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Personajes

EL NEGRO JUAN LATINO: GLORIA DE ESPAÑA Y DE SU RAZA

(¿Baena? 1518 – Granada ¿1596?)

Juan Naveros Sánchez
María Eugenia Santos Flores
 

[Canal Sur: Tesis ]
  Antes de iniciar el estudio de este ilustre baenense, ejemplo viviente de lo que pueden conseguir la voluntad y el esfuerzo humanos, hemos de desbrozar el camino que haga posible extractar su biografía.

 Francisco Valverde y Perales confundió en una sola persona a los coetáneos Juan Rufo Gutiérrez y a Juan Latino[1]. Posiblemente la confusión tuviera su base en el hecho de que ambos escribieron dos poemas épicos con el título de “Austriada”[2].

  Juan Rufo Gutiérrez (Córdoba )1547? - Córdoba 1597)[3] escribió la Austriada más famosa, en castellano y en veinticuatro cantos, de desigual número de octavas reales[4]. Narra los preparativos y la guerra de Granada hasta el canto XVIII, y la batalla de Lepanto del XIX al XXIV. Asimismo, es autor de Las seiscientas apotegmas y otras obras en verso[5].

  Juan Latino ()Baena?, 1518 - Granada, )1596?), compuso la Austriadis carmen, con 1834 hexámetros latinos[6]. Todo el poema está centrado en la batalla de Lepanto y según la forma y estilo que más adelante comentaremos.

 La confusión aludida y, como hemos dicho, provocada tal vez por la coincidencia temática, produce hoy cierto rubor, por tratarse de dos autores radicalmente diferentes, (aventurero, mujeriego, ludópata, pendenciero y de raza blanca, Rufo; esclavo, estudioso, virtuoso, pacífico y de raza negra, Latino).

 Indudablemente, a quien se refería Valverde y Perales como autor baenense, era al segundo, al negro Juan de Sessa, más tarde llamado e inmortalizado por la ciudad de Granada como Juan Latino[7]. En él nos vamos a centrar y tratar de dibujar con trazos más firmes, su difusa semblanza histórica, tan desconocida y mezclada de conjeturas y leyendas[8].


I.- BIOGRAFÍA:

   A pesar de tratarse de un autor reconocido y famoso en su tiempo[9], hasta el punto de que las autoridades granadinas y grandes personalidades que por allí pasaban, se preciaban de su amistad y de merecer sus consejos, se desconoce de su vida más que se sabe. Y este poco que se sabe, suscita grandes interrogantes y no pocas incredulidades que, pacientemente y en las líneas que siguen, vamos a tratar de plantear y resolver si fuera posible.

 Nuevamente hemos de partir de la imposibilidad de demostrar documentalmente nada, cuando se trata de un autor baenense, por la desaparición de los archivos eclesiásticos. Y ante esta situación, las conjeturas y elucubraciones, más o menos fundamentadas, se disparan.

 Juan Latino era esclavo, porque nació de esclavos etíopes al servicio del segundo Duque de Sessa, y, posiblemente,  en Baena.

 Son muchos los autores, críticos y estudiosos que, dejándose llevar de la imprecisa afirmación de Juan Latino sobre su origen etíope, término que, en su acepción griega, conocida por él, significa rostro quemado, afirman que nació en África[10]:

  Haec, Ioannes Latinus Aethiops Christicola, ex Aethiopia usque infans aduectus, excellentissimi, et inuictissimi Gonsalui Ferdinandi a Corduba ducis Suessae Gonsalui Magni Hispaniarum ducis nepotis seruus, ab ipso infantiae lacte simul nutritus, cum ipso a rudibus animis liberalibus artibus instructus, et doctus, et tandem libertate donatus, Garnatae ab illustrissimo, pariter et Reuerendissimo Petro Guerrero Granatensi Archiepiscopo extra omnem aleam doctissimo, Sanctae Ecclesiae Garnatae Cathedram Grammaticae et Latini sermonis accepit moderandam, quam per uiginti annos foeliciter moderatus est, sub Catholico Philippo Hispaniarum Rege translationi regalium corporum scripsit Epitaphia, ad honorem et gloriam omnipotentis Dei, et Sanctissimae uirginis Mariae matris eius. Garnatae anno aetatis sui quinquagessimo octauo.

   (Juan Latino, cristiano etíope, traído desde Etiopía cuando era niño, esclavo del Excelentísimo e Invencible Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Sessa, nieto de Gonzalo el Gran Capitán de las Españas, alimentado por éste, educado e instruido a su lado en las artes liberales y, finalmente, obsequiado con la libertad, recibió en Granada para regirla, del Ilustrísimo y Reverendísimo Pedro Guerrero, Arzobispo de Granada, muy sabio sin duda alguna, la Cátedra de Gramática y de Lengua Latina de la Santa Iglesia de Granada, que rigió felizmente durante veinte años: en el reino del Católico Rey de las Españas escribió estos epitafios con motivo del traslado de los cuerpos reales, para honor y gloria de Dios omnipotente y de su madre la Santísima Virgen María. En Granada, en el año cincuenta y ocho de su vida)[11].

   El término etíope en el siglo XVI no se refería a la actual región de Abisinia, pues no se conocía como tal, sino, genéricamente, al continente africano. Por tanto, quiere decir que nació en África, de padres traídos como esclavos a Sevilla u otro puerto, donde sería posteriormente vendido a algún convento que, tras una breve instrucción, lo revendería al Duque de Sessa, según costumbre al uso en la época.

 No somos muy proclives a esta teoría, a pesar de estar justificada en el mismo Juan Latino, como hemos visto, y por varias razones que vamos a explicar:

 1. El autor más acreditado, Bermúdez Pedraza, compañero de tertulias de Juan Latino, se basaba en el testimonio impreso de éste, especialmente aireado y difundido, para contrarrestar, y posiblemente quedar al margen, del de su enemigo literario y personal más acérrimo, León Roque de Santiago, quien mantenía que Juan Latino nació en Baena de una esclava negra y del Duque de Sessa, Luis Fernández de Córdoba, padre de su amigo y protector Gonzalo Fernández de Córdoba, tercero del mismo título[12]. Esta afirmación, muy extendida por Granada, pretendía desprestigiar al duque y a su familia y, muy probablemente, provocaría alguna reacción airada.

