PROLOGUS BAENENSIS 3
Artículos
Faustino Martínez Martínez (Universidad Complutense de Madrid):
- La crítica al sistema jurídico del derecho común en el Cancionero de Baena. Siglo XV.
La boda de Alfonso Álvarez de Villasandino
LA BODA DE ALFONSO ÁLVAREZ DE VILLASANDINO: CELEBRACIÓN Y REIVINDICACIÓN LABORAL
– Joaquim Ventura Ruiz (Sección de crítica de la Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega)
En el corpus lírico conservado de Alfonso Álvarez de Villasandino -223 canciones, de ellas 6 de autoría probada y 4 de atribución dudosa no incluidas en el manuscrito de París del Cancionero de Juan Alfonso de Baena– las composiciones vindicativas de su condición profesional son nada menos que 69, un 30% aproximadamente.
En un trabajo anterior, de ámbito más amplio,[1] ya habíamos incluido, junto a las de otros poetas, las reivindicaciones profesionales hechas por Alfonso Álvarez de Villasandino mediante la poesía. Encarar tal cantidad de composiciones exigiría un espacio del que no disponemos, por lo cual nos centraremos en un miniciclo que participa de una dimensión amorosa y de otra satírica: su boda con doña Mayor, el segundo matrimonio para el poeta. Tratan este asunto, de una u otra manera, las canciones que aparecen ordenadas con los números 5 (ID1151),[2] 6 (ID1152), 111 (ID1251, R1250), 112 (ID1252, R1251), 113 (ID1253, R1252), 114 (ID1254, R1253), 148 (ID1288), 222 (ID1362) y 223 (ID1363).
La primera de las cantigas es una de las dos que dedicó a su segunda esposa, rubricada explícitamente de la siguiente manera: «Esta cantiga fizo el dicho Alfonso Álvarez por amor e loores de su esposa, la postrimera que ovo, que avía nombre Mayor».[3] Encabeza todas las estrofas con el nombre de su esposa, Mayor, en coblas capdenals, en condición homónima como adjetivo aplicado a «gozo aventajado», «alegría estraña», «onra», «viçio», como adverbio «mayormente» y como predicativo de «mi deseo». En la canción, que dirige a un hipotético auditorio de amigos, manifiesta sentirse el hombre más feliz del reino («que non tiene otro serviente de mi estado en toda España») y de igual manera confiesa que ha ganado en honra y bienestar («onra e más folgança»); en placer («viçio con firmeza»), gracias al semblante de ella y que fueron su rostro, su garbo, su hablar y su donaire lo que le ganaron («el mi coraçón vençió», «d’esta flor que me forçó») y le reconfortan («me faze bevir penoso»).
Pero la otra cara de la moneda la encontramos en la canción siguiente, en la que se dirige al mismo público que en la anterior. A ello ayudan los versos cuatrisílabos, frente a los cuales destacan los refranes rimados, y sobre todo la rúbrica, que dejaría bien a las claras la intención del autor: «Esta cantiga […] fizo e ordenó el dicho Alfonso Álvarez a su muger después que fue casado con ella; por quanto paresçe por la dicha cantiga, él fue repiso del casamiento e más la quesiera tener por comadre que non por muger, segund la mala vida que en uno avían por çelos e vegez e flaco garañón».[4]
Sin embargo, si comparamos la rúbrica con el contenido, aquella más parece fruto del delirio del antólogo, como sucede en otros pasajes del cancionero,[5] pues en sus versos Alfonso Álvarez no hace la más mínima insinuación al respecto sino que, contrariamente, toma el motivo del amor por su esposa y lo adapta al tópico de la coita de la lírica amorosa gallego-portuguesa. Así, todo lo que le aporta de bueno se le vuelve en contra («por ser leal / resçibo mal / donde plazer atendía»), frente a lo cual debe dominar el enojo que le provoca la cuita (es decir, el sentir o tener amor) puesto que al final de sus días encontró lo que buscaba: «pues que fallé / lo que busqué / en la mi postrimería». Un hallazgo hecho tras una vida porfiando locamente por el amor («Desque nací,/ siempre seguí Amor e fiz’ follia»),[6] por lo cual aconseja no seguirlo («Faz’ gran error / quien por Amor / todos tiempos se guía») y, en caso de no conseguirlo, no dejarse vencer por el abatimiento que la cuita provoca: «mas la color,/ de tal dolor / es mostrar alegría».
La celebración de tales amores, la boda, le supondría unos gastos que Álvarez de Villasandino, poeta cortesano, no podría asumir con garantías. Para ello necesitó acudir –ni que fuese en apariencia o como juego lírico- a la merced de quienes le rodeaban y a vigilar la lista de sus invitados, si consideramos los mecanismos metafóricos de la sátira literaria. En ese sentido, Álvaro de Cañizales compuso una sentencia (la canción 111) que podemos sospechar encargada por el Adelantado Perafán si atendemos la canción siguiente a manera de respuesta. En ella, el autor dice que intercede en su «caso apurado» a manera de árbitro («por alcalle arbitrador / me pongo sin ser llamado») y vista la situación, condena al demandante a darle «un balandrán enforrado / que llegue fasta el tovillo, […] de buen vino colorado […] lleno un baxillo / e del trigo redondillo / vos tenga bien abastado», motivado todo ello «porque soes enamorado».[7]
Álvarez de Villasandino habría replicado con la composición que figura a continuación, hecha «contra el dicho Adelantado Perafán, la qual es muy bien fecha e sotilmente ordenada por los mismos consonantes que va el primero dezir, e assimesmo satisface a todos los motes qu’el Adelantado le propuso en sus respuestas».[8] El autor critica al Adelantado la indiferencia que ha mostrado ante su enlace («para yo fazer mi boda poco avedes ayudado»)[9] y apela a que sea su hijo Diego quien le pague «millar e medio juntado para el año que verná».[10] De nuevo echa mano del refranero para afirmar que «más val’ pardal de mano que buitre muy embolado» y pone como ejemplo el regalo de un anillo que le hizo Pero Carrillo o como «Pero López de Ayala […] me mandó una gualdrapa»,[11] amén de otros.
Por encargo atendido por Ferrán Pérez de Guzmán, el Adelantado replica aconsejando a Alfonso Álvarez («mi amigo desposado») que no hay porque atender a quien se mete en faena («quien se casa o quien se enloda o quien sus majuelos poda»)[12] y que por ello no ha de atender ningún pago y menos tener que hacer como Pero Carrillo («esse gentil cabdillo») o Pero López de Ayala («de respuesta buena o mala / que vos diesse mi cuñado»).[13] Con todo, le anima a no desfallecer pues de la unión con esa monja no saldrá desnudo («yo bien creo que de aquessa / noble e gentil professa / non saldredes denodado»).
Segunda réplica de Alfonso Álvarez que viene encabezada por una rúbrica que, entre otras cosas, dice que a la vista del comportamiento del Adelantado, a quien había invitado a su enlace, «por quanto el dicho Adelantado non le fizo ayuda, descombidólo». En ella responde que «de la pobreza reniego», igual como hace de quien nunca tendrá fama de generoso, en la certeza que la despreocupación del Adelantado le permitirá disfrutar del próximo verano: «bien creo que este verano / folgaredes gordo y sano / en Toledo e bien bañado».[14] Acaba, después de diversos envites por su tacañería, renunciando a cualquier consejo que le quiera dar y vivir el resto de su vida en compañía de su mujer: «Non quiero ser consejado / de señor tan miserable, mas bevir en lo fincable, de muger acompañado».[15]
En un registro parecido, Álvarez de Villasandino se dirigió a Juan Hurtado de Mendoza, Mayordomo del rey, en la composición numerada como 148, en busca de ayuda. No lo dice la rúbrica pero lo deducimos fácilmente por el texto de la canción cuando dice: «Por ser desposado / querría, cuitado,/ ser çedo casado / aviendo merçedes del alto ensalçado».[16] Sin embargo, y con un tono de burla no disimulado, añade que no se preocupe, que ya se siente pagado en su soledad: «[…] non vos enogedes / nin ya non tomedes / por mí más cuidado. / Que yo soy pagado,/ por non ser velado,/ de estar apartado / entre estas paredes».[17]
También apeló al rey, «faziendo saber a su merçet en cómo era desposado», dice la rúbrica.[18] Después de una alabanza a la real persona, Alfonso Álvarez le comunica al rey su enlace («Dios e mi ventura e fado / quesieron, señor, notad, que yo fuesse en tal edat / nuevamente desposado»)[19] con una señora de buenas reputación y familia, («buena e de buenos parientes») y que suyo será a pesar de ciertas habladurías («aunque pese a maldizientes,/ suyo só e seré de grado»), para lo cual le pide ayuda: «fazetme merçet e ayuda / con que pueda ser casado».
Insiste Alfonso Álvarez (en la canción numerada como 223) en la reclamación de la solicitud anterior y con referencia a la que hizo a su mayordomo, Juan Hurtado, mencionando las formas poéticas usadas («la una como discor,/ la otra como deslay»)[20] y reclamando ayuda para que se pueda confeccionar la librea de casamiento o que el rey le preste la suya: «vestidme de verdeguay / o de lira o de contray / de qualquier fina color. / Gentil Rey, vuestra librea / sobre mí ponga en tal».
De todo ello podemos sacar algunas conclusiones (y abrir alguna que otra especulación) pero antes convendrá situar quien fue cada quien. En cuanto a la ordenación de las canciones, puede sorprender la distancia que existe, en cuanto a su colocación en el cancionero, entre las dos primeras composiciones referidas a la segunda mujer de Álvarez de Villasandino, Mayor, y las canciones de reivindicación económica. Cabría suponer que las primeras serían posteriores –o, al menos, simultáneas- respecto a las otras, que se agruparían en las canciones cruzadas con el Adelantado Per Afán de Rivera (111 a 114), la enviada a Juan Hurtado de Mendoza (148) y las dos dirigidas al rey (222 y 223). Tal circunstancia no sería ajena a las vicisitudes que habría sufrido el cancionero en su proceso de elaboración o de posterior copia.[21]
Yendo al contenido de las canciones, podemos suponer que la nueva esposa del poeta podría ser una religiosa si atendemos a algunas citas que en ellas aparecen. El primero en reconocerlo habría sido el propio Alfonso Álvarez cuando en la canción 112, en respuesta a la de Álvaro de Cañizales, dice: «Mi señor Adelantado,/ ya la fiesta se revessa, / atendiendo a la abadessa / a quien fui encomendado». Para los editores[22] sería «probablemente alguna pariente de la familia real. En su testamento, Enrique III dejó legados a doña Inés y doña Isabel, sus tías, de Santa Clara de Toledo y a “la abadessa e dueñas e convento de Santa Clara de Tordesillas”».[23] También se refiere a esta circunstancia, como ya vimos, Ferrán Pérez de Guzmán en la canción que hizo por encargo del Adelantado Per Afán, numerada como 113 y que sería contrarréplica a la anterior.
Pero, ¿quién fue o pudo ser doña Mayor? Es muy probable que se trate de doña Mayor Fernández Pecha, o de Guadalajara, hija de «doña Elvira Martínez de Mendoza, camarera de la reina doña María de Molina» y de «Fernán Rodríguez de Guadalajara, camarero del rey Alfonso XI»,[24] que tuvo por hermanos a «María,[25] casada con Pedro González de Mendoza; Beatriz […]; Alfonso, que llegó a ser obispo de Jaén,[26] y, sobre todo, Pedro, camarero de Pedro I, cargo que abandonó para fundar la orden de los jerónimos[27] […]», ha escrito Santiago Rodríguez Guillén.[28]
Notas
[1] Ventura Ruiz, Joaquim. «Trobadores, segreles y juglares: la profesionalización del espectáculo» en Martínez Pérez, A. y Baquero Escudero, A. L. (eds.), Estudios de Literatura Medieval. 25 años de la AHLM. Murcia: Universidad de Murcia, 2011, págs. 937-946.
[2] Este número de identidad corresponde al que B. Dutton dio a las composiciones incluídas en el Catálogo-índice de la poesía cancioneril del sigle XV en 1982 (Baena 1993:XXXVIII).
[3] Cancionero de Juan Alfonso de Baena, ed. de J. González Cuenca y B. Dutton. Madrid: Visor Libros, 1993, 17-18.
[4] Baena 1993: 18.
[5] Cf. Ventura Ruiz, Joaquim. «Garci Ferrandiz de Gerena: ¿una biografía poética falsa?», en Serrano Reyes, J. L. (editor), Cancioneros en Baena II, Actas del II Congreso Internacional”Cancionero de Baena”, Baena: Ayuntamiento de Baena, 2003.
[6] Baena 1993: 19.
[7] Baena 1993: 141.
[8] Baena 1993: 141.
[9] Baena 1993: 142.
[10] ¿No podría ser venrá?
[11] Baena 1993: 143.
[12] Baena 1993: 144.
