Donde empezó todo

La Almedina

Es la zona histórica de la Villa de Baena, en ella se encuentra nuestro pasado: Castillo y zona amurallada, Iglesia de Santa María la Mayor, Convento de Madres Dominicas, Iglesia de Santa Marina.

Arquitectura Religiosa

Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe

Estuvo situado este convento en las afueras de la Villa, al N.E., entre los antiguos caminos de Luque y Alcaudete, en donde todavía queda su iglesia, ya rodeada del caserío que se ha ido extendiendo por aquella parte.

En el año de 1527 se obtuvieron Bulas de S.S. Clemente VII por D. Pedro Fernández de Córdova, hermano del cuarto Conde de Cabra, para la creación en Baena de una Convento de la Orden de Predicadores, la que se llevó a cabo inmediatamente, siendo Provincial de Andalucía Fray Alberto de las Casas. Se eligió para levantar el edificio un terreno contiguo a cierta ermita, consagrada a San Sebastián, la cual, en el año de 1490 estaba ya destruida, y el Papa Inocencio VIII concedió indulgencia plenaria a los fieles que, con sus limosnas, ayudaran a reedificarla.

Gozaba dicha ermita de gran fama cuando se hizo convento, porque, apenas reedificada, en el año referido, llegó a ella cierto caballero que se dirigía al Santuario de Guadalupe, en Extremadura, a cumplir un voto; y apareciéndosele la Virgen en aquel lugar, le ordenó que no siguiera adelante, pues se daba por satisfecha de su visita; pero que en acción de gracias mandara pintar allí mismo una imagen de la Señora, según en el mencionado Santuario se venera. El Caballero quiso en el acto cumplir el mandato, teniendo la suerte de tropezar con dos mancebos, quienes se ofrecieron a ejecutar la obra, y lo efectuaron con tal arte, que dejaron en el muro preciosa imagen de la Virgen, de hermoso colorido y correcto dibujo, la cual fue admiración de cuantos la vieron, no tardando en adquirir fama de milagrosa, hasta el extremo de que el Obispo D. Iñigo Manrique, se vio en el caso de mandar al Provisor, en 1495, se asesorara respecto a los muchos milagros que se decía obraba la Virgen, ordenando a los párrocos administradores, con tal motivo, los sacramentos de Penitencia y Comunión entre sus feligreses.

Establecida la nueva comunidad, entre la que figuraron algunos hijos y parientes de los Condes de Cabra, se alzó junto a la ermita espaciosa iglesia, e incluida en su fábrica quedó aquella como capilla; pero cuadrando mal al orden del edificio la posición en que resultaba, se pensó en reformarla, tratando de vencer las dificultades que ofrecía el cortar y remover el muro donde la Virgen estaba pintada, lo cual dio ocasión a impaciencias y cavilaciones del alarife Benito de Mora, encargado de las obras, quien temía un desmoronamiento de la tapia que ocasionara la destrucción completa de la imagen. Coincidió con esto un ataque de parálisis que sorprendió al dicho alarife y obligó a suspender la obra por siete años, hasta el de 1617; recobró entonces aquél la salud, cosa que se tuvo por milagrosa, a causa de haber ofrecido antes a la Virgen que si lograba tal beneficio por su intercesión, no vacilaría en trasladar su imagen. Como lo efectuó seguidamente con toda felicidad, siendo Guardián del Convento Fray Andrés de Molina. Así se refería en unas antiguas tablas colocadas en la capilla de la Virgen, y que por su mal estado fueron retiradas de allí en 1858, dejando en su lugar copias literales de los escrito en ellas, hechas por D. Alonso Gilavert, y también lo confirma el tantas veces citado poeta Miguel de Colodrero en la siguiente composición que copiamos de su obra Divinos versos o Cármenes Sagrados.

DON DIEGO SANCHEZ PORTOCARRERO, Caballero de la Orden de Santiago, Administrador de Millones de las Villas de Cabra y Baena, y sus partidos,  por su Majestad, Regidor perpetuo del señorío de Molina, Capitán y Caudillo de su gente de guerra antigua.

A LA MILAGROSA IMAGEN DE Nª Señora de Guadalupe de Baena, y a su Capilla, edificada por Benito de Mora, por un milagro a que dio motivo el arrepentimiento de una impaciencia suya en  la fábrica, y mudanza de la imagen.

 

SONETO 

Que al primer Guadalupe este que adoro

sino en pompa en prodigios ha igualado

ya que vivientes lenguas no han bastado

las paredes lo dicen con decoro.

 

Entre antorchas de plata y luces de oro

se suspenda mi plectro mal templado,

por mi delito, si, desconcertado,

por tu milagro, ¡oh Virgen, si canoro!

 

Ya de un apóstol nos valió la duda

más que el creer de muchos, pues con ella

tocó la fe el milagro más divino.

 

¡Oh cuánto, Mora, tu impaciencia ayuda

la devoción de aquella imagen bella

pues a tantos milagros dio camino!
 

