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Fernando Vázquez Ocaña:periodista y político republicano

 
                                                           
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FRANCISCO EXPÓSITO EXTREMERA

Fernando Vázquez Ocaña (Baena, 1898-México DF, 1966) abandonaba España en febrero de 1939. Comenzaba así el olvido del periodista y el político, su desaparición de la historia de España durante la dictadura. Su figura permaneció en el anonimato durante cincuenta años, a pesar de que fue diputado a Cortes en 1933, se convirtió en portavoz del Gobierno de Negrín o director de periódicos como El Mercantil Valenciano, La Vanguardia o El Socialista. Detrás de Vázquez Ocaña había una brillante trayectoria periodística y profesional que estuvo marcada por desagradables acontecimientos como la muerte de su esposa, con 37 años, el reparto de sus ocho hijos entre familias belgas, su exilio en 1939 y la imposibilidad de volver a España. 

Fernando Vázquez Ocaña nació el 30 de abril de 1898 en Baena [1] , una antigua villa cordobesa que había perdido el protagonismo de siglos anteriores y que tenía como fuente principal de su economía la agricultura. Su partida de nacimiento así lo indica: “Que dicho niño nació en la casa de sus padres el día treinta de abril, último, a las once de su noche. Que es hijo legítimo de Antonio Vázquez y de su mujer Josefa Ocaña, naturales de esta villa, que es nieto por línea paterna de Antonio y de Carmen Moreno, por la materna de Fernando y de Trinidad Pozo. Y que al expresado niño se le había puesto por nombre Fernando...”.

Fernando fue una persona que pronto destacaría por sus capacidades y su inquietud intelectual. “Los maestros lo notaban. Le daban clases especiales, le regalaban libros de poesías. Se fue cultivando mucho, conocía mucho de literatura. El francés nunca lo habló bien, pero leía mucho en francés y conocía la literatura francesa muy bien”, afirma su hijo Fernando. En un artículo, su amigo Ángel López Obrero define a Vázquez Ocaña como una persona de enorme cultura autodidacta y gran inteligencia[2]. Su marcha de Baena a Córdoba se tuvo que producir a finales de 1919 o principios de 1920. En Baena nacerían dos de sus hijos (María y Fernando), mientras que los otros seis lo hicieron en Córdoba.

En Córdoba lo vemos trabajar de oficinista tras abandonar la carpintería familiar. Su entrada en el Diario Liberal se tuvo que producir en el último semestre de 1919, pues a principios de 1920 ya hay artículos firmados por Vázquez Ocaña y no aparece ninguno en el primer semestre de 1919. La abundante prole de la que se rodeó le obligó a desarrollar múltiples actividades para mantenerla, colaborando en varios medios al mismo tiempo, como ilustrador y caricaturista. Tras entrar en el Diario Liberal, donde se mantuvo hasta 1930, firmaría también sus artículos en el Diario de Córdoba

Elección como diputado

La politización de Fernando Vázquez Ocaña no se puede detectar fácilmente en sus primeros años como periodista en el Diario Liberal o Diario de Córdoba, pese a que, como reconocía su hijo Fernando, su padre mantuvo desde joven principios anarquistas que luego derivaron en el socialismo. Su primer acto público contra la Dictadura se produjo en el año 1930 cuando, junto a Joaquín García Hidalgo, Antonio Hidalgo Cabrera y Enrique Moreno, rechazaron la rotulación de una calle para José Cruz Conde. 

Su participación en la fundación y dirección de la revista Política y después, como redactor jefe, en el periódico del mismo nombre, y en la fundación y dirección del diario El Sur le llevaron a involucrarse con la política y con el Partido Socialista en Córdoba. El PSOE lo eligió como candidato a diputado en el Congreso de Agrupaciones Socialistas que celebró el partido el 29 de octubre de 1933. Las elecciones generales tuvieron lugar el 19 de noviembre, aunque hubo que celebrarse una segunda vuelta al no conseguir los candidatos los respaldos suficientes. La segunda vuelta se celebró el 3 de diciembre. Fernando Vázquez Ocaña consiguió 82.231 votos, resultando elegido en el último lugar de los 13 diputados que consiguieron acta. El alta de Fernando Vázquez en el registro del Congreso de los Diputados se produjo el 12 de diciembre de 1933. Vázquez Ocaña fue diputado durante la legislatura 1933-1935, dando de baja el 7 de enero de 1936[3].
 
