontífice Julio II, para esta fundación, Fray Domingo de Melgarejo, segundo General de la Orden en la provincia de Andalucía. Inauguróse la santa casa el día 7 de noviembre de 1511, viniendo seis religiosas del Convento de los Ángeles de Jaén, y entre ellas la señora Dª Juana de la Cerda, hija del fundador, quien fue la primera Priora.. El mismo día ingresó también en el convento una hermana suya, llamada Dª Brianda, niña de tan corta edad que no pudo tomar el hábito hasta el año de 1513, en que lo vistió con otra hija del Conde, nombrada Dª Ana. Tres años después, siguió el ejemplo de sus hermanas la cuarta hija del fundador, Dª María, aportando muy pingüe dote, compuesta de todos los bienes que le correspondieron por herencia de sus padres. La Dª Brianda fue luego la segunda Priora del convento; y con tan buenos auspicios comenzó la casa, que extendiéndose su fama muy pronto por toda Andalucía, acudieron a ella virtuosas jóvenes de las más principales familias, así como varias nietas del fundador, con ricas dotes, que unidas a las concesiones y privilegios obtenidos de los Papas y de la familia de los Fernández de Córdoba, formaron pronto un sólido y extenso caudal, base del bienestar y desarrollo que gozó por muchos años la virtuosa y distinguida comunidad. De dos religiosas hacen mención las memorias del convento como modelos de virtud y santidad: Sor Francisca Cortés Y Sor Catalina de Jesús, quienes tomaron el hábito en 1582 y 1585 respectivamente.

     Fue levantado el edificio sobre las ruinas de otras antiguas construcciones, acaso dependencias del castillo, que sirvieron quizás de alojamiento de tropas en tiempos de los musulmanes, pues las monjas dan el nombre de caballeriza de los moros a un salón bajo que está destinado a dormitorio de verano, y cuyo nombre viene por tradición conservándose entre ellas desde muy antiguo. Es la casa espaciosa, sana y ventilada, pero su construcción, en general, tiene poca solidez, y como las reparaciones que exige su conservación son muchas y costosas, las buenas madres ven que de día en día se desmoronan sus paredes y se hunden sus techos, sin poder remediarlo, reducidas a la estrechez en que viven, y que hoy es común a todas las casas de religiosas. Muy raro objeto de arte ni de valor conservan, pues todos los que tuvo el convento fueron cambiando de manos para remediar imperiosas necesidades, cosa que no siempre lograron por las dificultades que para mujeres tan apartadas del mundo ofrece la venta de tales objetos en su verdadero precio. Ni cuadros, ni alhajas, ni ricos tapices y muebles quedan ya en Madre de Dios; alguna colección de azulejos, no falta en absoluto de mérito conserva solamente como recuerdo de sus pasadas grandezas, y algunas reliquias de inapreciable valor moral, aunque de muy poco pecuniario en los materialistas tiempos que alcanzamos. El coro tiene un artesonado plano de casetones, obra del siglo XVI, una sillería muy apreciable también y algunas pinturas en tabla de bastante mérito, en un pequeño y primoroso retablo.

     Contigua al solar del convento había, desde tiempos anteriores a la fundación de éste, una ermita dedicada a Santa Ana, que la comunidad adquirió más tarde, incorporándola al coro, en pieza separada, que hoy forma un salón amplio y no mal conservado.

     No se encuentran en todo el edificio objetos ni inscripciones que recuerden lo que fue anteriormente, pues si algo quedaba allí de los tiempos de la dominación musulmana, sería destruido sin contemplación alguna por el horror que inspiraba a nuestros antepasados todo lo que a morisco oliera: sólo hemos hallado de épocas antiguas la columna pedestal romana de que ya hemos hablado en el capítulo II, y un capitel suelto de estilo latino-bizantino que estaba en el patio sirviendo de punto de apoyo a una pila. Es curioso ejemplar, que representamos en el grabado núm. 30, y que vendría al convento, como el pedestal, de las ruinas de Iscar probablemente.

     La plazuela que entre el lado E. de aquel edificio y el castillo existe, era en otro tiempo, como ya hemos dicho, un mercado público, llamado de Arriba, y las vendedoras establecían sus puestos tan arrimados a las entradas de la iglesia que perjudicaban el recogimiento de los fieles en los Divinos Oficios, por lo que las monjas acudieron al Cabildo solicitando un pedazo de terreno de la dicha plazuela, para cercarlo, como atrio del templo, en la forma en que hoy le vemos, concesión que el Cabildo les otorgó en 23 de octubre de 1687.