Siguió la comunidad de dominicos establecida en su convento sin contrariedades notables ni sucesos dignos de mención, hasta las inesperadas expulsiones impuestas por la invasión francesa en 1810 y la Constitución de 1820; ambas pasaron brevemente, y los frailes volvieron a poseer sus bienes y su convento hasta la expulsión general en 1835. El edificio tuvo después varias aplicaciones, según el tiempo y las ocasiones demandaban, hasta que fue derribado en 1855, conservándose la iglesia. Esta es, cual queda dicho, espaciosa, de una sola larga y elevada nave ojival, y nada ofrece de particular en su construcción, salvo alguna reja de las capillas del lado del Evangelio, que siendo obra del siglo XVI, se atemperan en su disposición al gusto plateresco.

Levantose el pavimento de la capilla mayor sobre algunas gradas que cortan por desdicha la estimable lápida sepulcral del enterramiento de los Condes de Luque, y en cuyas últimas líneas, de bella letra alemana, se ve la fecha de 1540; ofrece esta capilla muy interesante artesonado mudéjar de vistosos casetones formando estrellas, cuyos lechos o tablas de fondo, pintadas de azul sobre rojo, llevan ya dibujos platerescos, con lo cual revelan el prestigio de la tradición mudéjar que hemos reconocido en varias partes del Convento de Madre de Dios: pende del centro de la techumbre hermoso cupulino dorado de estalactitas, rodeado de otros ocho menores, que dan gran suntuosidad al conjunto, a lo cual contribuye la característica labro de las pechinas por medio de las cuales el cuadrado de la planta de esta capilla se transforma en un octógono, que es la figura que artesón afecta.

Grandioso retablo dorado y majestuoso, obra del siglo XVII, cubre todo el fondo de la capilla, y en al altar destaca la imagen de la Virgen con el Niño: a los lados hay dos tallas de Santo Domingo y Santo Tomás, ambas medianas, y en la parte superior un cuadro, bastante deteriorado y de mediana factura, en que aparece Jesucristo en actitud de arrojar un rayo a la tierra; a su lado la Virgen, y al pie dos devotos religiosos en oración, con los brazos extendidos como si pretendieran detener los efectos de la cólera divina: un lienzo, sin marco, en el lado de la Epístola, representa San Gonzalo de Amarante, siendo obra de muy escaso mérito.

En el muro del lado de la Epístola hay cinco altares, el primero de los cuales tiene una regular escultura de San Pedro mártir, y encima un cuadro que representa la Virgen con el Niño, figurando a su derecha San José y a la izquierda Santa Ana; el segundo, con una imagen de San Vicente Ferrer, mediana, y sobre ella un lienzo con la Virgen y el Niño en sus brazos; el tercero con la imagen de la Virgen de la Encarnación, obra de poco mérito, y encima un cuadro que representa la Sagrada Familia; presenta el cuarto un lienzo de Jesús Crucificado, llamado de la Buena Muerte, y a sus lados San Pedro y San Pablo, y el quinto además de la imagen de San Sebastián, que se dice perteneció a la antigua ermita, ostenta dos pinturas al fresco de San Antón y San Blas. Sobre la puerta del patio, se distingue un cuadro en la cual la Virgen impone a San Ildefonso la celestial casulla, escena que algunos ángeles presencian.

Al lado del Evangelio se encuentra, en primer término, un altar con la Virgen del Carmen, pintura moderna de escaso interés; otro altar, después con una pequeña escultura de barro del Niño de la Salud, y encima un cuadrito con Jesús Crucificado, la Virgen y San Juan a los lados, y la Magdalena a los pies, todo ello de mediana factura, y por último, otro altar con una menos que mediana efigie de Santa Rosa.

Tiene un camerín con la imagen de la Virgen dicha, escultura muy aceptable, aunque retocada por inhábiles manos, con lo que ha perdido bastante. La reina Dª Isabel II se inscribió como hermana mayor de la Cofradía de esta Virgen en 1857, y envió para ella con el Conde de Catres una corona, un cetro, un rosario y una media luna de plata: el mismo año se inscribieron también como hermanos de esta Cofradía el rey D. Francisco de Asís y la princesa de Asturias. Los cuadros que tiene esta capilla representan San Francisco, Santo Domingo, un apostolado y la Virgen de los Dolores, pinturas todas dignas de aprecio; además dos lienzos con Jesús y la Virgen, muy regulares, y en la parte superior del retablo principal un cuadro con un Crucifijo. En dos altares colaterales aparecen Santo Tomás y San Cayetano, esculturas menos que medianas, y en le frontal del altar de la Virgen, que es mármol de Cabra, hay esta inscripción:

LO DIO DON LVCAS DE LEÓN Y SALAS

Figura en sitio preferente del altar la imagen del santo, de poca estima. En la antecapilla, que revela mayor antigüedad, hay esta inscripción sobre la puerta de entrada: “Acabose siendo hermano Mayor D. Pedro de Padilla y Mayordomo Cristóbal de Salas.- Año de 1634.