  2. Hay dos testimonios, de relevancia desigual, que afirman el nacimiento en Baena de Juan Latino: el del dramaturgo sevillano Diego Ximénez de Enciso (Sevilla, 1585 - 1633) y el de Francisco Fernández de Córdoba, “Abad  de Rute” (Baena, )1565? - Rute, 1626).

 El primero, sin mencionar nunca la fuente, pone en boca de Juan Latino, a través de su comedia homónima, el siguiente soneto:

         

          Hijo de esclavo soy, nací en Baena,

          Donde las letras aprendí primero;

          Crecí siguiendo el centro verdadero

          Premio que a la virtud el cielo ordena.

          No me ha estorbado mi amorosa pena,

         Que sea de Granada Racionero,

         Orfeo, Marte, Cicerón, Homero,

         En voz, en armas, en Latín, en vena.

         Catedrático fui, Griego excelente,

        Y en fin varón insigne, pues que llego

        A ser deste lugar Colector digno.

        Y como le llamó por eminente

         La antigua Roma a su adriano, el Griego,

         La noble España, me llamó el Latino [13].

     A pesar de la contundencia de la afirmación, ha sido puesta en duda por algunos críticos, por atrevida, imaginativa e indocumentada. Sin embargo, el resto de los pasajes de esta comedia, referidos a su relación con la joven Ana Carleval, su futura esposa, se les reconoce bien informados y bellamente recreados.

 Mucho más valiosa es la escueta noticia que da el Abad de Rute en su rigurosa y bien informada genealogía de la Casa de los Córdoba[14] del cuarto Duque de Sessa y primo segundo de D. Antonio Fernández de Córdoba 14. En ella, el hijo natural de un primo hermano del cuarto Duque de Sessa y primo segundo de D. Antonio Fernández de Córdoba, quinto Duque de Sessa, hablando de la educación del tercer duque, Gonzalo, dice que tuvo por compañero en los estudios a Juan Latino, nacido en su casa de Vaena, aunque de padres guineos y no libres.

 3. La tercera de las razones se basa en el alto grado de improbabilidad de que un niño de tan corta edad [15], pudiera resistir las inhumanas condiciones de hacinamiento y desnutrición, durante tantas jornadas de lenta y penosa navegación, que provocaban una selección natural del “ébano negro”, como le llamaban los portugueses, sus principales  traficantes. Asimismo, la adaptación tan completa a un medio tan distinto, la perfecta formación de su carácter y de su inteligencia, hasta hacer de él no sólo un hombre culto, sino sabio, un perfecto conocedor de las lenguas y literaturas clásicas, en maestro eminente y, sobre todo, un poeta latino extraordinariamente fecundo, (...) no hubiera sido posible en una naturaleza criada en estado salvaje. (...) Sólo viviendo casi desde su nacimiento en un ambiente tal, se explica y aún es de admirar, un resultado tan sorprendente [16].

 Si a todo lo dicho, añadimos que era intérprete del monocordio y un hábil tañedor de vihuela, órgano, laúd y arpa, con partituras; amén de cantante de suave voz [17], tendremos que concluir que debió venir, lactante, de África, hecho bastante improbable, o nacer en Baena, en 1518 [18], y vivir bajo la atenta tutela de una persona poderosa, que le proporcionó la infrecuente y sospechosa oportunidad de una educación esmerada.   

 De todas formas, viniera lactante de África o naciera en Baena, lo que es innegable es que en Baena aprendió sus primeras letras y recibió unas exitosas lecciones de cómo debía comportarse, sobrevivir y medrar, un esclavo negro, en la superclasista, cerrada y rancia sociedad del siglo XVI. Le debió enseñar a no avergonzarse del color de su piel, pero también a no erigirse en abogado racial en ningún tipo de situaciones.

 La vida de Juan de Sessa transcurrió de forma paralela a la del pequeño duque y, de soslayo, fue asimilando las enseñanzas, básicamente gramaticales latinas y griegas, que impartían a su señor, primero en Baena y luego en Granada, adonde se trasladó la familia tras la muerte del segundo duque de Sessa, D. Luis Fernández de Córdoba, en 1530.

 En Granada, Juan de Sessa, junto al joven duque, asistió, tal vez a través de la rendija de la llave, a la cátedra del famoso gramático Pedro de Mota, y con tal aprovechamiento, que así lo reconoció el propio duque: rara avis in terra corbo simillima nigro.

 Mientras tanto, la universidad de Granada acababa de nacer en 1526, cinco meses después de la llegada del emperador a la ciudad y, tras la bula papal [19], empezó a graduar bachilleres el año de 1533.

 El 4 de Febrero de 1546, ante el Arzobispo, el oidor de la Real Chancillería, Conde de Tendilla, y otros muchos caballeros, recibió el ya conocido como Juan Latino, junto a treinta y ocho condiscípulos, el grado de Bachiller. Tenía entonces veintiocho años [20].

  A partir de este momento, la rareza y esclavitud de este intelectual cultivado, perspicaz y gracioso [21], lo convirtió en uno de los personajes más conocidos de la vida pública granadina, a quien gustaban frecuentar las personalidades más importantes.

 Una de las casas que frecuentaba para impartir sus doctas y variadas enseñanzas gramaticales y musicales, era la del administrador del duque, el Licenciado Carleval, cuya hija, famosa en toda la ciudad por su extraordinaria belleza y prometida por su padre a D. Fernando de Valor, futuro Abén Humeya [22], recibía clases.

 De la frecuencia de las visitas y el trato afable, se pasó pronto, con no pocas resistencias, finamente recreadas en la comedia aludida de Ximénez de Enciso, provenientes de prejuicios y rangos, a uno de los idilios más sorprendentes y novelescos de nuestra historia literaria [23].

 Sin duda, la prohibición familiar habría bastado para hacer imposible la relación y mucho más el casamiento, que, no obstante, tendría lugar entre 1547 ó 1548, de no haberse encontrado con algún hecho consumado.

   Llegados a este punto, las conjeturas idealizadas o noveladas, hacen furor, intentando explicar tan insólito acontecimiento. Marín Ocete[24] apunta ingenuamente a un posible embarazo prematrimonial, como causa o elemento que allanó todos los impedimentos, aunque provocara en el padre la enemistad y una enfermedad que lo llevó a la tumba. Ximénez de Enciso recrea algunos momentos de la apasionada relación, como la escena famosa del bolsillo del vestido, que ella mandó coser, para evitar las ardientes acometidas de amante tan singular.