[13] Baena 1993: 145.
[14] Baena 1993: 146.
[15] Baena 1993: 147.
[16] Baena 1993: 171.
[17] Baena 1993: 172.
[18] Baena 1993: 250.
[19] Baena 1993: 251.
[20] Baena 1993: 252.
[21] Baena 1993: XXVIII.
[22] Baena 1993: 143 nota.
[23] Baena 1993: 143 nota.
[24] Según L. de Salazar y Castro (Historia genealógica de la casa de Haro. Madrid, Real Academia de la Historia, 1959, 171), doña Mayor sería hija de don Fernán Rodríguez Pecha, señor de Atanzón.
[25] Heredera de los mayorazgos y riquezas de la familia (Herrera Casado, A., «Los Pecha de Guadalajara», 1978, www.herreracasado.com/1978/09/02/los-pecha-de-guadalajara/, consulta 28/11/2014).
[26] Guadalajara, 1330 – Roma, 1389. Sucedió al obispo Juan Lucronio, nombrado por el papa de Aviñón, pero por su minoría de edad no pudo tomar posesión. Lo hizo a la muerte del obispo Andrés, obediente al papa romano, en 1367. Año y medio después dejó el obispado y pasó a Roma (Gonzalo Argote de Molina, Nobleza del Andaluzia, (Sevilla, 1588, 256-257) y luego se unió a su hermano Pedro en la vida eremítica con la fundación de la casa que años después sería el monasterio de San Bartolomé de Lupiana y de la orden jerónima, aprobada por el papa Gregorio XI, de Aviñón, en 1373. La casa recibió diversas donaciones de los familiares de los fundadores y contó con la protección de los Mendoza y de la Corona (A. Herrera Casado, «Lupiana, monasterio jerónimo de San Bartolomé», www.aache.com/monaster/guadalajara_lupiana.htm, consulta 30/11/2014).
[27] S. l. 1326 – Guadalupe, 1402. Después de enviudar en 1366 sufrió una crisis de fe y decidió dedicar su vida a la oración y para ello se unió al grupo del Castañar, instalado en Villaescusa, y dos años más tarde se trasladó con su hermano Alfonso a Lupiana, donde su familia tenía diversas propiedades.
[28] Rodríguez Guillén, S., El Monasterio de Santa María la Real de Tordesillas (1363-1509), tesis doctoral. Universidad de Alcalá de Henares, 2010, 311 (edición digital en dspace.uah.es/dspace/bitstream/ handle/10017/10041/SANTACLARADE TORDESILLAS.pdf?sequence=1, consulta 28/11/2014).
Peleas de "gayos" en el Cancionero de Baena: definición, tipología y poética del dezir lúdico
PELEAS DE “GAYOS” EN EL CANCIONERO DE BAENA: definición, tipología y poética del dezir lúdico
– Sara Ortega Sierra. Lee University
Peleas de "gayos" en el Cancionero de Baena: definición, tipología y poética del dezir lúdico I
Resumen/Abstract
En sus propuestas definitorias del dezir castellano, el medievalismo tradicional hispánico ha incurrido en el descriptivismo en lugar de un real intento de teorización, y ha recurrido a enfoques temáticos irrelevantes para un género poético tan “camaleónico” como éste, que incluye desde obras cómicas, religiosas, satíricas, líricas, panegíricas, moralizadoras y lúdicas, hasta poemas doctrinales y políticos. La crítica ha destacado, pues, aspectos como la ausencia de melodía y la métrica “abierta” –que distinguirían al dezir de los géneros cancioneriles musicalizados y de métrica “fija” como la cantiga y la canción– el didactismo y su rancio carácter moralista [1]. En tanto que el corpus textual ha sido vertido en el “cajón de sastre” literario de las obras (mal) llamadas didáctico-morales, el humor y la risa, en cuanto a ellos, han sido desterrados de los estudios sobre esta poesía, siendo obviado que el dezir no sólo es Gaya Ciencia, sino también “arte gayosa”, o sea, “arte de hacer reír”.
Abriendo aquí un paréntesis, es menester aclarar de inmediato que este estudio no apunta a invalidar la transmisión de una enseñanza, o aleccionamiento[2], como un criterio formal del género poético que nos ocupa. En efecto, en la definición poiética del dezir –esto es, depurada en lo posible de criterios temáticos– que propusimos en nuestra tesis doctoral, quedaron reseñados cinco criterios formales dominantes en estos poemas y, entre ellos, se incluía la enseñanza al lector [3]. Ahora bien, dicho criterio aleccionador tuvo que ser matizado ante la existencia de un corpus impresionante de dezires lúdicos, cómicos, líricos, laudatorios, satíricos, paródicos y de invectiva, que no imparten una enseñanza ni tampoco apuntan a cambiar una conducta errónea o inmoral del lector.
La emergencia del dezir lúdico, un subgénero que, al no ser didáctico, es “disidente” con respecto al dezir prototípico y sus criterios formales, se puede explicar con una evidencia. La producción material de todo género literario está supeditada tanto a factores contextuales –históricos, literarios y socioculturales– como al “horizonte de expectativas” del público que lo recibe. Por una parte, los cancioneros cuatrocentistas, y entre ellos el Cancionero de Baena (= CB) [4] , eran códices áulicos en su gran mayoría, lo que significa que se destinaban a un público para quien la enseñanza y/o la moralización quedaban relegadas en un segundo plano[5]. Por otra parte, cabe tener en cuenta que el CB (c. 1445) en particular sale a la luz en un contexto socio-literario en el que tanto la literatura bufonesca como la figura del bufón de corte (loco) estaban en pleno auge. Incluso, el estudioso Francisco Márquez Villanueva le confiere al compilador, Juan Alfonso de Baena, el título de “iniciador de una literatura bufonesca que ya era consciente de sí misma”, lo cual explicaría, en dicha antología, el predominio de la temática bufa sobre la cortés o la religiosa, y la abundancia de dezires lúdicos[6]. Estos textos, cuya meta consiste en reconfortar y hacer reír al destinatario, eran remitidos a personajes de alta alcurnia sumidos en alguna aflicción personal o espiritual; y, en un trance como éste, parece legítimo dudar que recibieran con agrado una obra doctrinal o moralizante –y aún más que pagaran por ella.
Los dezires lúdicos, obras al gusto de los letrados, también tomaban la forma de riñas y torneos literarios regidos por leyes de escritura similares a la pregunta de raigambre doctrinal, filosófica o casuística (un género poético ampliamente estudiado por José Labrador y Antonio Chas Aguión)[7], la cual, por su carácter dialogado, requería una respuesta. Brotados de plumas picantes y pícaras, los dezires lúdicos constituían unos desafíos poéticos (reqüestas) en los que un dezidor parodiaba la obra de un compañero con fines humorísticos y como espectáculo para divertir a la corte. La reqüesta, al igual que la pregunta, también demandaba una respuesta que probara tanto la creatividad literaria como la agudeza verbal del poeta atacado. Y, por último, tenemos los dezires de invectiva, textos que se alejaban del protocolo y la lisonja cortesana, y cuyo objetivo era “picar en lo vivo”, o sea, lanzar un ataque virulento de modo crítico o burlesco contra individuos.
Tanto la perenne teoría del carácter didáctico-moral del dezir así como la carencia, en el campo del medievalismo hispánico, de un estudio dedicado al dezir lúdico y su tipología, nos instan a definir los contornos borrosos de este género poético y distinguir dos subgéneros que lo componen: el dezir gayoso y el dezir de invectiva. Más adelante, propondremos una reseña de la poética del humor y del decoro vigente en estos poemas, basada en las indicaciones del compilador Juan Alfonso de Baena en los paratextos de los poemas (‘rúbricas del CB’) y los metatextos (‘comentarios in texto sobre el texto’) de los dezidores en sus poemas.
El dezir como “arte gayosa”
La intención humorística y la jocosidad del dezir son certificadas, en más de una ocasión, de la propia mano de los dezidores. Villasandino, por ejemplo, hace hincapié en su intención de hacer carcajearse al lector de uno de sus dezires (CB n° 196), al usar la voz “reír” tanto en imperativo en el incipit del poema, cuya rima sirve de estribillo, como en un mazdobre (‘repetición de un verbo en varios tiempos y modos’) en la segunda estrofa: “Gentil de gran coraçón/ reíd con tal repullón/ […]/ Reíd, como ya reístes/ de mis locuras que oístes” (§ 1ab y 2ab). En otro dezir de Villasandino (CB n° 142), el poeta revela la meta hilarante –aunque algo mórbida– de redactar el testamento del judío Alfonso Fernández Simuel: “O reíd como reístes/ siempre de su desat[i]ento/ oyendo su testamento[8]”. Por último, en la finida de un dezir de Baena dirigido a Álvaro de Luna (CB n° 453), la voz poética enuncia que su meta es hacer reír al destinatario, quien, en este trance, no se encontraba bien ni tampoco estaba de buenas. Y es que, al darle la vida “una de cal y otra de arena”, don Álvaro, víctima de una fiebre cuartana en el mismísimo año de su ascenso, tuvo que trocar el sitial de todopoderoso privado por un lecho: “Señor, con triaca e flor de açuzena/ compus’ estos metros por arte gayosa/ a fin que riades, e más otra cosa […][9]”. En estos versos, observamos que Baena juega con la expresión anfibológica “arte gayosa”, la cual no sólo se podría leer como “Gaya Ciencia” sino también como “arte de hacer reír”. Dicha asociación conceptual entre poesía/ risa funciona, en efecto, al rescatar el sentido etimológico del provenzalismo “gayosa” (gaudium> gauy> gai) que significaba “alegre”, “jubiloso” o “jocoso”.
Ahora bien, si, en palabras de Kurt Spang, “lo cómico es fruto de la imperfección” y la risa un fenómeno psicosomático específico del género humano (homo ridens), también hay risas que no son cómicas, como la risa boba o la dolorosa, la sarcástica o la diabólica. El filósofo Alfonso Fernández, a su vez, rastrea algunas teorías sobre el origen y la esencia de la risa, y crea una tipología que constituye un instrumento teórico aplicable el dezir lúdico[10].
| TIPO DE RISA
| RELACIÓN SUJETO/ OBJETO
| FUNCIONES
| RESULTADOS
|
| Dominación
| Sujeto ≥ Objeto
| Demostrar la superioridad del reidor sobre el otro
| Afirmación ontológica del sujeto frente al otro
|
| Castigo
| Sujeto ≥ Objeto
| Pragmática: educar, edificar e incitar un cambio de actitud en el otro
| Forma de aprendizaje (castigat ridendo mores)
|
| Compensación
| No aplica
| Compensar el sufrimiento y el dolor.
| Descarga emocional, alivio de la angustia y la tensión
|
| Liberación
| Sujeto = Objeto
| Mecanismo de defensa neurofisiológico ante una amenaza o la frustración. | Proteger al sujeto ante la amenaza y la frustración |
La tipología de la risa supra puede ser completada con los postulados de Eugène Dupréel, quien, desde un punto de vista sociológico, define la risa como un fenómeno colectivo, esto es, “una exteriorización fehaciente de nuestra condición de ser social” y “una reacción del individuo frente a la colectividad o viceversa”. Este factor permite diferenciar, por ende, lo que Dupréel llama la “risa de inclusión” y la “risa de exclusión”, o, dicho de otra forma, se distingue entre la risa de complicidad y de superioridad, y entre la risa de defensa y de agresión[11]. Por ejemplo, en los dezires de Villasandino y de Baena citados anteriormente (CB n° 453 y n° 196), los poetas pretenden confortar al Condestable convaleciente y arrancarle una carcajada cómplice, una “risa de compensación”, en medio de su aflicción. No obstante, los dezires de invectiva, que estudiaremos más adelante, constituyen un ataque directo crítico o burlesco contra individuos, a la vez que provocan una “risa de dominación” hiriente y excluyente para la víctima.
La risa de complicidad
Por lo general, los dezires gayosos son dirigidos a cortesanos, y, como es el caso de todo texto de mecenazgo, estas obras tienen como oblicuo objetivo la obtención de un galardón, una dádiva o un favor. En ellos, el poeta no pretende injuriar, ofender o escarnecer al destinatario, sino divertirlo, aligerar sus pesares y confortarlo ante una aflicción física o espiritual. La risa cómplice que brota de la lectura de estos poemas tiene, pues, una función terapéutica fisiológica y/o psicológica. En efecto, el poeta distrae al prójimo ante la desgracia, la ansiedad o un asunto serio pendiente, a la vez que le permite experimentar una descarga emocional ante la angustia o la tensión que generan dichas situaciones. No obstante, también se ha de tener en cuenta que, al tratarse de un juego poético, estos textos requieren cierto grado de complicidad entre el poeta/ destinatario, y que, al abajar las barreras sociales, se entabla entre ellos una relación de tipo horizontal más que vertical.