     Los Señores de Baena, muchas de cuyas hijas y parientas tomaron el hábito en este convento, obtuvieron una gracia especial para establecer comunicación entre aquél y su castillo, donde ordinariamente moraban; y al efecto, se abrió por encima del grueso muro que por el lado N. cerca la Almedina, un largo y estrecho pasillo cubierto en toda su extensión, que al llegar frente al convento, se comunicaba con él por un pasadizo que corta la calle, a buena altura, y que todavía existe con otro paralelo.

 

Arco de la Villa 

 

Lo que queda del pasillo cubierto entre convento y castillo

 

     La iglesia del convento es de una sola nave y tiene dos puertas al atrio referido, una de las cuales pertenece a la primitiva fábrica, obra del tiempo de los Reyes Católicos, y es la más inmediata al coro. De muy bellas proporciones, se forma bajo el dintel cuadriculado por un festón ondulante apogeado que interrumpe la rigidez del dintel: va flanqueada por dos haces de junquillos entrecortados por anillos, descansando sobre aquellos un cornisón con pomas y flores alternativamente: encima del primer cuerpo se alza otro con tres lóbulos inscritos en un rectángulo: la parte correspondiente al lóbulo central, que es el mayor, está verticalmente repartido en tres zonas, de las cuales la central, bajo el escudo dominico, ostenta el simbólico jarrón de azucenas: en las laterales, interiormente lobuladas, sobre repisas que asientan en el cornisón referido, destacan las efigies de la Virgen y el Arcángel Gabriel en el misterio de la Anunciación, y bajo los lóbulos laterales de esta especie de frontón, descuellan los blasones de la Casa de Cordova en sendos escudetes de relieve, mientras en las enjutas aparecen dos canes afrontados sentados y con las fauces abiertas, surgiendo de ellas dos antorchas, emblema de los sueños de la madre de Santo Domingo. Cierra este cuerpo superior otro cornisón moldurado sobre el cual se extiende graciosa crestería contenida entre los dos pináculos con que terminan los haces de junquillos que flanquean la portada y que suben hasta esta altura a través de los cornisones antes referidos. Como prueba de la influencia que en estos días del siglo XVI, en que fue erigido el convento, ejerció la tradición mudéjar en el arte de la carpintería, el techo que cubre el cuerpo del edificio que avanza sobre la portada es de bella tracería y digno de mayor estimación de la que generalmente obtiene; por desventura, toda esta portada está dolorosamente encalada, y el dintel se notan desperfectos.

     La otra puerta es de líneas clásicas, parece abierta ya en el siglo XVII y es su mérito muy inferior al de la primera.

     La iglesia, muestra en algunas de las bóvedas la influencia del estilo ojival: aunque dolorosamente pintados, conserva varios retablos platerescos cubiertos de buenos relieves: la verja, que corresponde ya al siglo XVII, conserva la buena tradición plateresca, aunque desvirtuada, y consta de dos cuerpos de recios balaustres y friso moldurado y dorado: el segundo cuerpo, que es de poca altura, tiene a los lados dos círculos vulgares; pero la crestería que le adorna parece obra del siglo XVI, y se forma por dos candelabros a cada lado y contra postas doradas, cuyas volutas rematan en bellos femeninos mascarones, levantando sobre los ramos en que se unen a cada lado las contracostas del escudo de la Casa de Córdova, timbrado con su correspondiente corona. En la parte central de esta crestería se hace un atrio, calado, de frontón partido y labradas pilastras; en su centro destaca, de mayor tamaño que los anteriores, pintado y dorado, el escudo de la misma Casa fundadora, y de entremedidas de los dos trozos del frontón, se alza una copa y un candelero salomónico, sobre el cual abre sus brazos una cruz latina, obligando todo a pensar que esta parte superior de la verja o correspondió a otra anterior, o es obra de artista diferente del que elaboró los cuerpos inferiores que son de trabajo mucho menos esmerado y artístico. Da paso esta reja a cierta manera de crucero cuyos grandes arcos, tendiendo ya al medio punto, van recorridos por talladas flores cuadrifolias y estriban sobre pilares de haces de junquillos con capitel corrido de cardinas: los muros laterales de este crucero llevan un alto zócalo de azulejos de cuenca, vulgares en su especie: sobre los muros gira la linterna, que es posterior, de anillo formado por saliente moldurón, y en las enjutas surgen en alto relieve los cuatro evangelistas, al paso que sobre los pilares de arco toral, correspondiente al alter mayor, destacan, encalados y dentro de una corona láurea, los escudos de la Casa de Córdova en relieve. Colocado a mayor altura que la del crucero el presbiterio, dan acceso a él dos escalerillas laterales de mármol de Cabra.