 Aún así, sin el apoyo del Duque, quien además le concedió la libertad, y de su esposa María de Mendoza, madrina de Juana, su primera hija mulata, en el bautizo del 30 de Junio de 1549[25], hubiera sido impensable tan pintoresca unión.

  Ha sido ponderada, no obstante, por algún sector de la crítica esta relación, pues aun con los apoyos señalados, no es muy frecuente en otras sociedades antiguas o modernas, la unión de un esclavo guineo con una bella señorita de la alta sociedad[26].

 El 4 de Abril de 1552, nació su segundo hijo, Bernardino; el 22 de Julio de 1556, Ana; y finalmente, el 5 de Marzo de 1559, Juan. Una magnífica prole mulata que colmó de felicidad un domicilio familiar que estaba situado en la calle de Santa Ana, entre la iglesia del mismo nombre y la placeta del puente de Cabrera, dando al río Darro[27].

 La viabilidad económica de la familia fue posible al heredar su esposa, Ana Carleval, parte de los bienes paternos y por la consecución de la Cátedra de Gramática de la reciente Universidad de Granada.

 En 1556, la cátedra de gramática había quedado vacante por la muerte del eminente Pedro Mota, y por influencia del arzobispo Pedro Guerrero[28], gran amigo y defensor de Juan Latino, le fue concedida el 8 de Agosto de 1556, a pesar de una fuerte oposición[29] y furibundos ataques racistas. Ese mismo año, el 31 de Noviembre, se le otorgó la Licenciatura, por lo que asistió desde entonces y de pleno derecho a los claustros universitarios.

 Fueron tan importantes sus clases de Gramática, que impartía a una variopinta mezcla de alumnos moriscos, acólitos, familiares de dignidades eclesiásticas, letrados..., que el arzobispo dice que sin los gramáticos parecía una casa particular y con el concurso grande paresce Universidad, por estar en ella el maestro Juan Latino [30].

A él se debió la lección inaugural, hoy desaparecida, del curso universitario de 1565, con asistencia de los principales señores de la ciudad y el Cabildo Catedral, puesto que todos se  olgarían de irle a oyr [31], con gran demostración de respeto y admiración, hablar sobre la vida y obra de los poetas más celebrados de la antigüedad.

 Andaba muy agitada la vida en Granada por la inestable situación de los moriscos, que habían sido soliviantados, aún más, por la política coercitiva del presidente de la Real Chancillería, D. Pedro de Deza, incondicional amigo de Juan Latino.

 Los incidentes del Albaicín del 25 de Diciembre de 1568 acabaron por convencer a Felipe II de la conveniencia de acabar definitivamente con el problema de los moriscos, mandando a D. Juan de Austria a Granada con su disciplinada tropa de mercenarios, el 13 de Abril de 1569[32].

 Durante la estancia de D. Juan en Granada, sugirió Deza a Juan Latino la idea de escribir un gran poema que cantara las hazañas del primero en versos latinos. Para recabar información de primera mano, aprovecharía la ocasión de alguna de las muchas visitas que le hacía Juan Latino, junto a otro ilustre negro dominico, Fray Cristóbal de Meneses [33].

 Entre la milicia venía un buen número de militares-poetas, prototipos renacentistas, con los que tuvo la oportunidad de trabar amistad, contrastar ideas literarias y hacer lecturas de poemas. Famosa fue la tertulia de la casa de D. Alonso de Granada y Venegas, adonde Latino acudía junto a Luis Barahona de Soto, Gregorio Silvestre, Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña, Pedro Padilla, etc. Son conocidas algunas anécdotas relacionadas con el color de su piel, como la protagonizada por el poeta portugués y organista de la catedral, Gregorio Silvestre, quien, ante la queja de Latino de ignorarlo en la conversación, le contestó: Perdone, señor maestro, que entendí que era sombra de uno de estos señores [34]. En Granada estaban también, y tal vez los llegaría a conocer, Boscán, Garcilaso  y Juan Rufo Gutiérrez.

 El año de 1576, año de la publicación del libro de poemas De translatione..., tras dos redacciones y aplazamientos, muere el arzobispo Pedro Guerrero.

 El de 1578, fue el de mayor número de acontecimientos tristes. Moría D. Juan de Austria, el príncipe D. Fernando, a cuyo nacimiento había cantado en su primer libro de poemas, y finalmente, el 3 de Diciembre, su protector más incondicional y valioso, D. Gonzalo Fernández de Córdoba, que era enterrado en Granada, por expreso deseo del rey Felipe II.

  Juan Latino le dedicó una sentida y profunda elegía a su protector, incluida en ediciones posteriores de De Translatione..., en la que recordaba lo mucho que le debía por haber sabido superar prejuicios, tratarlo como a un hermano y permitirle, en definitiva, ser un hombre libre y culto. Tanto pueden las letras -le comentaba Juan Latino al nuevo arzobispo, D. Juan Méndez de Salvatierra, también de humilde cuna-, que al faltarnos éstas, ni vos salieredes del campo tras de un arado, ni yo de una caballeriza almohazando caballos [35].

 La hasta entonces inquebrantable salud de Juan Latino empezó a dar síntomas de resquebrajamiento con la grave enfermedad sufrida durante 1586 y por la que dejó de asistir a los claustros universitarios de casi todo el año. Hay constancia de su asistencia, nuevamente, el 12 de Marzo  de 1587, aunque ya muy mermado de visión hasta la ceguera total, que no le impidió proseguir su labor docente, mediante la ayuda o suplencia de su alumno predilecto, Melchor Navarro.

 Ya ciego debió conocer a San Juan de la Cruz, quien por estas fechas andaba por Granada ocupado en la fundación del convento e iglesia de los Mártires [36].

 La fecha, documentación y demás circunstancias de la muerte de una personalidad tan reconocida e importante en su tiempo, en buena lógica, no deberían estar rodeadas del misterio y controversia que la circundan hoy.

En el epitafio de su tumba [37], probablemente escrito por él mismo, se grabó el año 1573 como el de su muerte. Dado que es imposible que muriera este año, puesto que hay constancia documental de actuaciones posteriores, cabe pensar que se tratara de la fecha en que mandó esculpir el epitafio, con motivo de la muerte de su esposa [38]. No obstante, esta fecha ha sido aceptada como correcta por varios autores como Pellicer 38  Cotarelo[39] y Cejador[40].