En los dezires gayosos, el poeta (= sujeto) se exhibe a sí mismo ante el destinatario como objeto de la risa. Con este fin, el poeta se figura in texto como “loco”, u otros para-sinónimos como el galicismo fol o el galleguismo sandío, que versifica locuras. Así en este fragmento de un dezir de petición (CB n° 166) enviado por Villasandino a doña Constanza Sarmiento:
E reíd de mi locura,
que la mucha escritura
tórnase en gran desvarío.
[…]
Aunque me llamen sandío
las gentes, non tengo cura,
pues veo que mi ventura
non tiene más poderío (§§ 1fgh, 2efgh)[12].
Según denota el fragmento citado, el humor constituye una forma de liberación del sujeto riente ante las frustraciones y las vicisitudes de la vida. El poeta, en efecto, publica sus infortunios para hacer reír a los demás y hacerles olvidar sus propios pesares. De ahí que el dezidor le inste a doña Constanza a que se ría de él, pero no con irrisión, mofa, crueldad u odio, sino como su cómplice. La capacidad de reírse de sí mismo le permite, por ende, al poeta: a) insensibilizarse contra la risa del otro (liberación del sujeto); b) divertir al destinatario (alivio del otro); c) la afirmación ontológica del sujeto y la consolidación de su otredad, al ser visto como loco por la colectividad y al marginarse de ésta.
La risa de complicidad es bálsamo para el espíritu, el alma y el cuerpo afligido del otro. En efecto, al compensar las cuitas y los males que adolece el ser humano, esta risa constituye una meta explícita en algunos textos, así, por ejemplo, en el poema dirigido al de Luna ya citado supra (CB n° 453). Profesando fe en la risa terapéutica, el poeta-galeno parodia una receta médica que nada tiene que envidiarle a los manuales de medicina medievales, e incluye, en la cuarta estrofa, todo un programa de diversiones para su “paciente” literario:
Señor, lo tercero e más provechoso
es que non tomedes ningunos pesares,
mas muchos plazeres, oyendo juglares
con gesto riente, gentil, deleitoso,
a todos muy franco, cortés, gasajoso,
algunas vegadas cantando, tañiendo,
con lindos fidalgos folgando e riendo,
mirando su vista de Rey tan graçioso[13].
Cuando el poeta y el destinatario (sujetos) se mofan de terceras personas, brota una risa sarcástica que agrede al objeto de la risa común: ese otro aniquilado, o sea, los enemigos del destinatario. Por ejemplo, en el dezir de Villasandino CB n° 196 citado más arriba, se felicita a Luna por su ascenso y también por la caída de dos consejeros del rey, apodados Datán y Abirán (los cabecillas de la rebelión de los israelíes contra Moisés): “Reíd, como ya reístes/ de mis locuras que oístes/ plázeme porque vençistes/ ya a Datán y Abirón” (§ 2).
En resumidas cuentas, la exposición del poeta como objeto de la risa ante el destinatario (el otro) y, sobre todo, la carcajada cómplice que brota del dezir gayoso permiten, desde un punto de vista tipológico, distinguir estos poemas de las reqüestas y debates juglarescos que, según Márquez Villanueva, recurren también al mismo procedimiento exhibitorio del poeta como objeto de la risa para el lector[14]. En efecto, las reqüestas, que veremos más adelante, provocan una risa de superioridad, irrisión y agresión en lugar de la risa cómplice propia del dezir gayoso, lo que permite diferenciar ambos tipos de poesía lúdica.
El “manicomio” de la Gaya Ciencia
Páginas atrás reseñamos un metatexto de Villasandino (CB n° 166) en el que se establece un vínculo conceptual entre la locura/ escritura poética: “E reíd de mi locura/ que la mucha escritura/ tórnase en gran desvarío/ aunque me llamen sandío/ las gentes, non tengo cura” (§ 1 y 2abc). Por una parte, cabe destacar aquí, amén de la consonancia locura/ escritura que pone a ambos paradigmas en un nivel de equivalencia semántica, que las voces locura, escritura, desvarío y sandío resaltan todas al estar colocadas en posición de rima. Por otra parte, tanto Villasandino como Baena se figuran como locos, pero, a la vez, parecen estar distanciándose de los trovadores al investir esta identidad: “Ya non valgo un caracol/ antes me judgan por fol/ los de la Gaya Ciencia ” (CB n° 224, § 1fgh); mientras que Baena declara en una pregunta abierta contra los trovadores (CB n° 429, § 2):
Dezidme, señores, por vuestra mesura,
el arte de trobas si es por çiencia
o es por engenio o es por femençia
o es por audaçia o es por cordura;
o el arte gayosa si toca en locura,
o aquel que la sigue si sube en peso
de ser (d)estruido su cuerpo con seso
si non lo mampara quien fizo Natura[15].
Resulta sugestiva, en la cita precedente, la asociación de la locución “arte gayosa” y la locura. En efecto, si se tiene en cuenta que la palabra loco era sinónima de bufón en el Medievo, podría tratarse aquí de una auto-figuración de ambos poetas como truhanes más que, haciendo gala de burdo realismo, de demencia mental. En efecto, con sus disfraces grotescos, sus movimientos lascivos y sus gestos obscenos, los truhanes fingían estar locos, y entretenían a la corte con sus dichos bufonescos (verba joculatoria), que también podían ser satíricos y de invectiva. Los bufones, quienes pertenecían a la casta socio-profesional de los juglares, se distinguían de la casta socio-poética de los trovadores (poetas-caballeros); dos clanes poéticos cuyas rivalidades y funciones artísticas respectivas son bien conocidas[16].
Desde esta perspectiva, disentimos de Márquez Villanueva, quien ve plasmado, en poetas como Villasandino y Baena, un “mestizaje literario” entre el juglar y el trovador[17]. Y es que, al asumir la identidad de bufones, ambos poetas parecen, al contrario, distanciarse de los trovadores cortesanos más que identificarse con ellos. Por una parte, el estatus sociofuncional y la praxis literaria de Baena –tanto en su vertiente creativa como compiladora– lo alinean más con el círculo elitista de los letrados que con la producción artística de los trovadores; mientras que Villasandino, a su vez, se ve reflejado en los ojos de los poetas-caballeros como juglar despreciado y no como uno de sus pares (“ya non valgo un caracol/ antes me judgan por fol/ los de la Gaya Ciencia ”). Por otra parte, el poeta Villasandino también suele pincelar un autorretrato juglaresco donde resalta su baja extracción social, sus taras físicas y rasgos propios de la vejez. Desde esta perspectiva, y aunque no se pueda negar la posible dimensión “verista” de este retrato poético en el contexto de la poesía de juglaresca y de mecenazgo, tampoco se puede descartar que pueda tratarse aquí de un código paródico que distinguiría al poeta dezidor de baja extracción social del poeta-caballero. En efecto, no sólo el juglar y el loco, como indica Márquez Villanueva[18], sino también el clérigo y el letrado de orígenes modestos con cargos políticos, funcionarios o judiciales en el reino de Castilla, se suelen autorrepresentar en los textos con taras físicas y edad avanzada. Estos poetas constituyen, por ende, un reflejo especular de la figura de Narciso, typos del noble culto en la poesía de amor cortés[19], y escogen para sí una imagen más cercana de la de dioses marginados del Olimpo, como Plutón, Hades o Hefaistos, cuyo temperamento sombrío, taras –enanos, cojos, ciegos o mancos– y aspecto deforme les inspiraban repulsión a sus pares[20].
En suma, la risa de complicidad hace que la relación jerárquica entre el poeta/ destinatario sea de tipo vertical/ hacia arriba (al tratarse de un cortesano o del rey), mientras que el poeta se figura in texto como loco o bufón. No obstante, cuando el poeta y el destinatario ríen juntos de otros, la relación vertical/ hacia arriba puede convertirse, por medio del vector de la risa, en una relación de tipo horizontal o humorísticamente igualitaria. Ahora bien, a diferencia del dezir gayoso, el dezir de invectiva provoca una risa de exclusión y la relación entre reidor/ objeto de la risa se torna harto compleja por su gran variabilidad.
NOTAS
En lo que atañe a la distinción del dezir de otros géneros cancioneriles remitimos a: H. R. Lang, “Las formas estróficas y términos métricos del Cancionero de Baena”, en Estudios eruditos in memoriam Alfonso de Bonilla y San Martín, Madrid, Facultad de Filosofía y Letras, 1927, pp. 505-506; P. Le Gentil, La poésie lyrique espagnole et portugaise à la fin du Moyen Age, Rennes, Plihon, 1953, Vol. 1, p. 181; R. Lapesa, La obra literaria del marqués de Santillana, Madrid, Ínsula, 1957, p. 21, y también del mismo autor,“‘Cartas y ‘decires’ o ‘lamentaciones de amor’: desde Santillana hasta Diego Hurtado de Mendoza”, en Symbolae Pisanae: Studi in onore di Guido Mancini, B. Periñán & F. Guazzelli (eds.), Pisa, Giardini, 1989, pp. 295-310; F. López-Estrada, Introducción a la literatura medieval española, Madrid, Gredos, 1979, p. 396; D. C. Clarke, Morphology of Fifteenth Century Castilian Verse, Duquesne Studies Philological Series IV, Pittsburgh, Duquesne University Press, 1964; ídem, entrada “Decir” en Dictionary of the Middle Ages, J. R. Strayer, (ed.), New York, Scribner, 1986, p. 22; ídem, entrada “Decir” en The New Princeton Encyclopedia of Poetry and Poetics, Princeton University Press, 1993, p. 77; T. Navarro-Tomás, Métrica española, Barcelona, Labor, 1995, pp. 144-145. La oposición entre dezir, canción y cantiga en base a la presencia/ ausencia de melodía ha sido refutada por A. M. Gómez-Bravo, “Cantar decires y decir canciones: género y lectura de la poesía cuatrocentista castellana”, en Bulletin of Hispanic Studies, LXXVI, 1999, pp. 168-187, ídem, “Retórica y poética en la evolución de los géneros literarios cuatrocentistas”, en Rhetorica, XVII, 1999, p. 137.
Nota 2 : Por su ambigüedad y anacronismo para la Edad Media , preferimos usar el término “aleccionamiento” en lugar de “didactismo” (que no significa “enseñar” sino “enseñar a enseñar”). En efecto, el término “aleccionamiento”, a diferencia del “didactismo”, incluye tres nociones de la enseñanza como: 1) transmitir conocimientos (docere); 2) instruir o convencer (prodesse); 3) edificar y persuadir para transformar (movere).
Nota 3 : En su formato ideal, los dezires son poemas: a) escritos para ser leídos, aunque no se excluyen otros tipos de efectuación textual (como la recitación o la musicalización); b) enunciados en yo; c) aleccionadores; d) que narran y dividen (“cuentan y echan cuentas”); e) breves en comparación con los dits o ditiés galos, de los que, según Le Gentil, los dezires proceden. Véase: S. Ortega Sierra, El dezir en la época de Juan II (1404-1454): Definición y poética de un género cancioneril, tesis doctoral inédita, Univ. de Puerto Rico/ Université Stendhal-Grenoble III, 2006, 385 pp.
Nota 4 : Todas las citas de poemas han sido tomadas del Cancionero de Baena, B. Dutton & J. González-Cuenca (eds.), Madrid, Visor Libros, 1993. Las siglas ID remiten al “índice de Brian Dutton” de la poesía cancioneril.
Nota 6 : Francisco Márquez Villanueva, “Literatura bufonesca o del ‘loco’”, en NRFH, XXXIV, 1985-1986, p. 505.
Nota 7 : José Labrador, Poesía dialogada medieval. La “pregunta” en el “Cancionero” de Baena, Madrid, Maisal, 1974, 224 pp.; A. Chas Aguión, Preguntas y respuestas en la poesía cancioneril, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2002.
Nota 9 : Juan Alfonso de Baena, “Señor generoso e grant condestable…”, ID1581, en CB, op. cit., n° 453, pp. 707-708.
Nota 10 : K. Spang, Géneros literarios, Madrid, Síntesis, 1996, p.
Nota 11 : E. Dupréel “Le problème sociologique du rire”, en Essais pluralistes, París, PUF, 1949, pp. 27-69. Las teorías de Dupréel se hallan desglosadas también en A. Civita, Le teorie del comico, Milán, Unicopli, 1984, pp. 35-44.
Nota 12 : Alfonso Álvarez de Villasandino, “Linda muy ennoblecida…”, ID1306, en CB, op. cit., n° 166, pp. 192-193.
Nota 13 : El contenido de esta estrofa nos deja de recordarnos los Regimina Sanitatis, en los que el esparcimiento y la celebración de fiestas se consideraban curas para enfermedades como la melancolía, la tristeza y el amor –en el caso, por ejemplo, de héroes obsesivos como Calixto–. Sobre el poder terapéutico de la parodia en este poema en específico, véase: M. Amasuno, “El poder terapéutico de la parodia en el Cancionero de Baena: Cuaternario está el Condestable…”, en Revista de poética medieval, 1999, II, pp. 9-48.