Guardados en alacenas se conservan dos estandartes, uno blanco con medallón en el centro representando la Virgen del Rosario, pintura delicada, de buen dibujo y colorido, y otro rojo, con la Virgen y Santo Domingo, obra primorosa de no común mérito.

Enriquece y autoriza sobre modo esta interesante capilla, soberbio artesonado dorado y pintado, de tracería mudéjar, como el de la capilla mayor, el cual ostenta la inscripción siguiente:

Este techo se doró y pintó a devoción

de Juan Arrabal Javalquinto

Año de 1752

 

Suntuoso es el retablo, cubierto de relieves y fantasías propias del período de la decadencia (siglo XVII), guardando en la hornacina central, cerrada de cristales, la imagen venerada de la Virgen de Guadalupe con el Niño en brazos, pintada al fresco sobre el muro. Inspirada esta pintura en las tradiciones pictóricas de los tiempos anteriores, parece haber sido repintada después, y acerca de ella existe la tradición que ya hemos narrado, aunque no se compagine bien la fecha de su traslación con la de la construcción de la capilla, que es a todas luces muy anterior, pues corresponde, como menos, a principios del siglo XVI. Hay también en esta capilla dos cuadritos buenos en cristal, representando la Adoración de los Reyes y la de los Pastores.

Guarda la imagen de este santo y otra de la Virgen, ambas de escasa valía.

En el camerín ofrece a la adoración la imagen del Señor en la cruz, obra antigua y no falta de mérito: a sus lados hay otras imágenes de la Virgen de la Soledad, San Juan y la Magdalena, todas medianas, y un Niño Jesús llamado del Dulce Nombre, que en nada aventaja a las anteriores. De las paredes penden cuatro cuadritos, dos de los cuales son representaciones de la Virgen, y los otros dos de unas santas mártires.

Historia

Convento de dominicas de la madre de Dios

Entre el castillo y la parroquia de Santamaría la Mayor, en el centro de la Almedina, fue fundado el año de 1510 por el tercer Conde de Cabra y quinto Señor de Baena, D. Diego Fernández de Córdova, el Convento aristocrático de Dominicas de la Madre de Dios, obteniendo las Bulas del Pontífice Julio II, para esta fundación, Fray Domingo de Melgarejo, segundo General de la Orden en la provincia de Andalucía. Inauguróse la santa casa el día 7 de noviembre de 1511, viniendo seis religiosas del Convento de los Ángeles de Jaén, y entre ellas la señora Dª Juana de la Cerda, hija del fundador, quien fue la primera Priora.. El mismo día ingresó también en el convento una hermana suya, llamada Dª Brianda, niña de tan corta edad que no pudo tomar el hábito hasta el año de 1513, en que lo vistió con otra hija del Conde, nombrada Dª Ana.

Tres años después, siguió el ejemplo de sus hermanas la cuarta hija del fundador, Dª María, aportando muy pingüe dote, compuesta de todos los bienes que le correspondieron por herencia de sus padres. La Dª Brianda fue luego la segunda Priora del convento; y con tan buenos auspicios comenzó la casa, que extendiéndose su fama muy pronto por toda Andalucía, acudieron a ella virtuosas jóvenes de las más principales familias, así como varias nietas del fundador, con ricas dotes, que unidas a las concesiones y privilegios obtenidos de los Papas y de la familia de los Fernández de Córdoba, formaron pronto un sólido y extenso caudal, base del bienestar y desarrollo que gozó por muchos años la virtuosa y distinguida comunidad. De dos religiosas hacen mención las memorias del convento como modelos de virtud y santidad: Sor Francisca Cortés Y Sor Catalina de Jesús, quienes tomaron el hábito en 1582 y 1585 respectivamente.

Fue levantado el edificio sobre las ruinas de otras antiguas construcciones, acaso dependencias del castillo, que sirvieron quizás de alojamiento de tropas en tiempos de los musulmanes, pues las monjas dan el nombre de caballeriza de los moros a un salón bajo que está destinado a dormitorio de verano, y cuyo nombre viene por tradición conservándose entre ellas desde muy antiguo. Es la casa espaciosa, sana y ventilada, pero su construcción, en general, tiene poca solidez, y como las reparaciones que exige su conservación son muchas y costosas, las buenas madres ven que de día en día se desmoronan sus paredes y se hunden sus techos, sin poder remediarlo, reducidas a la estrechez en que viven, y que hoy es común a todas las casas de religiosas. Muy raro objeto de arte ni de valor conservan, pues todos los que tuvo el convento fueron cambiando de manos para remediar imperiosas necesidades, cosa que no siempre lograron por las dificultades que para mujeres tan apartadas del mundo ofrece la venta de tales objetos en su verdadero precio. Ni cuadros, ni alhajas, ni ricos tapices y muebles quedan ya en Madre de Dios; alguna colección de azulejos, no falta en absoluto de mérito conserva solamente como recuerdo de sus pasadas grandezas, y algunas reliquias de inapreciable valor moral, aunque de muy poco pecuniario en los materialistas tiempos que alcanzamos. El coro tiene un artesonado plano de casetones, obra del siglo XVI, una sillería muy apreciable también y algunas pinturas en tabla de bastante mérito, en un pequeño y primoroso retablo.