     Es la capilla mayor de singular riqueza: formada su bóveda de doce cascos recogidos al centro por la entallada figura del Padre Eterno, en ellos aparecen, también de talla, en la parte inferior el apostolado, y encima, de menor tamaño, otros tantos ángeles en figuradas hornacinas conchiformes con los atributos de la Pasión. El retablo, obra de época posterior, es de alabastro, de frontón curvo, flanqueado de columnas con basas y capiteles de dorado bronce: un templete de líneas clásicas y frontón triangular, adornando con figurillas de bronce y columnas de alabastro, figura como sagrario en el centro del altar, siendo obra italiana del siglo XVI, regalada al convento por el Duque D. Antonio, que está enterrado en esta iglesia. Un cuadro al centro representa la Anunciación con un coro de angelitos en la parte alta, y al pie, dos religiosos de rodillas en oración.

     En el lado del Evangelio hay dos cuadros de buen tamaño, representando el de la parte superior a San José con el Niño Jesús de la mano, y el inferior la Adoración de los Reyes. Alrededor de estos van repartidos diez cuadritos pequeños con pasajes de la vida de la Virgen, y más a la derecha, otros, de mayores dimensiones, en que también aparece Nuestra Señora con el Niño Jesús, en posiciones diferentes; y por último, un cuadro grande encierra quince pequeñitos con pasajes de la vida de un santo cenobita, correspondiéndose con otro idéntico que se encuentra en la pared frontera. Al lado de la Epístola figuran tres cuadros que representan la Adoración de los Pastores, Santa Ana con la Virgen Niña y Santo Domingo: alrededor diez cuadritos con pasajes de la vida de la Virgen; más a la izquierda otros tres cuadros con análogos asuntos, entre los cuales descuella uno en que Nuestra Señora aparece depositando al Niño Jesús en la cuna, pintura en que la cabeza de la Virgen resulta muy graciosa y de muy buen colorido; y por último, otro cuadro que representa a San Andrés. Todas las pinturas dichas son muy dignas de aprecio, aunque desconocemos sus autores, pudiendo afirmar que los dos cuadros de la Adoración de los Reyes y de los Pastores son de la Escuela Holandesa.

     Otro cuadro de mayores proporciones, si bien inferior en mérito, se encuentra en el altar colocado entre las dos puertas de entrada, y representa un milagro de la Virgen, quien apiadada de los ruegos y lágrimas de un fraile dominico, que quería ver y conocer tal como fue en vida a su santo fundador, alcanzó de la Divina Señora la gracia que pedía, y apareciéndosele ésta, cuando estaba  en oración, acompañado de Santa María Magdalena y Santa Catalina, desarrolla esta santa un lienzo en el cual aparece retratado, al vivo, Santo Domingo, cuya figura muestra la Virgen extendiendo el brazo: el colorido y composición son muy aceptables, ignorando asimismo quién fuera el autor. Dos altares más hay en la iglesia al costado del Evangelio, con frontales de mármol de Cabra, que se colocaron en 1819, costando ambos 976 reales, y el mismo año se compró también una escultura del Beato Francisco de Posadas, que está en uno de ellos, en precio de 800 reales: en el otro altar existe una imagen de Santo Domingo, siendo ambas medianas en mérito artístico.