Nota 14 : Afirma Márquez Villanueva: “But the court fool not only had to make his patrons laugh. The rules of the game dictated that he had to begin by making them laugh at him. Baena gave ample opportunity for this in the infamous requestas or poetic debates, of which he was an absolute master”: Francisco Márquez Villanueva, “Jewish Fools of the Spanish Fifteenth Century”, en Hispanic Review, Vol. 50, n° 4 (Otoño 1982), p. 392.
Nota 15 : Álvarez de Villasandino, “Rey de grant magnificencia…”, ID1364, en CB, op. cit., n° 224, pp. 252-253.
Nota 16 : El trovador creaba, mientras que, por su parte, el juglar ejercía de showman (declamaba/ cantaba las obras de aquél, aunque ciertos juglares también componían) y vivía de la generosidad del público. Los trovadores solían jactarse de su creatividad artística, su buen hacer y su dominio de las leyes del Gay Saber, mientras que se mofaban de la “esterilidad poética”, por así decirlo, de sus compañeros juglares. El propio Villasandino fue un dezidor que no dejaba pasar una ocasión de mofarse de los juglares, como, por ejemplo en estos versos: “Maguer por ventura para los jugladores/ yo fize estribotes trovando ladino” (CB 546, § 1cd). Los estribotes eran unas cantigas para juglares, pero el hecho mismo de que ninguna de estas piezas aparezcan en su obra poética bien podría denotar que nuestro poeta se avergonzaba de dichas piezas. Para un cuadro vivaz de los juglares y sus métodos de performance, véase la obra clásica de R. Menéndez Pidal, Poesía juglaresca y juglares: aspectos de la historia literaria y cultural de España, Buenos Aires- México, Espasa-Calpe, 1957; F. Márquez Villanueva, “Jewish ‘Fools’ of the Spanish Fifteenth Century”, Hispanic Review, 50, 1982, pp. 385-409; A. Leyva, “Juglares, hombres de corte y el Novellino”, en J. Paredes Núñez, (ed.), Medioevo y Literatura. Actas del V Congreso de la AHLM , Granada, Universidad de Granada, 1995, pp. 25-36; G. Hilty, “La figura del juglar en la Castilla del siglo XIII”, en Versants, Lausanne, XXVIII, 1995, pp. 153-173; E. Lacarra, “Juglares y afines”, en Historia de los espectáculos en España, A. Amorós et al., (coord.), Madrid, Castalia, 1999, pp. 405-418.
Nota 17 : Francisco Márquez Villanueva, op. cit., p. 504.
Nota 18 : Márquez Villanueva, op. cit., p. 393.
Nota 19 : La simetría de los parangones (Narciso/ caballero) queda plasmada, por ejemplo, en un fragmento del Dezir al nacimiento de Juan II de Francisco Imperial (CB n° 226). Tras haber exaltado Marte las virtudes guerreras del Infante recién nacido; Venus, en su parlamento, establece una correlación entre el heredero de la corona y Narciso, haciendo del héroe del amor un typos del caballero perfecto: “Qual fue Narçiso el muy amoroso/ en la fuente clara a su façión,/ sea este Infante mucho graçioso/ en conversación, en fablar razón,/ manso e cortés, de gentil coraçón,/ amador a todos, de todos amado,/ deleitoso en fablar, de buen gasajado/ e más sabidor de amor que Nasón”: Francisco Imperial, “En dos seteçientos e más dos o tres…”, ID0532, en CB, op. cit., n° 226, pp. 255-266. Para un repertorio de la imagen narcisista en la poesía de amor cortés, véanse: F. Goldin, The Mirror of Narcissus in the Courtly Love Lyric, Cornell, CUP, 1967, 272 pp.; L. Vinge, The Narcissus Theme in Western up to the Nineteenth Century, Lund, Gleereups, 1967, 248 pp. En el ámbito hispánico, saludaremos el estudio de R. Lapesa, “Sobre el mito de Narciso en la lírica medieval y renacentista”, en De Berceo a Jorge Guillén. Estudios literarios, Madrid, Gredos, 1997, pp. 64-77.
Nota 20 : Sobre la temática de Narciso/ Hefaistos en la poesía cancioneril, y particularmente en los dezires, nos permitimos remitir a nuestra tesis doctoral: Sara Ortega Sierra, op. cit., pp. 40-44, 73-77 y 326-331.
Peleas de "gayos" en el Cancionero de Baena: definición, tipología y poética del dezir lúdico II
El dezir de invectiva
Siguiendo los pasos del comparatista francófilo Le Gentil, Antonio García y Javier Huerta establecen una filiación –directa y anacrónica– del dezir con el sirventés provenzal, “[cuyo] objeto era el ataque, de modo crítico, satírico o burlesco, a ciertas personas e instituciones”; y, de paso, con las cantigas d’escarnho y de maldezir galaico-portuguesas, las cuales aprehenden como un equivalente del sirventés[21]. Ahora bien, aunque ambos estudiosos hacen una amalgama de nociones muy entreveradas como lo son la crítica, la sátira y lo burlesco, retendremos su acertada distinción entre dos tipos de ataque: a) contra una persona y/o su obra (invectiva lúdica); y b) la censura de la actualidad (sátira socio-moral o socio-política). Es más, esta distinción entre invectiva/ sátira constituye una tarea clave desde una perspectiva tipológica, por cuanto permite deslindar dos subgéneros del dezir de ataque: el dezir de invectiva lúdico, integrado en este ensayo por su carácter humorístico, versus el dezir satírico (censura de la actualidad) que excluimos del mismo por su carácter digresivo.
Al tratarse de una pulla literaria que desafía a un poeta a luchar contra el remitente y enviarle una respuesta, los dezires de invectiva son llamados reqüestas (‘desafíos’) en el CB. Este término enviste los siguientes subgéneros del dezir lúdico, cuya tipología deslindaremos a continuación: la respuesta paródica,la reqüesta y sus distintas variantes, el proçesso humorístico y el repullón.
La respuesta y replicaçión paródicas
El CB recoge una familia de textos llamados respuestas o replicaçiones que –a diferencia de las respuestas de raigambre doctrinal, teológica, casuística o dilemática– no se vinculan con una pregunta previa ni tampoco transmiten conocimientos (doctrina) y/o una exhortación moral. Dichas respuestas se pueden considerar, por ende, espontáneas, por cuanto no existe la intención explícita por parte del autor de recibir una contestación (una característica propia de la pregunta)[22]. El ciclo poético de dezires n° 231-236 del CB se abre con una pieza lírico-laudatoria de Francisco Imperial dirigida a su musa, Estrella Diana, a la que siguen unos dezires de Fernán Pérez de Guzmán y Diego Martínez de Medina, que están vinculados con el primer poema del ciclo y son presentados como respuestas en la rúbrica baenense.
Tanto las reglas literarias de dicho ciclo poético, como su dimensión ofensiva, nos son reveladas por Baena en la rúbrica del dezir n° 234: “Este dezir fizo Miçer Francisco Imperial a la dicha Estrella Diana e quexándosse de los otros que lo reqüestaban e pidiéndole a ella armas[23]”. Esta cita resulta valiosa desde un punto de vista metatextual, por cuanto las cláusulas “reqüestar” y “pedir armas” nos remiten al mundo de las justas medievales. En efecto, el verbo reqüestar era sinónimo de desafiar –un tecnicismo propio de los torneos– y el hecho de “pedir armas” denota también que estamos ante un duelo poético. Esta idea se confirma en la respuesta de Imperial (CB n° 234) al poema de ataque de don Diego (CB n° 233), dado que el primero alegoriza estos dezires como un torneo, a la vez que se figura in texto como un justador dispuesto a aceptar las reqüestas y los rebtos (‘desafíos’) de sus compañeros letrados. Antes de penetrar en el campo de torneo poético, y a fin de protegerse de las feroces embestidas poéticas de sus adversarios, el poeta se reviste, pues, de una poderosa armadura hecha con miembros del cuerpo de Estrella Diana, y que bien podría constituir una parodia de la alegoría de la armadura del cristiano (Efesios VI, 11-17):
Dizen que me desdezir
farán como fementido
o que en el campo metido
me farán cruel morir
[…]
E porque noble armadura
conviene a tal pelea,
donde el dios de amor vea
la vuestra grant hermosura,
con vuestras manos labrat
las armas e apropiat
la vuestra gentil figura (CB n° 234, §§ 3abcd y 5)
En las estrofas siguientes, el poeta hila una bella alegoría en la que los miembros del cuerpo femenino constituyen las partes de la armadura amorosa: el cabello (cota de malla); los brazos (cinturón); los ojos (lanzas); la delicadeza (escudo); los dientes, boca y sonrisa (divisa); el rostro (casco); la nariz (flecha) y las pestañas (plumas); las cejas (arco); etc. A su vez, en su propia respuesta al dezir que venimos de citar (CB n° 235), don Diego de Medina le sigue el juego a Micer Francisco, y el primero metaforiza el poema que ha recibido de parte del segundo con tecnicismos propios de los torneos. En efecto, este poema constituye un reto (reqüesta) que se lanzaban los duelistas, y que venía acompañada con unas prendas de desafío (fiadura y gaje) y una promesa jurada (homenaje):
Que por Estrella Diana
tomedes tan grant reqüesta
la batalla vos es presta
[…]
Vuestra reqüesta recibo
con fiadura e gaje
con el qual faré proeza
segunt fize omenaje (CB n° 235, § 1cde y 2ab)
Los poemas citados (CB n° 231-235) evidencian, por una parte, que los dezidores no están difamando al primer poeta, ni censurando su conducta moral, sino que están midiendo su respectivo virtuosismo artístico al parodiar la obra de un compañero. Entre todos ellos se mantiene siempre una relación de tipo horizontal (dezidor/ dezidor), y no vertical/ hacia arriba (dezidor versus noble/ dignatario eclesiástico/ dueñas) o vertical/ hacia abajo (dezidor versus conversos). Este último punto insta, pues, a ampliar las conclusiones de Labrador, quien no distingue la respuesta paródica, que, como ya sabemos, también es llamada requësta en los metatextos y en los paratextos de estos poemas, de los poemas de invectiva cuya “intención ofensiva es, desde luego, evidente, y el lenguaje muchas veces llega a la palabra soez o la frase procaz.[24]”
Por otra parte, al parodiar la obra de otro poeta, el atacante realiza “una imitación [de un texto] consciente y voluntaria [de] forma irónica, para poner de relieve el alejamiento del modelo y su volteo crítico[25]”. Como se sabe, Gérard Genette atribuye a la parodia un carácter transformativo y lúdico, lo cual, dicho sea de paso, justifica la inclusión de las respuestas paródicas en el corpus del dezir lúdico. Las respuestas y replicaçiones constituyen, pues, lo que Genette llama una “literatura en el segundo grado”, por cuanto la respuesta (hipertexto) mantiene una relación de comentario con respecto al dezir de origen (subtexto), pero estriba en una subversión recreativa de la glosa, una práctica escrituraria predilecta de los letrados.
El componente paródico de las respuestas o replicaçiones paródicas explicaría, pues, las características más relevantes de estos poemas: 1) la respuesta (hipertexto) funciona como unidad poética autónoma, mas sólo logramos una comprensión parcial de la misma si no la cotejemos, copla por copla, con el dezir de origen que la inspira (subtexto)[26]; 2) la respuesta, como práctica re-escrituraria, suele exhibir su vinculación con el dezir de origen[27]; 3) la validez de la respuesta y del torneo poético requiere que el parodiador respete, en lo posible, la métrica y el estilo (arte) del vate atacado; 4) el poeta atacado puede modificar la métrica y la temática de los textos en todo momento, mientras que el poeta atacador deberá seguirlo en cualquier cambio efectuado[28]; 5) el ciclo se cierra de dos maneras: sea por abandono de uno de los poetas, sea por intervención de un juez designado por ambos dezidores –otro poeta, un cortesano, o incluso, el rey– quien dictará un veredicto en un poema de clausura.
La reqüesta (dezir de invectiva stricto sensu)
Tanto la respuesta paródica como el dezir de invectiva –textos portadores de insultos, groserías y obscenidades– son indiferentemente llamados reqüestas en los metatextos de los poemas, aunque los dezires invectivescos también reciben el título de preguntas en las rúbricas baenenses. Con todo, un criterio distintivo entre la respuesta paródica y el dezir de invectiva estribaría en que la primera acomete burlescamente contra la obra de otro vate; en cambio, en el segundo, el ataque es individualizado y dirigido contra la persona del poeta, para zaherir sus fallas y escarnecerle, pero sin fines moralizadores. Por consiguiente, si bien es cierto que estos poemas difieren formalmente de la pregunta y la respuesta en su sentido estricto, disentimos de Labrador en cuanto a que la obtención de una respuesta no entre en el designio literario de una reqüesta[29]. En efecto, y en esto coincidimos con Chas Aguión, la denominación de reqüesta remite al género de los “desafíos poéticos” y a un criterio formal, la transitividad, por cuanto se puede verificar, tanto en el nivel metatextual como el paratextual, que en estos poemas de ofensiva los poetas suelen requerir una respuesta o replicación de la misma forma que lo harían en el caso de una pregunta[30].