Contigua al solar del convento había, desde tiempos anteriores a la fundación de éste, una ermita dedicada a Santa Ana, que la comunidad adquirió más tarde, incorporándola al coro, en pieza separada, que hoy forma un salón amplio y no mal conservado.

No se encuentran en todo el edificio objetos ni inscripciones que recuerden lo que fue anteriormente, pues si algo quedaba allí de los tiempos de la dominación musulmana, sería destruido sin contemplación alguna por el horror que inspiraba a nuestros antepasados todo lo que a morisco oliera: sólo hemos hallado de épocas antiguas la columna pedestal romana de que ya hemos hablado en el capítulo II, y un capitel suelto de estilo latino-bizantino que estaba en el patio sirviendo de punto de apoyo a una pila. Es curioso ejemplar, que representamos en el grabado núm. 30, y que vendría al convento, como el pedestal, de las ruinas de Iscar probablemente. 

Más frecuentes, y no por ello menos heroicas, son las hazañas que tienen lugar en las algaradas fronterizas, sin ánimo de conquista, con el solo objetivo de debilitar al contrario. Unas veces son desafíos singulares o escaramuzas aisladas, que ponen de manifiesto el valor personal y el espíritu caballeresco, de las que Baena cuenta en su haber con un saldo favorable; otras son enfrentamientos armados, pequeñas batallas, como la de Albendín y Alcaudete en 1408, para rechazar un ataque musulmán. Los hombres de Baena se forjan en estas acciones, ganando un justificado prestigio en toda la frontera andaluza. 

La plazuela que entre el lado E. de aquel edificio y el castillo existe, era en otro tiempo, como ya hemos dicho, un mercado público, llamado de Arriba, y las vendedoras establecían sus puestos tan arrimados a las entradas de la iglesia que perjudicaban el recogimiento de los fieles en los Divinos Oficios, por lo que las monjas acudieron al Cabildo solicitando un pedazo de terreno de la dicha plazuela, para cercarlo, como atrio del templo, en la forma en que hoy le vemos, concesión que el Cabildo les otorgó en 23 de octubre de 1687.

Los Señores de Baena, muchas de cuyas hijas y parientas tomaron el hábito en este convento, obtuvieron una gracia especial para establecer comunicación entre aquél y su castillo, donde ordinariamente moraban; y al efecto, se abrió por encima del grueso muro que por el lado N. cerca la Almedina, un largo y estrecho pasillo cubierto en toda su extensión, que al llegar frente al convento, se comunicaba con él por un pasadizo que corta la calle, a buena altura, y que todavía existe con otro paralelo. 

La iglesia del convento es de una sola nave y tiene dos puertas al atrio referido, una de las cuales pertenece a la primitiva fábrica, obra del tiempo de los Reyes Católicos, y es la más inmediata al coro. De muy bellas proporciones, se forma bajo el dintel cuadriculado por un festón ondulante apogeado que interrumpe la rigidez del dintel: va flanqueada por dos haces de junquillos entrecortados por anillos, descansando sobre aquellos un cornisón con pomas y flores alternativamente: encima del primer cuerpo se alza otro con tres lóbulos inscritos en un rectángulo: la parte correspondiente al lóbulo central, que es el mayor, está verticalmente repartido en tres zonas, de las cuales la central, bajo el escudo dominico, ostenta el simbólico jarrón de azucenas: en las laterales, interiormente lobuladas, sobre repisas que asientan en el cornisón referido, destacan las efigies de la Virgen y el Arcángel Gabriel en el misterio de la Anunciación, y bajo los lóbulos laterales de esta especie de frontón, descuellan los blasones de la Casa de Cordova en sendos escudetes de relieve, mientras en las enjutas aparecen dos canes afrontados sentados y con las fauces abiertas, surgiendo de ellas dos antorchas, emblema de los sueños de la madre de Santo Domingo. Cierra este cuerpo superior otro cornisón moldurado sobre el cual se extiende graciosa crestería contenida entre los dos pináculos con que terminan los haces de junquillos que flanquean la portada y que suben hasta esta altura a través de los cornisones antes referidos. Como prueba de la influencia que en estos días del siglo XVI, en que fue erigido el convento, ejerció la tradición mudéjar en el arte de la carpintería, el techo que cubre el cuerpo del edificio que avanza sobre la portada es de bella tracería y digno de mayor estimación de la que generalmente obtiene; por desventura, toda esta portada está dolorosamente encalada, y el dintel se notan desperfectos. 