 Nos resulta imposible fijar con exactitud la fecha de su muerte, pues no aparece su partida de defunción en los libros de enterramientos de la parroquia de Santa Ana, cuyo primer libro empieza en Mayo de 1596 y termina en 1603. Tampoco aparece en el correspondiente libro de la cercana entonces, y desaparecida hoy, parroquia de San Gil, que comprende el período de 1583 a 1597. En el claustro universitario del 20 de Noviembre de 1599, su yerno, el maestro Fuentes, alude a la muerte de su suegro Juan Latino.

 Teniendo en cuenta esta última fecha y la del último claustro al que acudió, 1594, se puede concluir que Juan Latino murió entre 1594 y 1596, siendo enterrado en la cripta del altar mayor de la citada iglesia.

Esta cripta, incomprensiblemente, se encuentra tapiada en la actualidad. Sus diligentes artífices se tomaron la molestia de hacer una nueva lápida y colocarla en el exterior con la inscripción siguiente:         

 

D. O. M.

IOHANNES Latinus - Niger

Anno DNI. MDXCVII

 Franciscus Bermúdez de Pedraza

Rerum gestarum conscriptor

Anno DNI. MDCLV

 Joseph Risueño / Sculptor

Egregius. Anno DNI. MDCCXXXII

PAX VOBIS

  Hemos de añadir finalmente y como colofón a tantas pérdidas documentales, que tampoco se conserva ningún retrato suyo, a pesar de que debió existir, tal vez encargado por Don Juan de Austria, y que varios autores recuerdan haber visto[41].

   
II.- OBRA:
 

La escasa producción poética conservada de Juan Latino se resume en tres volúmenes:

1.      Epigramas[42] (“Ad catholicum pariter... Philippum”, “Deque Sanctissimi Pii Quinti...” y “Austrias Carmen..”.), (1573);

2.      De translatione corporum regalium (1576);

3.      Ad Excellentissimum et Invictissimum D. D. Gonzalum Ferdinandez a Corduba..., (1585).

 Por el testimonio de sus contemporáneos sabemos que escribió obras en verso y prosa castellanos. De todos ellos, sólo se conserva un epigrama latino dedicado “a la ciudad de Granada en alabanza de Sevilla” traducido por el propio autor y que no lleva fecha[43].

  El primero de ellos es sin duda el más importante. Está tasado el 14 de Abril de 1573 y lleva la siguiente inscripción en la portada:

 “AD CATHOLICUM, PARITER ET INVICTISSIMUM PHILIPPUM DEI GRATIA HISPAniarum regem, de foelicissima serenissima Ferdinandi Principis natiuitate, epi grammatum liber.

 DEQUE SANTISSIMI PII Quinti Romanae Eclesiae Pintificis sumi, rebus et afectibus erga Philippum Regem Christianissimum, Liber unus.

 AUSTRIAS CARMEN, DE EXCELLENTISSIMI DOMINI D. IOANNIS ab Austria, Caroli Quintii filii, ac Philippi invictisimi fratis, re bene gesta, in victoria mirabili eiusdem Philippi adversus perfidos Turcas porta. Ad illustris simun pariter et Reverendissimum D. D. Petrum a Deza Praesidem, ac pro Philippo militiae praefecta. Per Magistrum Ioannem Latinum Garnatae  studiose adolescentiae moderatorem. Libri duo.

 CUM REGIAE MAIESTATIS PRIVILEGIO. GARNATAE. Ex officina Hugonis de Mena. Anno 1573" [44].

    Como se deduce de la portada, todas la composiciones se agrupan en tres apartados:

à        Las dedicadas al presunto heredero de la corona, Fernando, hijo de Felipe II y su segunda mujer, Doña María de Portugal, nacido el año de 1571. Con motivo de tan feliz acontecimiento, la ciudad de Granada se engalanó y lo festejó con la mayor pompa y boato. Su poeta más considerado, Juan Latino, colaboró con la decoración urbana, mediante sus epigramas en los que anuncia el acontecimiento, ofrece al rey sus versos y exalta a su patria con un entusiasmo moderado y correcto. Tiene  algunos pasajes dialogados entre un viajero curioso que pregunta por la razón de tanto regocijo y las respuestas de Granada. El tono general es moralizador y de una recia y agradecida conformidad, aire grave, denso y mesurado. Sólo guarda con su precedente latino, Marcial, el metro utilizado y la adulación al César, aquel, y a la realeza española, éste.

à        Las dedicadas al papa Pío V, expresan no sólo la subordinación debida de todo católico, sino su creencia en su condición de jefe de la cristiandad y de todo poder humano[45]. En todos ellos vibran la fe cristiana y la tierna devoción a la Virgen.

 à        Conforma la tercera parte, la composición más extensa, incluida en este volumen: Austriadis Carmen.

   Esta última fue la primera obra poética, con fecha comprobada, que se refiere a la batalla de Lepanto (habida el 7 de Octubre de 1571). La compuso en menos de un año, pues el privilegio de impresión está fechado en Octubre de 1572. Dados la dimensión del poema, acopio de datos, originalidad y calidad, supuso un enorme esfuerzo para su autor.

 Es posible que  conociera  la Canción en alabanza de la Divina Magestad por la victoria del Señor Don Juan de Fernando de Herrera, más conocida como Canción a la Batalla de Lepanto, puesto que se suele fechar en torno a 1571. Pero no hay ningún elemento concomitante entre ambas. Es cierto que a ambos autores los inspira el espíritu patriótico y religioso de la España tridentina, pero eran  sentimientos generales de los españoles de su siglo.

 El poema de Herrera está compuesto en estancias de diez versos endecasílabos, más un heptasílabo y sus comparaciones épicas están inspiradas en la Biblia (Himno al paso del mar Rojo de Moisés, primer libro de los Reyes, las profecías de Isaías y Jeremías, libro de los Jueces y Salmos).

 El poema de Juan Latino se compone de dos partes, de 763 y 1074 hexámetros latinos, respectivamente, y compara los discursos de Don Juan con los de César, Aníbal y Escipión (Parte I, versos 241-250); las referencias se hacen a personajes y lugares mitológicos, a las Parcas, Sirtes, Escila, Caribdis... (Parte II, versos 80-87); también a las Musas, Monte Helicón, Apolo y Marte (II, 217-223); la descripción de la decapitación de Alí Bajá, aludiendo a la que hace Virgilio de Niso y Euríalo (II, 431-441); al mismo Don Juan se compara  con Héctor y Aquiles (I, 37-39).