En algunos casos, los iniciadores de la reqüesta expresan explícitamente que están a la espera de una respuesta. Así lo resaltan algunos metatextos de Baena, como en el poema CB n° 415, enviado por éste a Álvaro de Cañizares: “Dadme respuesta sin falta d’azares” (§ 1c). También, en la finida del poema CB n° 359, el compilador le promete al doncel de Lando replicar si éste último responde a su reqüesta: “avredes replique/ por arte graçiosa, sotil e compuesta” (§ 3ab), o, asimismo, en el poema CB n° 379, dirigido a Villasandino:
Combusco desseo entrar en reqüesta,
en esta gran corte e alta floresta,
por ver si daredes graçiosa respuesta
lo que vos fuere por mí preguntado[31]. (§ 1fghi)
Asimismo, uno de los poetas atacados también puede jugar con el campo semántico de la voz “respuesta”, y poner de realce tanto el carácter responsivo de su texto como su propia función de replicador de la reqüesta recibida: “Al digno de alta e rica planeta/ presento respuesta e soy replicante” (CB n° 370, § 1h). Por último, las rúbricas baeneses también confirman que, en el contexto de las reqüestas, la falta de una respuesta hacia abortar ab ovo el ciclo de poemas iniciado, mientras que el emisor de la reqüesta era declarado vencedor: “Non respondió. Fincó el campo por Juan Alfonso” (rúbricas de CB n° 363, 368, 378, 379).
El CB contiene varios ciclos de reqüestas de Baena dirigidas contra, entre otros dezidores, Ferrán Manuel de Lando (CB n° 359-363, 369-378), Villasandino (CB n° 364-368, 379) y Juan García de Vinuesa (CB n° 390-393); mientras que, a su vez, el compilador es atacado por Juan García de Soria (CB n° 382-390) y Alvar Ruiz de Toro (CB n° 394-395, 396, 398). Baena y el de Lando nos han dejado, en los ciclos de reqüestas, valiosos metatextos que permiten elucidar las funciones y algunos criterios poéticos de este subgénero del dezir humorístico: a) su carácter de pulla stricto sensu, como metáfora de este tipo de escritura[32]; b) el criterio poético de la transitividad; c) el nombramiento del destinatario in texto para individualizar el ataque[33]; d) su función bufonesca para con el público cortesano, dado que los poetas se figuran en los textos como bufones (farliques)[34]; e) la participación de jueces[35], o el abandono de un poeta, marcan el fin del ciclo poético.
Las reqüestas, como las respuestas paródicas, constituyen auténticas justas poéticas. Así lo revelan los dezidores en sus textos, como en un precioso fragmento autorreferencial en el que Baena, cuya afición a las reqüestas es indudable, desafía a Villasandino a “entrar en reqüesta” y “jugar a las cañas” (CB n° 379, § 1f y § 3hi) con él. En estos duelos poéticos, cuyo fin es divertir a la corte, los vates contrincantes se acorazan, y entran en el campo de torneo armados con papel y blandiendo afiladas plumas:
Por ende, vos ruego, señor viejo cano,
cano, que luego buscades careta,
careta muy neta, barreta, trompeta,
trompeta e cavallo, valiente, alazano,
o ruano,
e cota cachada, braçales e guantes,
e tinta e papel e plumas tajantes,
ca jura vos fago que mis consonantes
vos lleven fuyendo por cuesta e por llano.
Si esto fazedes, serán publicantes
los vuestros loores e más dominantes,
por quanto el Rey e duques e Infantes
con vuestra reqüesta avrán gasajado. (CB n° 379 § 3-4)[36].
Las reqüestas y sus respuestas también son metaforizadas por Baena como un juego de ajedrez (juego de escaque), denotando de esta forma tanto el carácter lúdico de estos textos, como su carácter transitivo y la pericia estratégica que requieren para ganar la partida poética. En efecto, el compilador titula jaque y mate dos de sus respuestas dirigidas a Juan García de Soria (CB n° 388 y 389); a la vez que Álvaro de Cañizares metaforiza un dezir de Baena, en el cual éste último pretende haberle dado un “golpe de xaque” (CB n° 415 § 1f), como una mala jugada de ajedrez:
Pero con razón, señor, vos retrayo
al vuestro falsete, mal juego de escaque,
e si d’este lucha llevades un baque,
a mí non culpedes, don muy lindo gayo (CB n° 416 § 1efgh)[37].
A pesar de tratarse de ataques tan personalizados, las reqüestas apuntaban a divertir a los cortesanos y gozaban de cierto grado de publicidad. El carácter bufonesco de esta poesía explica, por ende, la auto-figuración de los dezidores en los textos como truhanes, así en el dezir CB n° 357, en el cual Baena jura vestir al de Lando (“el sevillano”) y a Villasandino (“el viejo cano de Illescas”) con paño de tiritaña, esto es, el traje multicolor de los bufones:
Señor alto, Rey de España,
pues Illescas, viejo cano,
e Manuel el sevillano
ambos tienen de mi saña,
con mi lengua de guadaña
maguer tengo fea vista
e non so grant coronista,
juro a Dios que yo los vista
del paño de tiritaña
e veamos quién regaña (§ 2)[38].
En esa misma línea, algunas reqüestas contienen figuraciones de los poetas en pájaros como el gayo y el papagayo. Basten como botones de muestra los siguientes fragmentos extraídos de piezas de Juan de Guzmán, Baena y Álvaro de Cañizares. Dice el primero contra Baena: “Invençión dilecta a guisa de gayo/ veo que se faze segunt don Tristán” (CB n° 400, § 1ab). A su vez, Cañizares recibe estos versos en una reqüesta de Baena: “Pues vos tenéis por grant papagayo/ en esta ciencia, señor Cañizares/ dadme respuesta sin falta d’azares” (CB n° 415, § 1abc). Ante tal desafío, Cañizares le replica a Juan Alfonso: “Si d’esta lucha levades un baque/ a mí non culpedes, don muy lindo gayo” (CB n° 416, § 1fgh)[39].
Ahora bien, ¿por qué son figurados los poetas en gayos y papagayos en el contexto de las reqüestas? Al menos dos hipótesis emergen al respecto, si tenemos en cuenta: a) la similitud sonora entre Gaya Ciencia y gayo/ papagayo; y b) que ambas aves tenían fama de juglares por su capacidad de imitar el canto de otros pájaros (gayo) y la voz humana (papagayo). En primer lugar, los dezidores estarían desprestigiándose unos a otros al insultarse de juglares, quienes, a diferencia de los trovadores y los letrados, no componían poesía sino que, cuales “loros poéticos”, recitaban y cantaban textos de otros. Y, segundo, también podría tratarse aquí de una denotación de su función de poetas gayos, quienes, como estas aves portadoras de alegría y deleite, creaban poesía lúdica con el fin de divertir a la corte.
Reqüestas de deshonores (maldezires)
Un sondeo de las rúbricas baenenses permite observar que Baena presenta algunas reqüestas como unas piezas cuya función estriba en deshonrar, denostar y vituperar (afear) al destinatario. Estos poemas reciben el título de “dezir a manera de disfamaçión” (CB n° 104) o también reqüesta de deshonores. En ellos, los dezidores se presentan como pregoneros de los defectos y las faltas de una persona nombrada in texto. Así, en el Dezir contra la muger de mosén Juan (CB n° 100), por citar un ejemplo, el anónimo poeta asevera que los dezidores deben pregonarle al mundo los defectos (raças) de las víctimas de sus sarcasmos y, en este caso, de doña Catalina: “Para en plaça muy gran raça/ te ponen los dezidores; / […] servidores burladores/ te publican por picaça (§ 2abef)[40].
En algunos metatextos de dezires difamatorios, como el poema citado, el acto de dezir maledicencias se designa por medio del verbo maldezir: “Por mí digo que maldigo” (§ 5ab)[41]. Citas como ésta arrojan luz sobre un binomio antitético: dezir bien/ maldezir, que definiría dos de las funciones del subconjunto de dezires lúdicos que nos ocupa en esta sección. En efecto, si bien los letrados, fieles a la tradición escolar del “bien hablar”, se enorgullecen de su capacidad de bien dezir (‘escribir de forma ordenada y placentera’), la locución “digo que maldigo” denotaría que un buen dezidor también es capaz de dezir (‘escribir’ o ‘componer’) invectivas[42]. El carácter vejatorio y difamatorio de los maldezires los distingue tanto de la respuesta paródica como de la reqüesta lúdica que intercambian los poetas, por cuanto la relación entre el reidor/ objeto de risa ya no es de tipo horizontal (dezidor/ dezidor), como en el caso de las respuestas paródicas y los dezires de invectiva, sino vertical/ hacia arriba (contra cortesanos, altos eclesiásticos y las dueñas) o vertical/ hacia abajo (contra conversos).
NOTAS
[21] A. García-Berrío & J. Huerta-Calvo, Los géneros literarios: sistema e historia, Madrid, Cátedra, 1992, p. 92. Esta filiación directa entre la poesía ibérica y gala, así como la confusión entre las cantigas d’escharnho y las cantigas de maldezir cuyo fin común era el ataque, ha sido rebatida por Gómez-Bravo, op.cit., p. 155.
[22] La emisión de una cuestión y la petición de una respuesta son consideradas dos criterios formales ineludibles en una pregunta. Veáse: Labrador, op. cit., p. 28 y A. Chas Aguión, op. cit., p. 96 y sigs.
[23] Francisco Imperial, “Non fue por çierto mi carrera vana…”, ID1366, en CB, op. cit., n° 231, p. 280; ídem, “Voluntad sin orden fue non sana…”, ID1368, en CB, op. cit., n° 232 bis, p. 282; ídem, “Ante la muy alta corte…”, ID0539, en CB, op. cit., n° 234, pp. 284-286; Fernán Pérez de Guzmán, “A las vezes pierde e cuida que gana…”, ID1367, en CB, op. cit., n° 232, p. 281; Diego Martínez de Medina, “Muy imperial e de gran ufana…”, ID1366, en CB, op. cit., n° 233, pp. 283-284; ídem, “Pues la gloria mundana…”, ID1370, en CB, op. cit., n° 235, pp. 286-287.
[24] Labrador, op. cit., p. 28.
[25] A. Marchese y J. Forradellas, “Parodia”, en Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, Barcelona, Ariel, 1998, p. 311.
[26] Con respecto a este punto, creemos que se debería complementar el análisis de Chas Aguión, op. cit., p. 92, con respecto a que el seguimiento de un patrón métrico-estrófico de un poema previo “era razón suficiente para que ambas fueran consideradas ‘pregunta’ y ‘respuesta’. En efecto, también se ha de tener en cuenta la vinculación interna y explícita entre los textos paródicos y el poema que los origina.
[27] Así en CB n° 233 de Diego Martínez de Medina: “Muy imperial e de grant ufana/ fue vuestro proçeso e vuestro dezir…” (§ 1ab); o en CB n° 235: “Vuestra reqüesta resçibo/ con fiadura e gaje…” (§ 2ab); o bien en el veredicto a favor de Imperial de Alfonso Vidal (CB n° 235): “E visto este proçesso/ todo bien de arriba ayuso/ e leído viesso a viesso/ cada uno lo que puso/ fasta que fuera concluso…” (§ 4abcde).
[28] Por ejemplo, en el ciclo baenense CB n° 231-235, Imperial (atacado) pasa de los dodecasílabos de arte mayor en los textos anteriores, a las coplas octosílabas en CB n° 234; a la vez que modifica la temática del texto introduciendo el famoso torneo y la armadura de la dama. Martínez de Medina (atacante), a su vez, se adapta al cambio y pasa también del arte mayor al arte menor en su respuesta y recicla las temáticas del torneo y la armadura, tornándolas en befa.
[29] En palabras de Labrador: “En resumen, ‘pregunta’ y ‘respuesta’ existen cuando la intención de preguntar en un autor y de responder en otro entran en el designio literario. Esta intención es siempre patente y con frecuencia reiterada a lo largo de la composición. Y en ello no se implica porfía, ofensa o enojo por ninguna de ambas partes. La ‘recuesta’, en cambio, en la mayoría de los casos se escribe para ‘picar en lo vivo’; cuando no expresamente para entablar una enconada discusión, escarnecer o maldecir al adversario por sus ideas y costumbres […] La ‘recuesta’ recoge elementos de las cantigas de escarnio y maldecir […] Sin embargo la ‘pregunta’, que deriva de la ‘tensón’ posee una finalidad diferente. Su intención es preguntar y su propósito arrancar una respuesta del interlocutor”: Labrador, op. cit., p. 26, 28.