     Las inscripciones sepulcrales que hemos visto y copiado en todo el edificio son las siguientes:

Dentro del coro, al pie del comulgatorio

  AQVI HIAZE LA ILVSTRE

SEÑORA DOÑA JVANA DE LA

CERDA HIJA DEL 3º CONDE

  DE CABRA EXEMPLO DE RELI

GION I BONDAN PRIMERA

 PRIORA Y FVNDADORA DE ESTE

 CONVENTO FALLECIO EN 13 DE

 OCTVBRE DE 1546

 

En el mismo coro, y en el lado opuesto, hay esta otra lápida:

 

AQVI HIACEN LAS ESCMAS SEÑORAS

DVQVESAS DE BAENA DOÑA FRANCISCA

FERNÁNDEZ  DE CORDOVA, LA MARQVESA

DE ARDALES SOR ANA DE JESVS MARIA,

I DOÑA ANA DE TOLEDO SV HIJA, I SOR

ANA DE LA CRVZ, HIJA DE LOS MARQVESES

DE PRIEGO, I SOR MARIA DE SANTO

DOMINGO, I SOR CATALINA DE JESVUCRISTO.

AÑO DE 1634

  

En la iglesia, debajo de la reja derecha del coro, en el suelo:

 

S. DEL DOTOZ A

LONSO FEZN

ANDEC MAZI

HICA FAMILI

AZ DEL SANTO

OFICIO I SVS

EZEDEZOS

     Entre las dos gradas que dan acceso al presbiterio, se ven tres hermosas lápidas verticales, de mármol negro. La del centro dice de este modo, deshechas las abreviaturas, que son muy numerosas y que no puede reproducir la imprenta:

D.      O.   M.

 

ANTON. CARD.ª ET CORD.ª FERD ALMIRAN.

NEAPOL. ET BEATRICIS DE COR. GONSALVI. M. DV-

CIS NEPTIS ET HAEREDIS FIL. SVES. VAEN. SV-

MME DVX AEGABRI PALAMENT. OLIVETI. COMES

HIC. SIT. EST. TITVLOS NE NVMERA. VETERES LE-

CTOR HABET SVOS. ANN. XIV LEGATIONE AD PONTI-

SIX. V, VRB. VII, GREG. 14. IN IX. CLEM. VIII. FVNCT. PRIMARIA INSIGNEM

CHRISTIANAE REIP. ET DVOB. REGIB. PHIL. II, AC III. NAVAVIT

OPERAM. EVOCAT. INDE AD REGNORVM CONSILIA MARGARITAE REG.

SVM. DAT. ET MAGISTER DOM. QB. IN MVNERIB. DECESSIT E

VIVIS  VALISOL. VIII ID IAN. AN. FVNDATAE SALVTIS M. DC. VI AETA-

TIS SVAE LV. VIR INTEGRITATE REI G. PRVDENT. SINGVLARI ARTIVM PACIS

AC BELLI SCIENS. HIC  HC CONDITVM GLORI INMORTALITATIS FRVETVR

 

 

A Dios Óptimo, Máximo.

 

Aquí yace Antonio Fernández de Córdova y Cardona, Almirante

de Nápoles, Duque de Sessa, de Baena y Soma; Conde de Cabra,

de Palamós  y Olivito; hijo de Beatriz de Córdova, nieta y heredera

del Gran Capitán Gonzalo. Sin contar los antiguos, aquí tienes, 

lector, títulos suyos: desempeñó durante catorce años principal

legación cerca de los Pontífices Sixto V, Urbano VII, Gregorio XIV,

 Inocencio IX y Clemente VIII. Prestó grandes servicios a la cris-

tiandad y a los dos Reyes Felipe II y Felipe III. Llamado desde

 allí  a los Consejos destos Reinos, fue Limonero Mayor y Mayor-

domo de la Reina Margarita, en cuyos cargos falleció en Valladolid

 a 6 de Enero de 1606, a la edad de cincuenta y cinco años.

Fue varón de justa integridad y de singular prudencia, conocedor de las

artes de la paz y de la guerra. Sepultado aquí, gozará de la gloria

de la inmortalidad.

     La lápida del lado del Evangelio tiene esta inscripción, y corresponde, según ella expresa, a la esposa del Duque nombrado en la anterior, el cadáver del cual fue trasladado desde Valladolid a Baena algunos años después de su muerte, como ya hemos dicho en otro lugar de este libro:

D.    O.    M.

 

IOANNA CORDVBA ET ARAGONIA

SVESSAE AC VAENAE DVCISSA

ANTONII CONIVX

DIDACI A CORDVBA MARCHIONIS COMARENSIS

ET IONNAE ARAGONIAE DVCISSAE SEGORBIAE ET CARDONAE

FILIA ;

MORTALITATIS MEMOR

TVMVLVM   PROPE  VIRVM  SIBI  PSVIT  VIVENS

PRAETERITAE MONVMENTVM SOCIETATIS

QVAE SYMBOLVM

QVAE SPERATVR

ANNO POST CRHISTVM NATVM M. DC. XV.