 Rasgos claros, en fin, de su filiación humanista, de su profundo conocimiento de los clásicos, especialmente Virgilio.    

  Igualmente no tiene nada que ver con la homónima de Juan Rufo, no sólo porque se publicó en 1584, sino porque, como es conocido, es de un asunto más amplio y diferente.

  Como se deduce de lo dicho, la Austriadis carmen no es sólo el poema narrativo de unos hechos tan gloriosos como inútiles, a la luz de las consecuencias y resultados posteriores, sino de la exaltación del héroe vencedor y personaje central, Don Juan de Austria.

 Componen el libro tres partes:

1.      Exordio (I, 1-29): contiene un cúmulo de alabanzas al destinatario inmediato del poema, Don Pedro de Deza, Presidente de la Real Chancillería y Prefecto militar del rey).

2.      Propositio (I, 30-63): con el ruego a Deza de que preste atención a la narración de unos hechos que el tiempo nunca podrá borrar. Para todo ello se encomienda a Cristo y a la Virgen).

3.      Narratio (I, 64-final): preludio del combate y la incertidumbre de su resultado; descripción de hombres y naves; discursos de los generales: Juan de Austria exhorta mediante la fe en Cristo y el fervor patriótico y Alí Bajá apela a la amenaza; presencia divina en el combate por el acto de confesión multitudinario; palabras de ánimo de Luis de Requeséns a Don Juan y desánimo de Alí Bajá con expresión de su temor al gran turco Selino; desarrollo de la batalla, interrumpida con numerosas digresiones en torno a las discusiones de los turcos sobre el reparto del botín; muerte de Alí Bajá y desesperación de sus hijos; enumeración y reparto del botín entre los cristianos. Mientras, el papa Pío V, que por inspiración divina había tenido la visión de la batalla, organiza una clamorosa acogida. Termina el poema con los festejos de la ciudad de Granada por la victoria y por el nacimiento del príncipe Fernando).

   El poema tiene abundantes divagaciones y reflexiones religiosas, desmesuradamente ortodoxas, reflexiones filosóficas que elogian continuamente a Roma como cabeza de la iglesia y esencia de Europa, multitud de recursos retóricos, enumeraciones caóticas, reiteraciones léxicas, irregularidades sintácticas, elementos todos al servicio de la retórica que lo domina todo. Variedad y artificiosidad, muy del gusto del Renacimiento. Por lo demás, la narración está muy cuidada y pormenorizada. Los nombres de los capitanes de uno y otro bando, las insignias, referencias geográficas, cómputo de contendientes... son fidedignas. La figura del héroe, por contra, como es propio de un poema épico, está poetizada e históricamente alterada.                    

  El segundo volumen de Juan Latino, De translatione corporum regalium, lleva en la portada la inscripción siguiente:

Ad catholicum et invictissimum Philippum Dei Gratia Hispaniarum Regem de Augusta, memorabili simul et catholica regalium corporum ex variis tumulis in unum regale templum traslatione, per Illustrissimum Ferdinandum Enriquez de Ribera Tartesiae ducem, seu vulga de Alcala, ab oedem Pilippo regiis actis gerendis praefectum regio more celebrata...[46].

 El privilegio real se concedió por diez años, en Madrid a 29 de Septiembre de 1574, y en nombre del rey firma Antonio de Erasso. La tasación y permiso de venta, firmada por el secretario del Consejo Real, Gonzalo Pumarejo, está fechada en Madrid a 18 de Septiembre de 1576, y es de real y medio.

  Se trata de un minucioso y detallado relato del traslado al panteón del Real Monasterio del Escorial de los cuerpos reales depositados en Granada, por mandato de Felipe II: el de su madre la emperatriz Isabel, su primera mujer María de Portugal y sus dos hermanos Fernando y Juan. Junto al relato se publica el  conjunto de epigramas que decoraron los túmulos.

 Con la minuciosidad acostumbrada en el rey, organizó una solemne comitiva que partió de Granada hacia el Escorial, con dos paradas en Mérida y Yuste, donde recogieron los cuerpos de doña Leonor, hija de Carlos V y hermana del rey, y del emperador, respectivamente. Previamente, esta comitiva había traído a Granada el cuerpo de doña Juana “la loca”, que fue depositado junto al de sus padres, en el panteón de la Capilla Real.

 En esta narración se han desterrado todos los tópicos y frases hechas en aras de la concisión y exactitud. Ni un concepto de más ni de menos, para dar el tono exacto y sereno de la idea de la muerte y expresar los sentimientos que a todos agitaban en aquel  momento.

 Al final de este volumen, como ya dijimos, se inserta la breve autobiografía aludida y que comenzaba así: Haec Ioannes Latinus Aethiops, Christicola...

       La tercera de las publicaciones, Ad Excellentissimum et Invictissimum D. D. Gonzalum Ferdinandez a Corduba..., es una elegía a su amigo y protector.

  Consta de seis hojas en cuarto, en la primera de las cuales y que sirve de portada, dice:

 “En Granada veinte y seis días del mes de enero de mil e quinientos y ochenta y cinco años ante el muy ilustre señor licenciado Antonio Barba Provisor deste Arzobispado se presentó la petición siguiente: Muy Ilustre señor: el maestro Juan Latino digo que yo imprimi un libro intitulado la traslacion de los cuerpos reales y batalla naval, faltole un pliego que contiene la mesma materia y epitaphio de el gran Capitán e intitulado del Duque de Sesa mi señor que está en gloria y porqué no se pudo entonces imprimir por razon de estar vivo el dicho Duque... Magister Latinus”.

  Igualmente figura en este folio la fecha de la licencia firmada por el señor licenciado Antonio Barba, Provisor y Vicario general del Arzobispado, en Granada a 31 de Enero de 1585.

 La dedicatoria completa es la que sigue:

 “Ad Excellentissimum et Invictissimum D. D. Gonzaluum Ferdinandez a Corduba, Suessae Ducem, Catholicae Maiestatis PHILIPPI, á consiliis et status Regni, De Traslatione Regalium corporum per eumdem Catholicum Philippum, relatio per brevis exametris versibus, per Magistrum Ioannem Latinum famulum”.