[30] Chas Aguión sostiene que, en las reqüestas, “la esencia de esta modalidad de diálogo es, precisamente, iniciar o solicitar un tipo de discusión […] se trata, en esencia de ‘picar en lo vivo con la suficiente intensidad como para que el reto propuesto no quede sin respuesta […] El motivo de la disputa no importa, solo el interés por mantenerla, y prolongarla, a través de sucesivas réplicas y contrarréplicas hasta agotar la capacidad del rival”: A. Chas Aguión, “Querellas burlescas e ingeniería retórica en el Cancionero de Baena”, en La Corónica , Vol. 38, 1, (Otoño 2009), p. 203-204.
[31] Juan Alfonso de Baena, “Ferrant Manuel por que se publique…”, en CB, op. cit., n° 359, p. 639; “Maestro esçelente, profundo letrado…”, en CB, ibid., n° 379, p. 650; “Pues vos tenéis por grant papagayo…”, ibid., n°415 p. 682.
[32] “Conviene forçado que alguien vos pique” (CB n° 359, § 1d); “A Dios fago jura, miradme d’empuesta, que si me picades, yo vos despelique” (CB n° 363, § 3cd); “A ver si tenedes la lança bien dura” (CB n° 431, § 3d).
[33] “Ferrand Manuel, por que se publique…”, (CB n° 359, § 1a); “Señor Juan Alfonso, pues anda el repique…” (CB n° 360, § 1a).
34] “Señor triunfante e muy soberano/ por darvos plazeres e buen gasajado/ yo reqüesté antaño en verano/ al viejo de Illescas e al grant sevillano” (CB n° 380, § 2acde); “Ferrán Manuel, tañer el farlique/ en harpa o guitarra echado de cuesta/ vos dó la ventaja, mas juro por ésta/ que d’esta linda arte yo vos purifique” (§ 3abcd): Juan Alfonso de Baena, “Fernand Manuel a los de Çadique…”, en CB, op. cit., n° 361, p. 640.
[35] “E para absolver las nuestras quistiones/ tomo por juez al lindo, amoroso/ […]/ Ferrant Manuel con sus distinçiones” (§ 3abd): Álvaro de Cañizares, en CB, op. cit., n° 413, p. 681.
[36] Juan Alfonso de Baena, “Maestro esçelente, profundo letrado…”, en CB, op. cit., n° 379, pp. 650-651.
[37] Juan Alfonso de Baena, “Maestro excelente, profundo letrado…”, ID1504, en CB, op. cit., n° 379, pp. 650-651; ídem, “Pues vos tenéis por grant papagayo…”, ID1542, en CB, op. cit., n° 415, p. 682; Álvaro de Cañizares, “Amigo señor, yo non visto sayo…”, ID1542, en CB, op. cit., n° 416, pp. 682-683.
[38] Juan Alfonso de Baena, “Señor alto, Rey de España…”, ID1482, en CB, op. cit., n° 357, pp. 637-638.
[39] Juan de Guzmán, “Invençión dilecta a guisa de gayo…”, ID1527, en CB, op. cit., n° 400, pp. 673-674; Álvaro de Cañizares, “Amigo, señor, yo non visto sayo…”, ID1543, en CB, op. cit., n° 416, pp. 682-683.
[40] Anónimo, “Catalina, non es fina…”, en CB, op. cit., n° 100, pp. 127-128.
[41] Este hecho se da también en el dezir n° 234 del CB de Imperial, que citamos páginas atrás por su alegoría de la armadura femenina. En esta pieza, el poeta le pide prestados a Estrella Diana unos miembros de su cuerpo, a fin de usarlos como armas contra los que maldizen (escriben maledicencias) contra su persona y obra: “Aved firme esperança/ que con ellos [vuestros ojos] mentirosos/ faré a los maldezidores […] Non temo con él [vuestro aire delicado] nin dudo/ maldezir desmesurado” (§§ 7cde y 8cd).
[42] Martín Alonso, 1986, Vol. II, “Maldeçir”, p. 1341. Ciertos textos anteriores al siglo XV documentan la relación de los dezires lúdicos con un contenido difamatorio o escarnecedor. El Libro de Buen Amor (§ 908) ya ponía de realce la comicidad de los maldezires o dezires difamatorios. El Arcipreste indica, en efecto, que éstos deben ser tomados en el segundo grado, y sin ira ni saña por parte de la víctima (sino como un texto humorístico destinado a hacer reír al resto del público): “Andan por todo el pueblo d’ella muchos dezires/ muchos después la enfaman con escarnios e reíres/ dueña, por te dezir esto, non te asañes nin te aíres/ mis fablas y mis fazañas ruégote que bien las mires”. El verbo maldezir también se reseña en ciertos paratextos de poemas cancioneriles más tardíos, como en el caso del “misógino” Maldezir de las mujeres del poeta catalán bilingüe Pero de Torrellas (c. 1405- c.1486), en el que el poeta zahiere, no sin ambigüedad, los defectos del sexo femenino.
Peleas de "gayos" en el Cancionero de Baena: definición, tipología y poética del dezir lúdico III
Invectivas contra mujeres
Las invectivas contra las dueñas de mano de un dezidor de más baja alcurnia que éstas constituyen un ataque de tipo vertical/ hacia arriba. Estos poemas subvierten paródicamente tanto las temáticas como los criterios formales de los dezires lírico-laudatorios destinados a una mujer, los cuales son vehículos de expresión del amor cortés con su dama endiosada e intocable. Los maldezidores, en efecto, se encargan de bajar a esa estatua fría y rígida del pedestal cortesano, y nos encaran con una mujer de carne y hueso, muy fuertemente sexuada, que atiza el deseo y los instintos más bajos del varón[43]. Por ejemplo, en el picantísimo dezir de disfamaçión n° 104 del CB, cuya intención estriba, según aclara la rúbrica baenense, en “afear e deshonrar a una dueña d’este reino”; Villasandino, a ruego de un caballero protegido por el anonimato, zahiere sin merced a una dama que, si bien al parecer solía regalar con facilidad sus encantos a otros –por no decir a todos– se había mostrado insensible ante todas las estrategias de seducción elaboradas por el galán. Los insultos (de borrica en adelante) se agolpan, pues, en el poema, y se suceden crudas descripciones gráficas de los genitales de la dueña, así como de todo lo que, en boca del maldezidor, el imaginativo caballero piensa hacer en su compañía.
A lo largo del poema, el poeta humilla, veja, y hace descender a la dama del estatus de objeto de veneración al de objeto sexual, de lo sagrado e intocable a lo bruscamente corpóreo: el sexo se convierte en una sinécdoque de la dama. En efecto, cada estrofa contiene varios para-sinónimos coloquiales, e incluso vulgares, de la vagina:
Señora, flor de madroño
yo querría sin sospecho
tener mi carajo arrecho
bien metido en vuestro coño.
Por ser señor de Logroño
non deseo otro provecho
sin foder coño estrecho
en estío o en otoño[44].
Por su parte, la dama insultada no se queda atrás en lo concerniente a la obscenidad, ya que, de mano del poeta Francisco de Baena (n. 1424), le replica a Villasandino insultándole de “viejo maldiçiente” (CB n° 105, § 7e), y con un lenguaje de carretero que haría estremecer los buenos modales. He aquí la primera estrofa, quizá una de las menos groseras del texto:
Señor, más floxo que bledo,
es esse vuestro vergajo,
bien paresçe estropajo
de los que revuelvo al dedo.
Con el más pequeño pedo
que yo tengo en el mi cuajo,
botaré del rescrebajo,
aunque tosca, bien de quedo (§ 1)[45]. Invectivas contra cortesanos
En los maldezires contra un personaje destacado de la corte, estamos también frente a invectivas de tipo vertical/ hacia arriba. Tomemos como botón de muestra un ciclo de reqüestas de Baena contra Ferrán Manuel de Lando. En la pieza inicial del ciclo (CB n° 359), Baena destaca el humorismo inherente a su poema, y afirma que le es menester echarle pullas a don Ferrán a fin de que “se publique/ la vuestra çiençia de grant maravilla/ en esta corte del rey de Castilla” (§ 1abc). Y, de acuerdo al principio de transitividad de las reqüestas, el secretario del rey le insta a don Ferrán a que le responda:
No se vos torne la cara amarilla
por que mi lengua vos unte o salpique;
por ende, vos ruego, señor, que se aplique
la vuestra persona sotil muy honesta,
dándome luego famosa respuesta (§ 2cdef).
Ahora bien, conforme los dos contrincantes se van acalorando y sube el tono ofensivo entre ellos, Baena llega a propagar, en el dezir n° 363 del CB, el aberrante rumor de que un “chato pastor de Ubrique” (provincia de Málaga) sodomizara al doncel. A raíz de esto, no resulta sorprendente que nuestro maldezidor metaforice el poema vejador enviado al de Lando como cuatro docenas de cagajones (festes) de mula pardilla:
Ferrand Manuel, boz mala vos guique
diz’ que vos dexó en la culcasilla
un chato pastor toda rezmilla
e fuese fuyendo al campo d’Orique.
Por ende, acorred que non frutifique
en vos algunt daño tan mala tempesta,
ca si la materia quedó muy digesta,
señor, medio puto vos queda el taxbique (§ 1) [46].
Sin duda, puede resultar chocante para el lector que un simple escribano del rey le remita a un noble de alta alcurnia unos versos tan indecorosos. No obstante, participar en el juego de la reqüesta implica, por una parte, que el adversario esté dispuesto a recibir cualquier tipo de embestidas que le dé el adversario, incluso los golpes más bajos, con el fin de divertir a los cortesanos y los demás letrados. Por otra parte, ya se ha dicho que, en los poemas lúdicos, los poetas siempre actúan bajo la identidad de bufones, lo que les permite proferir los más feroces insultos contra los grandes del reino sin temor a ser perseguidos, y que su violencia, a diferencia de los bufones europeos, siempre se limita al aspecto verbal y nunca llega al físico[47].
Invectivas contra judeoconversos
A diferencia de los maldezires contra las damas y los cortesanos, en las invectivas contra judeoconversos estamos ante una relación entre reidor/ objeto de risa de tipo vertical/ hacia abajo, dado que los dezidores llevan al paroxismo la degradación grotesca del otro. En el crudo poema CB n° 396, por ejemplo, Alvar Ruiz de Toro promete alimentar al converso Baena con estiércol, heces de jaca y carne de cerdo, y hacerle sorrabar a un perro, esto es, “fazerle el buz (‘beso’) debaxo del rabo[48]”. Ahora bien, aunque tales actitudes podrían interpretarse como formas de vejación violentas, o, incluso, hasta una demostración del antisemitismo visceral del dezidor; en este contexto lúdico, y con la distancia humorística, pensamos que se deberían leer más bien como un simple “motivo” o “herencia” tradicional, al igual que lo hiciera Mikhail Bajtín con respecto a los frecuentes rociamientos de la gente con heces y orina en la obra de François Rabelais[49].
Otro tipo de degradación, en las invectivas contra judeoconversos, radica en negarle a un varón su hombría. Así, en un dezir de fray Diego de Valencia (CB n° 501), destinado a Johan de España, un converso leonés. En el poema, nuestro dezidor pinta a un judío castrado (“pues que non tiene baçín”), y lo insulta con hebraísmos que le confieren a los versos una chirriante rima aguda, muy a tono, por cierto, con el contenido zaheridor del mismo:
Todos fuemos espantados
maestros, rabíes, cohenín, [sacerdotes]
ca les fueron sus pecados
d’este sofar ahením, [corneta de necios]
pues que non tiene baçín [huevos]
quiso infinta fazer;
ahora finque por manzel, [bastardo]
pues tan mal pertrecho tray (§ 2)[50].
El uso de hebraísmos, en el fragmento citado, constituye un fenómeno peculiar en el contexto de la invectiva. En efecto, al resultar críptico para los que desconocen la lengua hebrea, el ataque es más individualizado, hiriente y humillante para la víctima. Esta última es degradada ante su propia comunidad, o sea, ante quienes lo reconocen como parte integrante de la misma, y entre los cuales afirma su identidad por oposición a ese otro que lo rechaza.
La negación del honor, de un origen y de una familia dignos también es típica de las invectivas contra conversos: éstos últimos siempre son bastardos o cornudos (cucos). Así, en uno de sus maldezires contra Davihuelo, un bufón favorito de la corte de los reyes Enrique III y Juan II, Villasandino embiste al judío ferozmente con estos versos:
Sandío, mal aconsejado,
persona mal consejada,
la que tienes olvidada
sé que a ti olvidado
por ante cuco provado.
Fijo de algunt vil barbudo
e de vil puta barbuda
devrié ser quien razón cruda
muestra con rigor tan crudo (CB n° 184, §§ 2efghi y 3)[51].