 

A Dios Optimo, Máximo

 

Juana de Córdova y Aragón, Duquesa de Sessa y de Baena,

esposa de Antonio Diego de Córdova, Marqués de Comares, e hija

de Juana de Aragón, Duquesa de Sgorbe y de Cardona, acordán-

dose de la muerte, dispuso, en vida, junto al de su esposo, un

sepulcro que fuera monumento de su ya pasada sociedad conyugal

y a la vez símbolo de la eterna que espera. Año del nacimiento de

Jesucristo de 1615.

     La tercera lápida que se encuentra al lado de la Epístola dice de este modo:

 

P.AE  C.AE V.º

 

ACCEDE VIATOR ATTENTE.

QVOOD ES FVIT ILLE NON SEMEL VIR Q. FVIT ADVERSARIS

SDYNASTES HORRIBILIS M. SECUND DVX ILLE INQ. GVNDI-

SALV. FER. DE COR. QVEM CLARISSIMI ANTON. ET IO-

ANNA GENVERVNT PARENTES. INGENTES TRIVNPHOS,

DIGNITATES MVLTAS, TITVLOS DIVERSOS, NON

PAVCAS PRAEFECTVRAS VIV. OBTINVIT, COELO PRO-

PITIO CALCAVIT SOLVM, SALVMQ. SVLCAVIT NON AETA-

TE SED VIRTVTV. PLE, MOTALVANI IN CELTIBE-

RIS. AN. CHRISTIANO M. DC. XXXV. XIV KALENDAS

MARTIAS E VIA TRANSIT AD PATRIA. EI. CADAVER HOC

MARMORE INCLVSVM. TVBA CANENTE DONATV RESVRGET.

ERIS QVOD EST. ORA MENTO.

 

Al Dios Verdadero de la Patria Celestial.

Acércate caminante y lee con atención.

Lo que eres el fue: aquel Príncipe que no una sola vez se mostró

Varón terrible para sus adversarios, aquel, repito, “Segundo Gran

Capitán”Gonzalo Fernández de Córdova, a quien engendraron

Antonio y Juana, clarísimos padres suyos. Obtuvo en vida ingentes

triunfos, muchas dignidades, títulos diversos y no pocas prefecturas.

Con la ayuda del cielo recorrió la tierra y surcó los mares. Lleno,

Si no de edad, de virtudes, pasó a mejor vida, en Montalbán, en la

Celtiberia, el año de Cristo de 1635, a 16 de Febrero. Su cadáver,

Sepultado bajo este mármol, resucitará al sonido de la trompeta.

Serás lo que él es. Ruega y acuérdate de él.

 

     A los pies de la iglesia, adosada al muro del comulgatorio, existe otra lápida que, dentro de un cartelón, en capitales latinas, dice:

 

SISTE GRADVM FIGE PEDEM

EN D. FRANCº DE MENDOZA QVODA EOS. PALENTINVS

ET D. FR. FRANC. DE LA CERDA QVODA EPS. CANARIENSS

ET D. FR. MARTINº DE CORDOBA QVODA EPS. CORDVBESS

TVMVLO ISTO LACET. HEV : QVID VLTRA

DEO INMORTALI SIT GLORIA ET IPSI REQVIESCANT IN PACE

 

Detén tus pasos.

He aquí a D. Francisco de Mendoza, Obispo de Palencia

y a D. Fray Francisco de la Cerda, antes Obispo de Canarias y

a D. Fray martín de Córdoba, en otro tiempo Obispo de Córdoba,

que yacen en este sepulcro. ¡Ay! Que más. Sea dada gloria a Dios

inmortal y ellos en paz descansen.

 

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Francisco Valverde y Perales, Historia de la Villa de Baena, Baena, M. I. Ayuntamiento de Baena, Diputación Provincial, 2000, pp. 320-331.

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