  Narra las nobles hazañas de su noble señor y amigo Gonzalo, su aprendizaje, sus victorias en Italia y su vuelta a España. La ascendencia del Duque también es objeto de su pluma, especialmente la de Luis Fernández de Córdoba, cuyo recuerdo iba unido a su infancia en el castillo de Baena. En las primeras semanas de 1579, tras la solemne recepción que Granada dispensó al cadáver, era enterrado en el sepulcro que hizo Diego de Siloé por mandato de la viuda del Gran Capitán, duquesa de Terranova, en la iglesia de San Jerónimo.

 Es una elegía personal e íntima, como los sentimientos cálidos y profundos que la inspiran.  

   Los libros de Juan Latino están escritos en un dificilísimo latín humanístico, que los hace inaccesibles a la mayoría de los lectores.

 Fue, en fin, un digno representante del Renacimiento literario en latín a partir del S. XVI, sobre todo con la Austriadis Carmen, su obra de mayor valor literario e interés histórico, que supuso un avance considerable con respecto a obras anteriores. Según Menéndez Pelayo [47], el tributo más singular que la lengua de los doctos pagó al vencedor de Lepanto.

 III.- ANTOLOGÍA:

 Nº 1: Epigrama al papa Pío V:

 

           Eclesae ductor natus tibi, sancte per orbem

          Atque tuis victor nunc pater auspiciis:

          Fernandusque nepos Fernandi, et Marte Philiphi

          Eriget Hispanos Catholicosque Suos:

          Pontificesque tuos Romana in sede locatus

          Orari cernes gentibus ipse piis

          Clavigero coeli vivet tibi sacra potestas,

          Servatura fidem principes arma diu.

          Ut christus patrem coeli, terraeque patentem

          Oravit, Petri staret ubique fides:

          Catholici reges sic vivent: tempore in omni

          Parebunt sciris regia cuncta tuis.   

 Nº 2: A la ciudad de Granada en alabanza de Sevilla:

            Hispalis antiqua urbs penitus celeberrima Boetis

          Cónventus magnus, qui beat Hesperiam.

          Accipit exilla leges, et iuxta sacrata

          Tingitana vetus, gratificata simul.

          Urbibus excellis, opibus; tunc fida relucet

          Nobilitate vigens, fertilitate flaens.

          Illius imperio subdis Granata superba

          Ex iugo Mauri vi liberata sua.

            (Es Sevilla ciudad la más famosa,

          La antigua Audiencia de la Andalucía,

          De quien Tingitana cuidadosa

          Leyes sacras y rectas recibía.

          Es en nobleza y lealtad dichosa,

          En riqueza y grandeza magna y fría;

          A cuyo esfuerzo debes tú, Granada,

          El ser de la morisma rescatada).        

   

Nº 3: Arenga de Don Juan (Austriada: I, vv. 456-466):   

   Audere est opus in Turcas, fert caetera Christus:

(Diximus et repetens iterum per cuncta monebo:)

Spiritus arma habit Sanctus, mortalia uincet,

principium pugnae cum Christo in proelia curro,

per Christum nostris ueniet uictoria laeta.

Quare agite, et primi Martem committite mecum,

uincimus, En Christus pro nobis astat in armis.

Catholicus Christi repetebat nomen amicis

Austriades, nostros uictores saepe uocabat,

magnanimus Turcas perituros nomine tanto

dictabat prudens ductor, uentura canendo.

   (“Hay que ser valientes contra los turcos, Cristo hace lo odemás (lo he dicho ya y repitiéndolo de nuevo lo advertiré de una vez por todas) el Espíritu Santo proporcionará los recursos, superará las mortales empresas, yo, principio de la lucha, voy corriendo con Cristo al combate, por Cristo vendrá la feliz victoria a los nuestros; por esto, ea, entablad batalla los primeros conmigo; vamos a vencer, he aquí que Cristo está en armas a nuestro favor”).

 

Nº 4: Arrodillado, Don Juan dirige la siguiente oración a Cristo (Austriada: I, vv. 632-640):

 Da pater infandas Turcarum perdere naues,

uincamus Turcas uirtute, atque omine uero,

nomine nanque tuo pugnat Hispania sancto:

cui genua et flectunt Orcus, Barathrumque profundum,

terrarumque globus, parent cui sydera caeli.

Hoc uincat miles, quem crux tua uera per altum

deduxit fretum fuso tibi sanguine, Parthos

fundat nostra manus, Turcas Hispania uictrix

arma, uiros, rapiatque duces, referatque triumphum.       

   (Padre, concédenos destruir las nefastas naves de los turcos, que los venzamos con nuestro valor y con presagio cierto, pues España lucha en tu santo nombre, ante el que se inclinan el Orco, el infierno profundo y el orbe de la tierra, a quien obedecen las estrellas del cielo. Con él venza el soldado que, confiando en ti por tu sangre derramada, fue conducido en el ancho mar por tu cruz verdadera; que nuestra armada destruya a los partos, que España vencedora arrebate a los turcos armas, soldados, generales y celebre el triunfo.

 

Nº 5: Muerte del general turco Alí Bajá (Austriada: II, vv. 431-443:

   Iam Bassam truncus summas uolitare per undas,

atque caput magnum praefixum cuspide acuta,

praelongo in pilo, magno clamore uidentum,

terribilis oculos, nequeas aduersa tueri

ora uiri tristi, nigroque fluentia tabo:

semiferi facies terret, pr¹olixaque barba,

turgentis uultus (ut uiuens, fronte minari

uisus, nam Turcis ostendit cautius ipsis

duc quidam, uictor uoluit uectare trophaeum

ductricem nauem, pelago quo terreat hostes:

de more ut faciunt uictores classis ouantes.

Qui gladio pugnans fatis concessit honestis,

nec potuit patriam, Turcamque uidere superbum.

 (Ya el tronco de Alí Bajá flotaba sobre las aguas y su enorme cabeza estaba clavada en la aguda punta de una larga pica con gran alegría de todos los que la contemplaban; era imposible ver los feroces ojos y el rostro enemigo del guerrero manando repugnante y negra sangre corrompida: espanta su semblante monstruoso y abundante barba; parecía amenazar con la frente de su cara, hinchada como en vida; pues él, general, se mostró a los mismos trucos en especial prudente; quiso transportar victorioso como trofeo la nave capitana para aterrar al enemigo en el mar; como suelen hacer los vencedores de una escuadra cuando reciben los honores del triunfo. Combatiendo con su espada, cedió a un hermoso destino y no pudo ver a su patria ni al Soberbio Turco).