La otra puerta es de líneas clásicas, parece abierta ya en el siglo XVII y es su mérito muy inferior al de la primera.

La iglesia, muestra en algunas de las bóvedas la influencia del estilo ojival: aunque dolorosamente pintados, conserva varios retablos platerescos cubiertos de buenos relieves: la verja, que corresponde ya al siglo XVII, conserva la buena tradición plateresca, aunque desvirtuada, y consta de dos cuerpos de recios balaustres y friso moldurado y dorado: el segundo cuerpo, que es de poca altura, tiene a los lados dos círculos vulgares; pero la crestería que le adorna parece obra del siglo XVI, y se forma por dos candelabros a cada lado y contra postas doradas, cuyas volutas rematan en bellos femeninos mascarones, levantando sobre los ramos en que se unen a cada lado las contracostas del escudo de la Casa de Córdova, timbrado con su correspondiente corona. En la parte central de esta crestería se hace un atrio, calado, de frontón partido y labradas pilastras; en su centro destaca, de mayor tamaño que los anteriores, pintado y dorado, el escudo de la misma Casa fundadora, y de entremedidas de los dos trozos del frontón, se alza una copa y un candelero salomónico, sobre el cual abre sus brazos una cruz latina, obligando todo a pensar que esta parte superior de la verja o correspondió a otra anterior, o es obra de artista diferente del que elaboró los cuerpos inferiores que son de trabajo mucho menos esmerado y artístico. Da paso esta reja a cierta manera de crucero cuyos grandes arcos, tendiendo ya al medio punto, van recorridos por talladas flores cuadrifolias y estriban sobre pilares de haces de junquillos con capitel corrido de cardinas: los muros laterales de este crucero llevan un alto zócalo de azulejos de cuenca, vulgares en su especie: sobre los muros gira la linterna, que es posterior, de anillo formado por saliente moldurón, y en las enjutas surgen en alto relieve los cuatro evangelistas, al paso que sobre los pilares de arco toral, correspondiente al alter mayor, destacan, encalados y dentro de una corona láurea, los escudos de la Casa de Córdova en relieve. Colocado a mayor altura que la del crucero el presbiterio, dan acceso a él dos escalerillas laterales de mármol de Cabra. 

Es la capilla mayor de singular riqueza: formada su bóveda de doce cascos recogidos al centro por la entallada figura del Padre Eterno, en ellos aparecen, también de talla, en la parte inferior el apostolado, y encima, de menor tamaño, otros tantos ángeles en figuradas hornacinas conchiformes con los atributos de la Pasión. El retablo, obra de época posterior, es de alabastro, de frontón curvo, flanqueado de columnas con basas y capiteles de dorado bronce: un templete de líneas clásicas y frontón triangular, adornando con figurillas de bronce y columnas de alabastro, figura como sagrario en el centro del altar, siendo obra italiana del siglo XVI, regalada al convento por el Duque D. Antonio, que está enterrado en esta iglesia. Un cuadro al centro representa la Anunciación con un coro de angelitos en la parte alta, y al pie, dos religiosos de rodillas en oración.

En el lado del Evangelio hay dos cuadros de buen tamaño, representando el de la parte superior a San José con el Niño Jesús de la mano, y el inferior la Adoración de los Reyes. Alrededor de estos van repartidos diez cuadritos pequeños con pasajes de la vida de la Virgen, y más a la derecha, otros, de mayores dimensiones, en que también aparece Nuestra Señora con el Niño Jesús, en posiciones diferentes; y por último, un cuadro grande encierra quince pequeñitos con pasajes de la vida de un santo cenobita, correspondiéndose con otro idéntico que se encuentra en la pared frontera. Al lado de la Epístola figuran tres cuadros que representan la Adoración de los Pastores, Santa Ana con la Virgen Niña y Santo Domingo: alrededor diez cuadritos con pasajes de la vida de la Virgen; más a la izquierda otros tres cuadros con análogos asuntos, entre los cuales descuella uno en que Nuestra Señora aparece depositando al Niño Jesús en la cuna, pintura en que la cabeza de la Virgen resulta muy graciosa y de muy buen colorido; y por último, otro cuadro que representa a San Andrés. Todas las pinturas dichas son muy dignas de aprecio, aunque desconocemos sus autores, pudiendo afirmar que los dos cuadros de la Adoración de los Reyes y de los Pastores son de la Escuela Holandesa. 