Durante el periodo en que fue diputado, Fernando Vázquez Ocaña mantuvo su residencia en Córdoba (Maese Luis, 22) y no sería hasta el año 1935 cuando aparece con residencia en Madrid. Vázquez Ocaña seguirá publicando artículos en el diario El Sur, continuando con la dirección hasta su desaparición en octubre de 1934. Como consecuencia de sus críticas al Gobierno o a distintos representantes públicos, en varias ocasiones trataron de que declarara por delitos por injurias o contra la ley de prensa, aunque su inmunidad parlamentaria paralizaba las iniciativas que se adoptaron contra él.

La relación con Federico García Lorca

Sus inquietudes culturales y la labor periodística en el Diario Liberal y Diario de Córdoba, pero también en otras publicaciones como la revista Andalucía o Popular, en las que fue redactor jefe, lo relacionaron con el mundo de los poetas y los pintores. Él quiso ser poeta, pero, como dirá su hija Carmen, la poesía no alimentaba a la familia: “Pero yo creo que la verdadera pasión de mi padre era la poesía, y tuvo que renunciar a ella porque se casó muy joven y la poesía no suele alimentar a familias numerosas. En una carta dirigida a Neruda en París le habla nostálgicamente “de poeta a poeta”, de su “atroz oficio” de periodista político, y le incluye uno de los poemas de su libro La Sierra Morena, del cual no quedan trazas. Lo que sí conservamos son algunas hojas de papel con membrete oficial de las Cortes Españolas cubiertas con bosquejos de poemas: el diputado socialista por Córdoba se escapaba del tedio de algunas sesiones probablemente plúmbeas por la puerta cerrada de la poesía”[4].

Algunos de los artistas más importantes de la primera mitad del siglo XX se relacionaron con Vázquez Ocaña. Entre estos nos encontramos con Federico García Lorca, con el que estuvo, al menos, en dos ocasiones en Córdoba[5], además de las distintas ocasiones que se pudieron encontrar en Madrid. Así, en 1934, acompañaría al autor de Poeta en Nueva York durante una visita que hizo a la ciudad califal, junto a otros periodistas e intelectuales. Este encuentro coincidió con una reunión de poetas, entre los que figuraban Garfias, Lorca, Aleixandre, Rejano, Prados y Altolaguirre. Todos estuvieron en la sede del periódico El Sur, según indicó su hija Carmen Vázquez Jiménez. El otro encuentro llegaría en agosto de 1935, como recoge Vázquez Ocaña en su libro biográfico sobre García Lorca. Entonces se celebraba el tercer centenario de la muerte de Lope de Vega y viajaron a Fuente Obejuna el día 24 de agosto para asistir a la representación de Fuenteovejuna, obra interpretada por Margarita Xirgu. La jornada siguiente, el periodista baenense, junto a otros amigos de la ciudad, acompañó a García Lorca por Córdoba, tal y como relataría en el libro García Lorca. Vida, cántico y muerte[6]. Alguna de las anécdotas publicadas por Vázquez Ocaña las citaría Ian Gibson, que calificó al periodista baenense como uno de los primeros biógrafos del poeta universal. 

La guerra civil

La trayectoria de Fernando Vázquez Ocaña durante la guerra civil va a estar estrechamente ligada a la de Juan Negrín, con el que iniciará una amistad que mantendrá después en el exilio y que se traducirá en la defensa del ex presidente del último Gobierno republicano cuando fue duramente criticado por representantes de su propio partido. Esa relación la dejó ver en algunos artículos publicados en México y la reafirmaron también los hijos del periodista baenense. Su primer contacto con Negrín se produjo en los primeros años de la República. Durante su etapa como diputado en Madrid, Fernando Vázquez Ocaña inició sus colaboraciones en el periódico El Socialista, dirigido por el que se convertiría en otro de sus grandes amigos durante la Guerra Civil, Julián Zugazagoitia. Fernando Vázquez llegó a ser redactor jefe en El Socialista
 