 Nº 6: El Espíritu Santo anuncia al Papa la victoria de Lepanto (Austriada: II, vv. 770-775):

  Sancte, quod optaras, uidit longaeua senectus:

ecce tibi ad uotum uenit uictoria laeta:

Austriades uicit, stant tutae in littore puppes,

uoluitur in fluctu Bassan sine nomine corpus,

rectores, capta est classis, geminique nepotes,

machina, tot colubri, catiua et signa Tyranni.

Auditis princeps Ecclesae his uocibus almus

direxit mentem, quo semper cuncta solebat..

 

  (Santo Padre, tu avanzada edad ha visto cumplidos tus deseos: he aquí que, según tu ruego, ha llegado la alegre victoria, el Austriada ha vencido, ancladas están las naves en segura playa, el cuerpo de Alí Bajá sin nombre da vueltas sobre las aguas, los capitanes, la armada, los dos hijos de Alí, las armas, gran cantidad de cañones, los estandartes del Tirano, todo ha sido capturado).

 Nº 7: La noticia llega a Granada (Austriada: II, vv. 1030-1036):

 Res gestas Garnata ducis per compita narrat,

perque domos ciuis gaudens, et templa sacerdos,

uictorem laudant pueri, castaeque puellae,

gaudentes cernas totaque ex urbe canentes

uersibus armatas acies, classesque uiriles,

proelia uicta uiri totum uulganda per orbem

Austriadae ductu...........................

 

   (Granada difunde por sus calles las hazañas del general, con gozo los ciudadanos las refieren en sus casas y los sacerdotes en los templos; los jóvenes y las castas doncellas alaban al vencedor y se les veía cantar alegres por toda la ciudad la formación de las tropas, los navíos cargados de valientes guerreros, los victoriosos combates bajo el mando del Austriada, dignos de divulgarse por todo el mundo).

 

 IV.- BIBLIGRAFÍA:

 

·        ANTONIO, Nicolás: Biblioteca hispana nova. Madrid: Apud Joachimum de Ibarra Typographum Regum. 1788.

·        ARCO Y MOLINERO, Angel: “Juan Latino” en Boletín arqueológico de Tarragona. Marzo-Junio de 1901.

·        -------:  “Apuntes de poetas granadinos de los siglos XVI y XVII  I.-Juan Latino. En Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1907.

·        BERMÚDEZ PEDRAZA, Francisco: Antigüedad y Excelencias de Granada. Madrid, 1608.

·        CÁCERES Y ESPINOSA, Pedro: Obras del famoso poeta Gregorio Silvestre Rodríguez Mesa. Lisboa, Manuel de Lyra, 1592.

·        CEJADOR Y FRAUCA, Julio: Historia de la lengua y literatura castellana. Revista de Archivos, Madrid, 1915 (Vol. 3).

·        FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Francisco: Historia de la casa de los Córdobas. Biblioteca Nacional. (Revista de la Real Academia de Córdoba).

·        GATES, Henry Louis: Juan Latino: el primer poeta negro. Primera edición inglesa de la poesía de Juan Latino.  

·        -----:  Apreciación global de fuentes y trabajos sobre Juan Latino, el humanista etíope. Prensa Universitaria de Indiana. Bloomington.  

·        GONZÁLEZ GARBÍN, Antonio:  “Glorias de la Universidad Granadina: El negro Juan Latino”, en el Almanaque de la Institución Libre de la Enseñanza, 1878. Reproducido en la Revista de Andalucía, Año VI, Tomo 15, pág. 5; y en número 1 del Boletín del Centro Artístico de Granada. 56 (Octubre de 1886).

·        GUTIÉRREZ, Miguel:  “Juan Latino” en Los lunes de El Imparcial, 23 de Septiembre de 1896.

·        HERDECK, Donald E.: Autores africanos: un compañero de la escritura africana negra. Vol. I (1300-1973). Washington, Orpheus negro, 1973. 196.

·        HURTADO, Juan, y GONZÁLEZ PALENCIA, Ángel: Historia de la literatura española. Madrid, Revista de Arquitectura, Bibliotecas y Museos, 1925. (Vol. I. pág. 297).

·        JAHN, Janheinz:  “Juan Latino” en Quién es quién en la literatura africana. Tübingen, Horst Erdmann Verlag, 1972.

·        LAFUENTE ALCÁNTARA, Miguel: Historia de Granada. 1843.

·        LÓPEZ DE TORO, José: Los poetas de Lepanto. Madrid, Instituto Histórico del Puerto deportivo. 1950.

·        MARFIL, Annette: “Juan Latino: El forcejeo de negros, judíos y moros en la Edad de Oro en España”, en Hispania, 62 (1979) Pág. 613-18.

·        MARÍN OCETE, Antonio: El negro Juan Latino, en Revusta de Estudios Históricos de Granada y su Reino. 1925.

·        MASÓ, Calixto: Juan Latino: Gloria de España y de su raza. Chicago, Illinois Nororiental. 1973.

·        MATILLA, Niguel: “Algunas observaciones en torno a la vida y obra del humanista Juan Latino”, en Durius, 4 (1976) (237-242).

·        MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino: Estudios sobre el teatro de Lope de Vega, Vol. 6. Obras completas, Vol. 15. Madrid, 1927.

·        ----------------: Horacio en España. Madrid, 1885.

·        MONTELLAS Y NADAL, Francisco: Historia del origen y fundación de la Universidad de Granada. Granada, 1870

·        PELLICER, Juan Antonio: Edición de Don Quijote de la Mancha. Madrid, 1979.
·        PEÑALVER Y LÓPEZ, Nicolás: “El negro Juan Latino”, en la revista La Alhambra, 1843.

·        RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco: Luis Barahona de Soto. Madrid, 1903.

·        SALAZAR, Antonio: Espejo General de Gramática. Rouen, 1615.

·        SÁNCHEZ MARÍN, José A.: Edición y traducción de La Austriada de Juan Latino. Granada, Instituto de Historia del Derecho, 1981.

·        SPRATLIN, Valurez: “Juan Latino: estudio del sobrio ébano humano” en Diss de Phd. Universidad de Middlebury.

·        TALADOR, F. X.: “Jean Latinus”, en Biographie universelle des hommes qui se sonn fait un nom. París, Pelegaud, 1860.