Otro cuadro de mayores proporciones, si bien inferior en mérito, se encuentra en el altar colocado entre las dos puertas de entrada, y representa un milagro de la Virgen, quien apiadada de los ruegos y lágrimas de un fraile dominico, que quería ver y conocer tal como fue en vida a su santo fundador, alcanzó de la Divina Señora la gracia que pedía, y apareciéndosele ésta, cuando estaba en oración, acompañado de Santa María Magdalena y Santa Catalina, desarrolla esta santa un lienzo en el cual aparece retratado, al vivo, Santo Domingo, cuya figura muestra la Virgen extendiendo el brazo: el colorido y composición son muy aceptables, ignorando asimismo quién fuera el autor. Dos altares más hay en la iglesia al costado del Evangelio, con frontales de mármol de Cabra, que se colocaron en 1819, costando ambos 976 reales, y el mismo año se compró también una escultura del Beato Francisco de Posadas, que está en uno de ellos, en precio de 800 reales: en el otro altar existe una imagen de Santo Domingo, siendo ambas medianas en mérito artístico. 

Las inscripciones sepulcrales que hemos visto y copiado en todo el edificio son las siguientes: 

Dentro del coro, al pie del comulgatorio
AQVI HIAZE LA ILVSTRE
SEÑORA DOÑA JVANA DE LA
CERDA HIJA DEL 3º CONDE
DE CABRA EXEMPLO DE RELI
GION I BONDAN PRIMERA
PRIORA Y FVNDADORA DE ESTE
CONVENTO FALLECIO EN 13 DE
OCTVBRE DE 1546

En el mismo coro, y en el lado opuesto, hay esta otra lápida: AQVI HIACEN LAS ESCMAS SEÑORAS

DVQVESAS DE BAENA DOÑA FRANCISCA
FERNÁNDEZ DE CORDOVA, LA MARQVESA
DE ARDALES SOR ANA DE JESVS MARIA,
I DOÑA ANA DE TOLEDO SV HIJA, I SOR
ANA DE LA CRVZ, HIJA DE LOS MARQVESES
DE PRIEGO, I SOR MARIA DE SANTO
DOMINGO, I SOR CATALINA DE JESVUCRISTO.
AÑO DE 1634

En la iglesia, debajo de la reja derecha del coro, en el suelo:

S. DEL DOTOZ A
LONSO FEZN
ANDEC MAZI
HICA FAMILI
AZ DEL SANTO
OFICIO I SVS
EZEDEZOS

Entre las dos gradas que dan acceso al presbiterio, se ven tres hermosas lápidas verticales, de mármol negro. La del centro dice de este modo, deshechas las abreviaturas, que son muy numerosas y que no puede reproducir la imprenta:

D. O. M.

ANTON. CARD.ª ET CORD.ª FERD ALMIRAN.
NEAPOL. ET BEATRICIS DE COR. GONSALVI. M. DV-
CIS NEPTIS ET HAEREDIS FIL. SVES. VAEN. SV-
MME DVX AEGABRI PALAMENT. OLIVETI. COMES
HIC. SIT. EST. TITVLOS NE NVMERA. VETERES LE-
CTOR HABET SVOS. ANN. XIV LEGATIONE AD PONTI-
SIX. V, VRB. VII, GREG. 14. IN IX. CLEM. VIII. FVNCT. PRIMARIA INSIGNEM
CHRISTIANAE REIP. ET DVOB. REGIB. PHIL. II, AC III. NAVAVIT
OPERAM. EVOCAT. INDE AD REGNORVM CONSILIA MARGARITAE REG.
SVM. DAT. ET MAGISTER DOM. QB. IN MVNERIB. DECESSIT E
VIVIS VALISOL. VIII ID IAN. AN. FVNDATAE SALVTIS M. DC. VI AETA-
TIS SVAE LV. VIR INTEGRITATE REI G. PRVDENT. SINGVLARI ARTIVM PACIS
AC BELLI SCIENS. HIC HC CONDITVM GLORI INMORTALITATIS FRVETVR

A Dios Óptimo, Máximo.

Aquí yace Antonio Fernández de Córdova y Cardona, Almirante
de Nápoles, Duque de Sessa, de Baena y Soma; Conde de Cabra,
de Palamós y Olivito; hijo de Beatriz de Córdova, nieta y heredera
del Gran Capitán Gonzalo. Sin contar los antiguos, aquí tienes,
lector, títulos suyos: desempeñó durante catorce años principal
legación cerca de los Pontífices Sixto V, Urbano VII, Gregorio XIV,
Inocencio IX y Clemente VIII. Prestó grandes servicios a la cris-
tiandad y a los dos Reyes Felipe II y Felipe III. Llamado desde
allí a los Consejos destos Reinos, fue Limonero Mayor y Mayor-
domo de la Reina Margarita, en cuyos cargos falleció en Valladolid
a 6 de Enero de 1606, a la edad de cincuenta y cinco años.
Fue varón de justa integridad y de singular prudencia, conocedor de las
artes de la paz y de la guerra. Sepultado aquí, gozará de la gloria
de la inmortalidad.