Fernando Vázquez Ocaña estaría ligado a Juan Negrín desde el comienzo de la Guerra Civil. Primero fue nombrado secretario y jefe de prensa del Ministerio de Hacienda, entre septiembre de 1936 y mayo de 1937, al que “ayudaba a los secretarios de Negrín en ocupaciones de extraordinaria confianza”, según escribió Zugazagoitia. Después, fue jefe de prensa de la presidencia del Consejo de Ministros, entre mayo de 1937 y abril de 1939. El 22 de junio de 1937, Fernando Vázquez Ocaña fue nombrado director del periódico El Mercantil Valenciano. Si Valencia supuso su consideración como uno de los hombres de mayor cercanía a Juan Negrín, Barcelona se convertiría en uno de los lugares en los que el periodista baenense más sufrió al producirse la muerte de su esposa, pero también por la necesidad de enviar a sus ocho hijos con familias belgas ante la imposibilidad de ocuparse de ellos por las múltiples tareas de gobierno que tenía encomendadas. Bajo su control estaban cuatro diarios: La Vanguardia, El Diluvio, La Noche y El Día Gráfico. El periodista baenense reunió en La Vanguardia a los más destacados escritores de la época.
 
Vázquez Ocaña se mantuvo en España hasta que el Gobierno de Negrín salió del país al extenderse la ofensiva del ejército franquista sobre Cataluña. Así lo podemos ver en un salvoconducto en el que se autoriza al periodista baenense a marchar a Figueras, el último destino del Gobierno republicano, firmado el 23 de enero de 1939 por José Prat García, subsecretario de la presidencia del Consejo de Ministros. El 18 de enero de 1939, el Consejo de Ministros acuerda proclamar el estado de guerra, dos años y medio después de iniciarse. El 26 de enero se produce la caída de Barcelona. El Gobierno se traslada a Figueras. El 1 de febrero se reunieron las Cortes en el castillo de este municipio, al que asistieron 64 diputados.
 
Vázquez Ocaña rememorará aquellos últimos momentos del Gobierno republicano en España. El apoyo que tuvo el movimiento nacional de los gobiernos fascistas de Alemania e Italia. La triste decisión de abandonar Barcelona y los ríos de personas que huyeron hacia la frontera: “El último capítulo es triste. A medida que las fuerzas enemigas, superabundantemente recobradas (Hitler y Mussolini tenían prisa y Chamberlain ansiaba que cuanto antes y como fuera se apagase el volcán español) desencadenaban su ofensiva, la fatiga de los republicanos hacía sentir sus efectos. (...) Sin embargo, los ministerios y una parte de la población civil, acuciada por el terror, evacuaron con orden. El terrible éxodo hacia el norte, como el de la población malagueña hacia el este, fue una riada alucinante, bajo la metralla de la aviación franquista. Los caminos y carreteras quedaron sembrados de pobres cadáveres, de vehículos rotos, de bagajes indescriptibles. Las fuerzas de Carabineros, de solera socialista, realizaron su último gran servicio, desembarazando las rutas y evitando una acumulación, que hubiera tenido consecuencias horribles”[7]. La salida de Negrín, que acompañaba a Manuel Azaña, se produjo el 5 de febrero.
Fernando Vázquez Ocaña fue uno de los casi medio millón de españoles que tuvieron que exiliarse durante la guerra civil a Francia, el principal destino de la emigración política española. En estas mismas circunstancias se encontraron escritores como Ramón J. Sender, Max Aub, Juan Rejano o Manuel Andújar; pintores como Antonio Rodríguez Luna, Aurelio Arteta o Enrique Climent; filósofos como Joaquín Xirau, Juan David García Bacca o Juan Roura.
 
En París dedicó parte de su tiempo a la redacción y publicación de su libro Pasión y muerte de la segunda república española, un valioso documento, a poco de la derrota del gobierno republicano, en el que analiza las causas y consecuencias del alzamiento nacional y en el que advierte del crucial momento en el que se encuentran las democracias europeas ante el auge de los totalitarismos. En París se reunieron los siete hijos que pudieron llegar a la capital gala: Josefina, Angelita, María, Fernando, Eduardo, Carmen y Dolores, mientras que Rafael quedó en Bruselas y no lo volvería a ver hasta 25 años después.