Por último, los dezidores le deniegan al converso el estatus del caballero cristiano, y no faltan en echarle en cara su cobardía, un tema literario que también será reciclado por otros bufones en épocas posteriores[52]. Así el dezidor Ferrán Manuel de Lando, en CB n° 374, le echa en cara a Baena su estado de chupatintas medrado:
En sino forçado e muy abundante
nasçistes, amigo, de grant exorzismo
e non siento moro en el paganismo
que vuestra espada cruel non quebrante;
ca siempre enfengistes de muy batallante
en obra de armas valiente, perfecta,
con escrivanías e tinta bien prieta,
sumando las rentas del año passante (§ 1)[53].
Con todo, cabe recordar que no estamos frente a unos panfletos antisemíticos, sino ante dezires humorísticos. Como prueba al canto, diremos que el propio Baena parece tomar con humor los ataques contra su condición de converso, al reivindicar con ímpetu sus orígenes y resaltando sus rasgos físicos popularmente atribuidos a los judíos[54]. En efecto, en el poema CB 395, nuestro escribano le responde a Ruiz de Toro (CB n° 394) designándose como cohíno y orgulloso portador del apellido hebreo de los Abravalla, y amenazando con “descartarle su pixa e cojones”. Escuchémosle en sus propias palabras:
Muy alto, benino
pues este cohino
está muy canino
e busca reqüesta,
[…]
Ca él se confiessa
en lo que procesa
por arte confessa
de los de Abravalla
que lo pon’ en prisa
e mal lo remessa
mi lengua professa
por arte de talla[55].
Las referencias humorísticas y burlescas de Baena a su origen judaico marcan el inicio de una tradición con fortuna literaria hasta el siglo de Oro. En efecto, la generación de poetas bufones de inicios del siglo XV hallará un destacado sucesor en el Ropero de Córdoba, Antón de Montoro (c. 1404-1477), quien, valiéndose del concepto de la indignitas hominis, no vacilará en exhibir su condición de judeoconverso en poemas en los que, simultáneamente, es sujeto y objeto de la risa. Como vimos anteriormente, esta forma de humor negro, a la vez que constituye un mecanismo de defensa ante la agresión, la marginalización social y la frustración que ésta genera, provoca una risa de liberación en el vate y le proporciona la oportunidad de reírse del otro agresor. En efecto, como bien lo intuyera Roncero:
Reírse de sí mismo le va a permitir [al poeta] reírse de los demás; la autohumillación a la que se somete por su origen manchado le concede la bula de humillar a sus conciudadanos sin importarle el estatus social al que pertenecen.[56]
En suma, a diferencia de los dezires de sátira moral o social, la divulgación de los vicios de un individuo no tiene fines edificantes sino burlescos. Estamos, en efecto, frente a un juego entre letrados destinado a divertir a los cortesanos. Estos textos también se distinguen del dezir gayoso por la risa de exclusión que generan, y por cuanto se trata de un ataque de tipo vertical/ hacia arriba (contra cortesanos) o vertical/ hacia abajo (contra mujeres y judíos).
humor y decoro:
El buen dezidor no sólo debe saber armonizar la ética y la estética en su uso de la palabra (dezir bien), sino poseer virtudes afines con este discurso ético-estético[60]. En una de sus reqüestas contra Baena, el doncel de Lando nos da a conocer las cualidades anímicas de un dezidor por oposición a los defectos condenables de un maldezidor:
El simple pajés que ara
toda sobervia refuye;
quanto la saña destruye
la mesura le repara;
quien de maldezir se ampara
es más fuerte que Sansón
e sabio más que Salomón;
señor, pues notat el son,
por que vuestra presunçión
non desvare si desvara[61].
Según denota la cita supa, la humildad y la mesura convienen más que la saña del maldezidor, y quien se guarda de maldezir supera en fuerza a Sansón y en sabiduría al rey Salomón. Así pues, la humildad, la mesura, la templanza y la fortaleza –ya citadas por Quintiliano en su Institutio oratoria[62]– serían cuatro de las cualidades anímicas del poeta bueno que dize bien. Por otra parte, Alfonso Sánchez de Jaén menciona los Disticha Catonis como su modelo de conducta para responder con templanza a las sañosas pullas de Baena ante unos deitados “de deshonores bien guarnidos” que le había enviado el primero:
Por vos, cavallero, los he yo sufridos
por los Consejos de sabio Catón
los quales echastes en el talegón
por que de vos non fuesen sabidos.
Yo vos respondo con grant atemprança
porque vos veo muy arrebatado,
e por guardar, señor, vuestro estado,
plégavos de aver aquí temperança;
non por temor nin por desesperanza
mas por guardar la vuestra nobleza,
yo vos suplico que por gentileza
que non fagades otra inovança[63].
En este fragmento, Alfonso Sánchez indica que es propio del noble ser templado, porque de tal forma “guarda su estado” (o sea, ajusta su género de vida con su rango). Dicho de otra forma, al no crear un maldezir de respuesta, Villasandino “guardará su nobleza”, es decir, que mantendrá el decorum debido a su rango de hidalgo. Quizá sea interesante señalar que Villasandino ofrece una respuesta de una breve copla a este poema de Sánchez de Jaén, y que, ignorando los reproches que se le han hecho sobre su falta de templanza, tan sólo atiende a la finida del mismo.
3.2. Leyes de cortesía y sociabilidad literaria
En las reqüestas, la falta de cortesía y de mesura puede constituir un motivo de sanción por parte de un dezidor-escribano contra un dezidor-caballero cuyo comportamiento haya violado las leyes del Amor Cortés. Así lo vemos, por ejemplo, en el dezir n° 255 de Villasandino, una respuesta a una reqüesta de deshonores de mano de Ferrán Manuel de Lando:
Ferrant Manuel, amigo e señor,
¿quál fue la razón o por qué movistes
a me requerir segunt requeristes,
de mí non oyendo ningunt desonor?
Aquí fue fallida la regla de amor,
que quien Amor sirve cortés deve ser
assí en dezir como en fazer;
quien onra cobdiçia ser deve onrador (§ 1)[64].
En el verso “que quien amor sirve/ cortés debe ser/ assí en dezir como en fazer”, Villasandino está apuntando a la incongruencia entre la condición de poeta cortesano, bien nacido y siervo de amor, y su acto descortés con la creación de dezires difamatorios. En efecto, así como el buen dezidor debe dezir bien, el poeta cortesano ha de ser cortés, valga la redundancia, por cuanto su discurso se origina en el amor y honra al amor.
Las observaciones que preceden nos llevan a plantear unas hipótesis sobre los criterios poéticos de las reqüestas. En primer lugar, las reglas del decoro (onestidat) y sociabilidad literaria que rigen la poesía cortesana, explicarían el carácter transitivo de estas piezas, o sea, el requisito de una respuesta. Estos planteamientos se pueden intuir a la luz de un valioso metatexto reseñado en un poema de Lando dirigido a Villasandino:
Pero luego aquí protesto
que esta salva que vos fago
non es por dubdar el trago
de vuestro dezir modesto,
salvo porqu’es mas honesto
responder con cortesía,
que yo por cualquier vía
tinta e papel tengo presto (CB n° 257, § 2)[65].
Según denota la cita precedente, el poeta ha de “tener presto tinta e papel” para contestar cualquier texto que le dirijan sus compañeros, y la falta de respuesta, un acto descortés, explica por qué la victoria iba ipso facto al emisor de la reqüesta. En segundo lugar, el decoro y la mesura instan a los poetas a responder cortésmente so pena de ser sancionados por excesos de saña. En efecto, cuando un dezidor de menor categoría (social/ escolar) viola las leyes de la cortesía o falta a la mesura en una reqüesta contra un personaje de alta alcurnia, éste último puede negarse a responder o hacer que otros poetas contesten al maldezidor en su nombre[66]. La negación/ delegación de respuesta no son consideradas, en este caso, como una falta de cortesía, sino como una forma de sanción para el emisor de una reqüesta que se excediera. Por ejemplo, en CB n° 117, fray Lope del Monte sanciona a Villasandino, que no era letrado ni noble, por haber denostado, en una reqüesta, al Cardenal don Pero de Frías:
Quien troba parlando, non seyendo letrado,
de costelaçiones et de astronomía,
pues yerra en los puntos de su notomía,
e finca en sus dichos muy avergonzado,
ca d’esto fablar non yaze en deitado;
por ende castigo devía ser puesto
al que trobando declama denuesto
de quienquier, de más si tien’ gran estado (§ 2)[67].
En suma, es propio de los dezires de invectiva, con su criterio poético de la transitividad, ser contestados como una forma de cortesía entre poetas cortesanos. Sin embargo, faltar a las reglas de sociabilidad o bien extralimitarse un dezidor contra un personaje más alto que él entraña sanciones como el aborto de un ciclo de poemas y la derrota del reqüestador. la poética de la estética
Los dezires de invectiva están regidos por un código ético-estético que les es propio, el cual permite a los dezidores conciliar el humor y el decoro en estos textos. Entre otros aspectos destacan: a) los códigos de conducta ético-morales; b) los usos de cortesía (la poesía cortesana se vincula con el ideal del hombre cortesano); c) las leyes de sociabilidad literaria (entre letrados que intercambian estos poemas); d) reglas poéticas específicas.
3.1. La ética de los dezidores
En el Medievo el verbo dezir se vincula, simultáneamente, con el dictamen (‘escribir de forma ordenada y con palabras placenteras’), la literatura (‘componer poesía’), y en forma sustantivada, designa el género poético del dezir. A su vez, la fórmula dezir bien, tan presente en los textos medievales, denota tanto la calidad retórica del discurso como el fin ético superior de la poesía[57]. Así, pues, el poeta que dize bien es aquel quien armoniza el uso ético y estético de la palabra; y dezir bien se opone a maldezir (‘vilipendiar’), una falta de la cual debe guardarse el poeta cortesano. Echar pullas o infamar (profaçar) estriba en un discurso con doble filo que hiere a quien lo profiere, lo cual Baena denota al pintar al maldezidor como un ruiseñor (filomena) atrapado en las redes de su propio discurso infamatorio:
Quien su lengua desenfrena
enagena
su honor, bien entendedes
con las redes
que toman la filomena (CB n° 385, § 3abcd)[58].
Si dezir bien es propio del poeta cortés, en quien se armonizan el buen nacimiento y el numen divino –o el aprendizaje escolar– para escribir, maldezir, en cambio, es propio de los poetas rústicos, de mala calaña o de baja alcurnia. El maldezidor, en efecto, trueca la escarlata de los nobles por la áspera tela de cáñamo (camuna) que vestían los campesinos:
El que resçibe en la cuna
graçia divina en fablar,
non siento persona alguna
que gela pueda quitar;
el cuidar
luego pujar
es trobar
como troban en Porcuna
repullar
e profaçar
es trocarescarlata por camuna (CB n° 256, §2)[59].
conclusiones
En este estudio, hemos traído triunfalmente de vuelta el humor, la risa y la jocosidad que, acaso injustamente, habían sido desterrados de los estudios del dezir. Hemos reseñado, en efecto, las leyes de escritura que rigen dos subgéneros del dezir lúdico: el dezir gayoso y el dezir de invectiva, a partir del tipo de risa que los originan y que generan. Si bien el primero apunta a provocar una risa cómplice o inclusiva, el segundo puede, al contrario, tornarse en una degradación grotesca del individuo y la plataforma de un chirriante humor negro del cual no se salvan ni las damas, ni los varones de alta alcurnia, ni los altos dignitarios eclesiásticos, ni los judeoconversos. Y es que el decorum de los dezidores no prohíbe a nuestros poetas maldezir acerca de sus pares de forma lúdica, mas los abusos son severamente sancionados e invalidan el criterio poético de la transitividad propio de los dezires de invectiva.
En su intento de reubicar al dezir en su contexto cultural, Gómez-Bravo ha vinculado el florecimiento del género con una evolución paralela de las teorías retóricas del Medievo, la evolución de la enseñanza universitaria y la ascensión de la nueva casta intelectual del primer humanismo. Asimismo, dicha estudiosa afirma que el hallazgo de manuscritos de Quintiliano (1416) y de Cicerón (1421) impulsa el auge de la nueva retórica stricto sensu, como teoría discursiva dominante en los escritos humanistas del siglo XV y el desprestigio del arcaico dictamen[68]. No obstante, quizá se debiera matizar en algo esta hipótesis, al afirmar que un buen dezidor también podía ser un buen maldezidor en términos de ética y estética. En efecto, de no ser así, ¿por qué los poetas intercambiarían estas obras con tanto gusto y asiduidad? ¿No será, acaso, que la inversión del discurso en ariete requería una mayor agudeza lingüística, técnica y artística, a fin de darles coherencia a estos poemas que consistían en lo que José María Azáceta llamara, y no sin acierto, “disparates trovados[69]”?