La lápida del lado del Evangelio tiene esta inscripción, y corresponde, según ella expresa, a la esposa del Duque nombrado en la anterior, el cadáver del cual fue trasladado desde Valladolid a Baena algunos años después de su muerte, como ya hemos dicho en otro lugar de este libro:

D. O. M.
IOANNA CORDVBA ET ARAGONIA
SVESSAE AC VAENAE DVCISSA
ANTONII CONIVX
DIDACI A CORDVBA MARCHIONIS COMARENSIS
ET IONNAE ARAGONIAE DVCISSAE SEGORBIAE ET CARDONAE
FILIA ;
MORTALITATIS MEMOR
TVMVLVM PROPE VIRVM SIBI PSVIT VIVENS
PRAETERITAE MONVMENTVM SOCIETATIS
QVAE SYMBOLVM
QVAE SPERATVR
ANNO POST CRHISTVM NATVM M. DC. XV.

A Dios Optimo, Máximo
Juana de Córdova y Aragón, Duquesa de Sessa y de Baena,
esposa de Antonio Diego de Córdova, Marqués de Comares, e hija
de Juana de Aragón, Duquesa de Sgorbe y de Cardona, acordán-
dose de la muerte, dispuso, en vida, junto al de su esposo, un
sepulcro que fuera monumento de su ya pasada sociedad conyugal
y a la vez símbolo de la eterna que espera. Año del nacimiento de
Jesucristo de 1615.

La tercera lápida que se encuentra al lado de la Epístola dice de este modo:

P.AE C.AE V.º

ACCEDE VIATOR ATTENTE.
QVOOD ES FVIT ILLE NON SEMEL VIR Q. FVIT ADVERSARIS
SDYNASTES HORRIBILIS M. SECUND DVX ILLE INQ. GVNDI-
SALV. FER. DE COR. QVEM CLARISSIMI ANTON. ET IO-
ANNA GENVERVNT PARENTES. INGENTES TRIVNPHOS,
DIGNITATES MVLTAS, TITVLOS DIVERSOS, NON
PAVCAS PRAEFECTVRAS VIV. OBTINVIT, COELO PRO-
PITIO CALCAVIT SOLVM, SALVMQ. SVLCAVIT NON AETA-
TE SED VIRTVTV. PLE, MOTALVANI IN CELTIBE-
RIS. AN. CHRISTIANO M. DC. XXXV. XIV KALENDAS
MARTIAS E VIA TRANSIT AD PATRIA. EI. CADAVER HOC
MARMORE INCLVSVM. TVBA CANENTE DONATV RESVRGET.
ERIS QVOD EST. ORA MENTO.

Al Dios Verdadero de la Patria Celestial.
Acércate caminante y lee con atención.
Lo que eres el fue: aquel Príncipe que no una sola vez se mostró
Varón terrible para sus adversarios, aquel, repito, “Segundo Gran
Capitán”Gonzalo Fernández de Córdova, a quien engendraron
Antonio y Juana, clarísimos padres suyos. Obtuvo en vida ingentes
triunfos, muchas dignidades, títulos diversos y no pocas prefecturas.
Con la ayuda del cielo recorrió la tierra y surcó los mares. Lleno,
Si no de edad, de virtudes, pasó a mejor vida, en Montalbán, en la
Celtiberia, el año de Cristo de 1635, a 16 de Febrero. Su cadáver,
Sepultado bajo este mármol, resucitará al sonido de la trompeta.
Serás lo que él es. Ruega y acuérdate de él.

A los pies de la iglesia, adosada al muro del comulgatorio, existe otra lápida que, dentro de un cartelón, en capitales latinas, dice:

SISTE GRADVM FIGE PEDEM
EN D. FRANCº DE MENDOZA QVODA EOS. PALENTINVS
ET D. FR. FRANC. DE LA CERDA QVODA EPS. CANARIENSS
ET D. FR. MARTINº DE CORDOBA QVODA EPS. CORDVBESS
TVMVLO ISTO LACET. HEV : QVID VLTRA
DEO INMORTALI SIT GLORIA ET IPSI REQVIESCANT IN PACE

Detén tus pasos.
He aquí a D. Francisco de Mendoza, Obispo de Palencia
y a D. Fray Francisco de la Cerda, antes Obispo de Canarias y
a D. Fray martín de Córdoba, en otro tiempo Obispo de Córdoba,
que yacen en este sepulcro. ¡Ay! Que más. Sea dada gloria a Dios
inmortal y ellos en paz descansen.

Historia en verso

Cueva del yeso

La cueva está constituida fundamentalmente por sulfatos de calcio hidratados (yeso), este tipo de materiales forman parte de las rocas evaporíticas y se forman por precipitación química en el fondo de mares y en las zonas continentales por la evaporación rápida del agua de lagos con una alta concentración de cloruro de sodio (sal común).

 

Alrededor del 29% del territorio español está ocupado por rocas potencialmente kartificables, lo que supone 110.000 Km2 de rocas carbonatadas y 35.000 Km2 de materiales evaporíticos.