 
----------------------------------------------------------------------------------------

 [1] Historia de la villa de Baena. Edit. Excma. Diputación de Córdoba. Córdoba, 1982. (Pág. 378). Libro muy conocido en Baena y provincia de Córdoba y que, dada su amplia difusión, ha añadido confusión al ya escaso conocimiento de la persona de Juan Latino.

[2] Por esta razón, podía haber mezclado también al portugués Jerónimo Cortereal (¿-1593), que escribió otra Austriada, centrada en la batalla de Lepanto.

[3] Los escasos datos biográficos han sido recopilados por: RAMÍREZ DE ARELLANO, Rafael: Juan Rufo, jurado de Córdoba. Estudio biográfico y crítico. Madrid, 1912. Agustín GONZÁLEZ DE AMEZÚA, en el prólogo de su edición de Las  seiscientas apotegmas. SBE, Madrid, 1923.

[4] Fue publicada en Madrid en 1584 y de ella se conocieron dos ediciones más, Toledo 1585 y Alcalá 1586. La edición moderna es de Cayetano ROSELL: Poemas épicos. Biblioteca de Autores Españoles. T. II, Madrid, 1948.

[5] Edición, prólogo y notas de Alberto Blecua. Madrid, Espasa-Calpe, 1972.  

[6] Granada, 1573. Taller de Hugo Mena. En 1981 se hizo una edición traducida, introducida y anotada por José A. Sánchez Marín. Editada por el Instituto de Historia del Derecho. Universidad de Granada, 1981.

[7] Desde el 5 de Marzo de 1934 y por propuesta de D. Arcadio Rodríguez Camacho, Baena inmortalizó su nombre, como uno de sus hijos ilustres, dedicándole la antigua calle de los Frailes. (Vid. Artículo de D. Antonio Cubillo Pérez en el periódico local “Cancionero de Baena” de Mayo de 1999.  (pág. 20).

[8] Sirva de ejemplo del interés que suscita Juan Latino, la reciente aparición de una novela de José Vicente PASCUAL, que lleva por título Juan Latino. Edit. Comares. Granada, 1998. O el estudio monográfico de MASÓ, Calixto C.: Juan Latino: Gloria de España y de su raza. Chicago. Northeartern Illinois University, 1973.

 En el ámbito de la Aschomburg Center for Research in Black Culture Detroit, EE.UU., a cargo de Arthur A. Schomburg, el artículo “The Negro Digs Up His Past”; Jacob Lawrence, “The Curator”; También los estudios de Linda Collins, “Juan Latino, a 16th century writer in Spain”, U.K.  Finalmente y como una muestra más del interés que Juan Latino suscita en el mundo, el artículo de Henry Louis Gates y María Wolff, “Una apreciación global de Fuentes en la Vida y obra de Juan Latino, el Humanista etíope”, de la Prensa Universitaria de Indiana, Bloomington. EE.UU. Asimismo, se invetiga sobre Juan Latino en el ámbito de la literatura negra africana, americana e hispánica en “The Andrew W. Mellon Fondation” y “Moorland Spingarn Research Center” de Chicago.

[9] Conocida es la cita de Miguel de Cervantes en el poema previo de “cabo roto”, de Don Quijote de la Mancha, “Urganda la desconocida”, donde dice:

                          Pues el cielo no le plu-

                         Que salieses tan ladi-

                         Como el negro Juan Lati-,

                         Hablar latines rehu-.

                         .....................   

 Igualmente conocida es la cita de Lope de Vega en su comedia  La dama boba. (Vid. Edición de ZAMORA VICENTE, Alonso: Peribáñez y el Comendador de Ocaña y La dama boba. Edición “Clásicos Castellanos”. Madrid,  (Pág. 225). En la escena veintiuna del segundo acto, tiene lugar un diálogo entre Octavio y sus dos hijas casaderas, Finea y Nise y dice éste:

                                                              No era tan blanco en Granada

 Juan Latino, que la hija
 De un Veinticuatro enseñaba;

 Y siendo negro y esclavo,

 Porque fue su madre esclava

 Del claro Duque de Sessa,

 Honor de España y de Italia,

 Se vino a casar con ella;

 Que Gramática estudiaba,

 Y la enseñó a conjugar

 En llegando al amo, amas;

Que así llama el matrimonio
El latín.

 

El poeta granadino, Rodríguez de Ardilla, le dedica en 1645 el siguiente poema:

                                                             Negra la pez para el vino

 Y en las naves para brea...

 Negra es el águila fuerte

 De todas las aves reina;

   Tres negros ha de tener
 Toda extremada belleza:

 Negros ojos y pestañas,

 Negras y un arco las cejas

                                                               Moreno fue Juan Latino

                    Gloria del duque de Sesa,

               Maestro de tantos buenos,

              Honra de tantas escuelas.

 

Igualmente, el poeta granadino Juan de Arjona, muerto en 1603, le dedicó este otro poema:        

                                                    Nuevo Apolo granadino

                                                   pluma heroica, soberana,

    Alma de Estacio latino
    Que con su voz soberana

    Haces su canto divino.

 

[10] BERMÚDEZ PEDRAZA, en su obra Antigüedad y Excelencias de Granada (Madrid, 1608, por Luis Sánchez, impresor de su Majestad), dice que era “natural de Berbería; el cual fue traído siendo niño, cautivo con su madre a España”.

 Ambrosio de Salazar, en su Espejo General de Gramática (Rouen, 1615, pág. 482), comenta “del negro que trajeron de Etiopía de edad de doce años”. Este testimonio es poco fiable, no sólo porque está inserto en un texto que pretendía servir de prácticas a los estudiantes de español, sino por el error de afirmar que llegó de Africa a los doce años, cuando llegaba de Baena en 1530, habiendo nacido en 1518.  

 Antonio MARÍN OCETE, en su ensayo biográfico y crítico, El negro Juan Latino (Granada, 1924. Revista de Estudios Históricos de Granada y su reino, XII, 2), se basa en la supuesta autoridad de Bermúdez Pedraza para afirmar lo mismo que él y desautorizar los testimonios contrarios de Ximénez Enciso y Francisco Fernández de Córdoba. Y olvida que el testimonio de Bermúdez Pedraza, aun estando muy cercano en el tiempo, es muy parcial, pues enfatiza especialmente los aspectos más frívolos y novelescos de su vida. </

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