México

El 16 de junio de 1940, 513 exiliados españoles salieron del puerto de Burdeos con dirección a América en el barco Cuba. Entre los pasajeros se encontraba Vázquez Ocaña y siete de sus hijos. La travesía, primero en el Cuba y después en el Santo Domingo, duró 41 días. El 26 de julio de 1940 el barco atracó en Veracruz. Se ponía fin a una travesía que se convirtió en la esperanza de los últimos republicanos que pudieron abandonar Francia.
Casi sin deshacer las maletas, la inquietud y la necesidad llevan a Vázquez Ocaña a escribir y colaborar en distintos medios de comunicación, una actividad con la que mantuvo a toda su familia, aunque no sin dificultades.

Vázquez Ocaña participó del gran ambiente cultural que surgió en México DF en torno a los exiliados republicanos. El periodista baenense perteneció al Círculo Jaime Vera y a la Agrupación Profesional de Periodistas y Escritores Españoles Exiliados, dirigió la agencia España y la edición mexicana del periódico El Socialista (entre 1942 y 1951) y República Española. En México, escribió durante muchos años en la revista Hoy, también en El Nacional y en Uno, fue director de redacción de El Imparcial, fundador de la revista Higiene y Seguridad o subdirector de La Semana Ilustrada. Escribe artículos, dirige revistas, funda publicaciones, hace guiones cinematográficos, publica biografías cortas e imparte conferencias.
 
En México publicaría dos libros biográficos que llevan su firma y colaboraría en otros de la editorial Grijalbo aportando la introducción o el epílogo. El primero de ellos fue Margarita y Townsend. El romance de la renunciación, editado en 1956 y que lleva la siguiente dedicatoria: “Me inclino a creer que mis hijos, los ocho picos de mi estrella, a quienes dedico este libro, no se pondrán de acuerdo al juzgar los motivos que puede aducir un materialista dialéctico para escribir una biografía romántica. Pero quienes, como yo, hayan alcanzado la época en que todavía se usaban el sombrero, el bastón y los botines, o sea cuando Don Juan no andaba en mangas de camisa ni doña Inés se paseaba en shorts, excusarán mi simpatía residual hacia ciertos personajes de un mundo condenado a desaparecer”. Un año después apareció García Lorca. Vida, cántico y muerte, que tendría otra edición en 1962. Para Grijalbo publicaría también numerosas breves biografías de personajes universales. 

El fallecimiento

El 29 de septiembre de 1966 murió Fernando Vázquez Ocaña, a la edad de 68 años, tras sufrir un infarto de miocardio. Con Fernando Vázquez Ocaña estamos ante uno de los grandes intelectuales cordobeses del siglo XX, uno de sus principales periodistas. Ante una persona que fue fiel a sus ideas y a la república democrática. Que luchó por mantener unida a su abundante familia. Además, nos encontramos ante un gran defensor de la libertad, esa libertad que le fue arrebatada a su país y que le impidió regresar. Pero Fernando no pudo regresar, retornar a las tierras cultivadas de cultura de su España. Seguro que soñó muchos días, muchos meses, muchos años con escuchar los gorriones o pasear entre olivos centenarios de su Córdoba alejada. Se acordaría de Julián Zugazagoitia, asesinado en España, aunque, no lo olvidemos, reconoció y agradeció el gran recibimiento que le dio el pueblo mexicano.
 
NOTAS
[1]Para la elaboración de este apartado se ha utilizado la Guía de Córdoba y su provincia para 1891 y 1892, editada en 1892, y la Guía general de Córdoba y su provincia, de 1906.
[2] Artículo de Ángel López Obrero publicado en el suplemento cultural “Cuadernos del Sur”, de Diario Córdoba, el 14 de junio de 1990. 
[3] Archivo del Congreso de los Diputados. Histórico de Diputados 1810-1977.
[4] “Un periodista de Córdoba” en Diario Córdoba. El artículo es de Antonio Ramos Espejo y apareció en el suplemento Cuadernos del Sur, publicado el 14 de junio de 1990, dedicado a Fernando Vázquez Ocaña. 
[5] RAMOS ESPEJO, Antonio: García Lorca en Córdoba. Obra conmemorativa del centenario del nacimiento de Federico García Lorca, editada por Diario Córdoba y el patrocinio de la Fundación Enresa. Córdoba, 1898.
[6] VÁZQUEZ OCAÑA, Fernando: García Lorca. Vida, cántico y muerte. Biografías Gandesa. Editorial Grijalbo. México DF, 1957.
[7] VÁZQUEZ OCAÑA, Fernando, op. cit, pág. 119.


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