El interior presenta un sistema de galerías en forma de laberinto y con distintos niveles. Además muestra dos bocas de entrada: una superior que ha representado la vía de exploración que se ha realizado desde siempre, que reside en una antigua tigua surgencia fósil19, con una dimensión circular de 89 cm de alto por 1 metro y 40 centímetros de ancho; la otra entrada, la inferior, es una entrada semiartificial, se trata de una antigua entrada que en la actualidad se encontraba tapada por procesos naturales, que una vez abierta y con el acondicionamiento necesario permite la entrada del público en general.

En la parte superior nos adentramos por una galería en forma de bóveda y nos sitúa al pie de nuestra primera dificultad, el paso de la “S” no acto para personas con claustrofobia, ya que este conducto presenta unas dimensiones de 55 centímetros de ancho por 38 centímetros de alto.

 

 

Pasada esta galería, se ensancha y se hace más cómoda reencontrándonos de nuevo con un conducto de bóveda sobre el que se puede apreciar una litología heterogénea, cuyo techo tiene forma de meandro, que desemboca a su vez en el paso de una grieta donde se pueden observar un conducto de bóveda. Además, se abre en el suelo una grieta con una profundidad de 5 metros.

Pasada esta y tras ascender por una rampa, nos situamos en la sala del caballo donde se puede apreciar en su techo un magnífico ejemplo de brechificación22. Desde este lugar y tras realizar el paso del caballo, descendemos por una rampa de unos 10 metros de longitud que nos sitúa en la entrada de la galería llamada del “Chorizo”. El inicio de esta galería se caracteriza por presentar un contacto entre materiales de yeso y calizas. Además aparece en todo su recorrido una cresta de arcilla, de naturaleza antrópica23, que en la base de ésta se ha desarrollado a fuerza de pasar de rodillas. Esta galería cuenta con más de 30 metro de recorrido, con una anchura y altura inferiores al metro.  

El final de esta galería viene marcado por un resalte de unos 4 metros. Transcurrida ésta, nos encontramos en la galería del laminador, encontrando dos elementos nuevos hasta ahora inexistentes en el primer tramo de desarrollo de la cavidad: • por una parte, una gran ramificación que experimenta la cueva con galerías en todas direcciones y un desarrollo de meandros desfondados que nos permiten acceder a las zonas medias de este complejo subterráneo; y por otra parte, siguiendo en esta misma galería sin tomar ninguna bifurcación, nos encontramos en la cabecera del mayor pozo de esta cueva, con una caída en vertical de 7 metros. 

 

 

Las siguientes galerías, las llamadas: del Balcón, Desengaño, el lago Oculto y el lago del Titanic, y del lado este de dicho lago, parte una galería recién descubierta a la que se puso el nombre de Agundo. Finalmente, el recorrido de la cavidad se culmina con la galería de los sedimentos.

Retrocedemos y retomamos la galería del Laminador. Al final de la misma encontramos un meandro desfondado muy estrecho de unos cuatro metros de profundidad. Una vez hayamos descendido nos sitúa en la llamada galería del Tobogán. A partir de esta zona, se localiza la parte más laberíntica de esta cueva. Bajado el tobogán y tras pasar unos pasos estrechos avistamos el lago de los Niphargus, bautizado con este nombre, por haber sido capturados varios ejemplares de esta especie. 

Desde este lugar parten conductos a todas las direcciones, situándonos en la sala del pozo, cuya base está constituida por un caos de bloques, producto de la puesta en equilibrio de la bóveda del mismo.

En esta ubicación, nos situamos en dirección noreste, encontramos la galería Ramírez, otro de los espacios descubiertos como resultado de la desobstrucción practicada en la zona, se trata de una galería de unos 60 metros a lo largo y donde se localizan tres lagos. Volviendo al punto de partida, la base del pozo, lugar donde termina hoy en día la visita turística de la cavidad, seguimos por los sumideros altos. Poco antes del inicio, encontramos un pequeño tubo colgado a un metro del suelo, conocido como galería G.A.E.A., en la que se puede apreciar una columna, única formación de naturaleza espeleotema de este tipo conocida en todo el sistema.

A continuación retomamos los sumideros altos, con un recorrido de unos 25 metros, al final de los cuales encontramos la sala de la tortuga, en cuya base se encuentra el lago de los sumideros. Retomando la galería superior en dirección suroeste, en este tramo son muy características las formaciones de Pendants que cuelgan de los techos, en este punto nos encontramos en la galería de V, de esta parten dos galerías colgadas, cuya característica fundamental es el alto nivel de formaciones cristalinas, siguiendo el itinerario turístico, encontramos la sala de cristal, donde se dan algunas de las más altas concentraciones de cristales de yeso de todo el conjunto. Tras pasar el puente, llegamos a la Sala Grande, desde este lugar hasta el final hay una subida para llegar a la Sala de las Raíces, que coincide con la última estancia de la galería y de la cueva, y representa el punto de partida para la visita turística.