NOTAS
[43] Con respecto a las invectivas contra mujeres, por cierto más abundantes en Cataluña que en Castilla, puede ser de interés general la obra Contra las mujeres: poemas medievales de rechazo y vituperio, R. Archer & I. de Riquer, (eds.), Barcelona, Quaderns Crema, 1999.
[44] Alfonso Álvarez de Villasandino, “Señora, pues que non puedo…”, ID1244, en CB, op. cit., n° 104, pp. 131-132. Para un análisis del vocabulario obsceno y soez en los dezires de difamación en el CB, remitimos al estudio de A. Puigvert-Ocal, “El léxico de la invectiva en el Cancionero de Baena”, en Cancioneros en Baena. Actas del II Congreso Internacional ‘Cancionero de Baena’. In memoriam Manuel Alvar, J. L. Serrano Reyes & J. Fernández Jiménez (eds.), Baena, Córdoba, Ayuntamiento de Baena, vol. I, 2003, pp. 335-363.
[45] Alfonso Álvarez de Villasandino, “Señora, pues que non puedo…”, ID1244, en CB, op. cit., n° 104, pp. 131-132; Francisco de Baena, “Señor, más floxo que bledo…”, ID1245, en CB, op. cit., n° 105, pp. 132-134.
[46] Juan Alfonso de Baena, “Ferrand Manuel, por que se publique…”, ID1484, en CB, op. cit., n° 359, p. 639; ídem “Ferrand Manuel, boz mala vos guique…”, ID1488, en CB, op. cit., n° 363, pp. 641-642.
[47] Roncero López, op. cit., p. 42.
[48] Alvar Ruiz de Toro, “Manjar muy sabroso de fino alcuzcuz…”, ID1522, en CB, op. cit., n° 396, p. 670.
[49] Mikhail Bajtín, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, Madrid, Alianza, 1998, pp. 133-135. Con todo, en este caso, al no rociar al vilipendiado con heces sino al obligarlo a comérselas, quizá pueda verse un matiz antisemítico más burlesco todavía, si recordamos, por ejemplo, que las leyes de pureza del Levítico prohibían esta práctica, y que el profeta Ezequiel (IV, 12-15) se negó a ello aun bajo mandato divino.
[50] Diego de Valencia, “Juan de España, muy grant saña…”, ID1627, en CB, op. cit., n° 501, p. 343.
[51] Villasandino, “Davihuelo, que me quito…”, ID1324, en CB, op. cit., n° 184, pp. 209-210.
[52] Roncero, op. cit., p. 44.
[53] Ferrán Manuel de Lando, “En sino forçado e muy abundante…”, ID 1499, en CB, op. cit., n° 374, p. 646.
[54] Márquez Villanueva, op. cit., p. 393.
[55] Juan Alfonso de Baena, “Muy alto, benino…”, ID1521, en CB, op. cit., n° 395, pp. 668-669.
[56] Roncero, op. cit., p. 43. No resistiremos a la tentación de aunque sea citar algunos versos de este tipo de poesía de la segregación que Antón de Montoro le dedica a la reina doña Isabel: “Oh, ropero, amargo, triste/ que no sientes tu dolor./ Setenta años que naciste,/ y en todos siempre dixiste:/ inviolata permansiste,/y nunca juré al Criador./ Hice el Credo y adorar/ ollas de tocino y grueso,/ torreznos a medio asar; / oír misas y rezar,/ santiguar y persignar;/ y nunca pude matar/ este rastro de confeso,/ por do mi culpa se escombre/ no pude perder el nombre/ de viejo puto y judío.” Antón de Montoro, “Oh ropero amargo e triste…”, en J. Rodríguez Puértolas, Poesía crítica y satírica del siglo XV, Madrid, Castalia, 1989, pp. 316-317. También recomendamos la obra de M. Costa, Bufón de palacio y comerciante de ciudad. La obra poética del poeta cordobés Antón de Montoro, Colección Estudios cordobeses, Córdoba, Diputación 2001.
[57] Sobre esta temática, remitimos al trabajo erudito de Gómez Bravo, op. cit., pp. 152-153.
[58] Juan Alfonso de Baena, “Señor, mal se desordena…”, ID 1510, en CB, op. cit., n° 385, pp. 655-656.
[59] Villasandino, “Señor Álvaro de Luna…”, ID 0556, en CB, op. cit., n° 256, pp. 455-456.
[60] Dice San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías: “Rectorica es ciencia de bien dezir […] El orador es varón bueno, enseñado de dezir”. El origen de este concepto retórico se puede rastrear en Quintiliano e, incluso antes, en Catón, para quienes “hablar bien” (o sea, dezir bien) se combina con una moral intachable, las virtudes y las intenciones honorables del orador, el vir bonus dicendi peritus. Para un análisis de esta terminología, véase: Gómez-Bravo, op. cit., p. 166; y J. Murphy, & R. Katula, A synoptic history of classical rhetoric, Davis, Hermagoras Press, 1995, pp. 177-205.
[61] Ferrán Manuel de Lando, “Johan Alfonso, alçad la cara…”, ID1397, en CB, op. cit., n° 263, pp. 465-467.
[62] Quintiliano lista una serie de atributos y cualidades que han de predominar en su “hombre virtuoso que habla bien”; entre otras: la sabiduría (xii. 1.25); la fortaleza (xii. 1.17); la cortesía; la bondad; la templanza; la mesura moral y la benevolencia (xi. 1). Para más información, véase: Murphy & Katula, op. cit. pp. 177-205.
[63] Alfonso Sánchez de Jaén, “La mi inorançia non fue movida…”, ID1267, en CB, op. cit., n° 127, pp. 158-159.
[64] Álvarez de Villasandino, “Ferrant Manuel, amigo e señor”, ID1391, en CB, op. cit., n° 255, pp. 453-454.
[65] Ferrán Manuel de Lando, “Alfonso Álvarez, amigo…”, ID0514, en CB, op. cit., n° 257, pp. 456-458.
[66] Conste, sin embargo, que esto puede ser también el caso cuando el blanco de las pullas no tiene suficiente pericia técnica para contestar un poema, como, por ejemplo, el caso que ya hemos visto de la dueña deshonrada por Villasandino que contesta de mano de Francisco de Baena.
[67] Fray Lope del Monte, “El sol de justiçia por su providençia…”, ID1257, en CB, op. cit., n° 117, 150-152.
[68] Gómez-Bravo, op. cit., p. 161.
[69] J. M. Azáceta, Cancionero de Juan Alfonso de Baena, Vol. 3, Madrid, CSIC, 1966, p. 838.
Nota biográfica
Sara Ortega-Sierra
Lee University
Sara Ortega-Sierra nació en Barcelona, España, el 9 de junio de 1976. Sus años formativos fueron en la Universidad Stendhal-Grenoble III (Francia) donde se licenció en filología hispánica (1999). Tras una transferencia a la Universidad de Puerto Rico, se recibe en 2006 con un doble doctorado otorgado por la Universidad Stendhal y la Universidad de Puerto Rico. Su tesis doctoral, codirigida por los profesores Luce López-Baralt (UPR), Vicente Serverat (Universidad Stendhal) y Bernard Darbord (Universidad de Nanterre), se titula El dezir en la época de Juan II de Castilla (1405-1454): definición y tipología de un género cancioneril. Sus áreas de investigación incluyen la poesía cancioneril del siglo XV, las clasificaciones femeninas en la Edad Media , la novela picaresca, y breves incursiones en el teatro contemporáneo español y la narrativa puertorriqueña decimonónica. Sus trabajos han sido publicados en la Revista de Estudios Hispánicos, obras colectivas y la Revista Cayey. Al presente, ejerce de catedrática auxiliar en lenguas modernas en Lee University, en el estado de Tennessee.
NOTAS
[43] Con respecto a las invectivas contra mujeres, por cierto más abundantes en Cataluña que en Castilla, puede ser de interés general la obra Contra las mujeres: poemas medievales de rechazo y vituperio, R. Archer & I. de Riquer, (eds.), Barcelona, Quaderns Crema, 1999.
[44] Alfonso Álvarez de Villasandino, “Señora, pues que non puedo…”, ID1244, en CB, op. cit., n° 104, pp. 131-132. Para un análisis del vocabulario obsceno y soez en los dezires de difamación en el CB, remitimos al estudio de A. Puigvert-Ocal, “El léxico de la invectiva en el Cancionero de Baena”, en Cancioneros en Baena. Actas del II Congreso Internacional ‘Cancionero de Baena’. In memoriam Manuel Alvar, J. L. Serrano Reyes & J. Fernández Jiménez (eds.), Baena, Córdoba, Ayuntamiento de Baena, vol. I, 2003, pp. 335-363.
[45] Alfonso Álvarez de Villasandino, “Señora, pues que non puedo…”, ID1244, en CB, op. cit., n° 104, pp. 131-132; Francisco de Baena, “Señor, más floxo que bledo…”, ID1245, en CB, op. cit., n° 105, pp. 132-134.
[46] Juan Alfonso de Baena, “Ferrand Manuel, por que se publique…”, ID1484, en CB, op. cit., n° 359, p. 639; ídem “Ferrand Manuel, boz mala vos guique…”, ID1488, en CB, op. cit., n° 363, pp. 641-642.
[47] Roncero López, op. cit., p. 42.
[48] Alvar Ruiz de Toro, “Manjar muy sabroso de fino alcuzcuz…”, ID1522, en CB, op. cit., n° 396, p. 670.
[49] Mikhail Bajtín, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, Madrid, Alianza, 1998, pp. 133-135. Con todo, en este caso, al no rociar al vilipendiado con heces sino al obligarlo a comérselas, quizá pueda verse un matiz antisemítico más burlesco todavía, si recordamos, por ejemplo, que las leyes de pureza del Levítico prohibían esta práctica, y que el profeta Ezequiel (IV, 12-15) se negó a ello aun bajo mandato divino.
[50] Diego de Valencia, “Juan de España, muy grant saña…”, ID1627, en CB, op. cit., n° 501, p. 343.
[51] Villasandino, “Davihuelo, que me quito…”, ID1324, en CB, op. cit., n° 184, pp. 209-210.
[52] Roncero, op. cit., p. 44.
[53] Ferrán Manuel de Lando, “En sino forçado e muy abundante…”, ID 1499, en CB, op. cit., n° 374, p. 646.
[54] Márquez Villanueva, op. cit., p. 393.
[55] Juan Alfonso de Baena, “Muy alto, benino…”, ID1521, en CB, op. cit., n° 395, pp. 668-669.
[56] Roncero, op. cit., p. 43. No resistiremos a la tentación de aunque sea citar algunos versos de este tipo de poesía de la segregación que Antón de Montoro le dedica a la reina doña Isabel: “Oh, ropero, amargo, triste/ que no sientes tu dolor./ Setenta años que naciste,/ y en todos siempre dixiste:/ inviolata permansiste,/y nunca juré al Criador./ Hice el Credo y adorar/ ollas de tocino y grueso,/ torreznos a medio asar; / oír misas y rezar,/ santiguar y persignar;/ y nunca pude matar/ este rastro de confeso,/ por do mi culpa se escombre/ no pude perder el nombre/ de viejo puto y judío.” Antón de Montoro, “Oh ropero amargo e triste…”, en J. Rodríguez Puértolas, Poesía crítica y satírica del siglo XV, Madrid, Castalia, 1989, pp. 316-317. También recomendamos la obra de M. Costa, Bufón de palacio y comerciante de ciudad. La obra poética del poeta cordobés Antón de Montoro, Colección Estudios cordobeses, Córdoba, Diputación 2001.
[57] Sobre esta temática, remitimos al trabajo erudito de Gómez Bravo, op. cit., pp. 152-153.
[58] Juan Alfonso de Baena, “Señor, mal se desordena…”, ID 1510, en CB, op. cit., n° 385, pp. 655-656.
[59] Villasandino, “Señor Álvaro de Luna…”, ID 0556, en CB, op. cit., n° 256, pp. 455-456.
[60] Dice San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías: “Rectorica es ciencia de bien dezir […] El orador es varón bueno, enseñado de dezir”. El origen de este concepto retórico se puede rastrear en Quintiliano e, incluso antes, en Catón, para quienes “hablar bien” (o sea, dezir bien) se combina con una moral intachable, las virtudes y las intenciones honorables del orador, el vir bonus dicendi peritus. Para un análisis de esta terminología, véase: Gómez-Bravo, op. cit., p. 166; y J. Murphy, & R. Katula, A synoptic history of classical rhetoric, Davis, Hermagoras Press, 1995, pp. 177-205.
[61] Ferrán Manuel de Lando, “Johan Alfonso, alçad la cara…”, ID1397, en CB, op. cit., n° 263, pp. 465-467.
[62] Quintiliano lista una serie de atributos y cualidades que han de predominar en su “hombre virtuoso que habla bien”; entre otras: la sabiduría (xii. 1.25); la fortaleza (xii. 1.17); la cortesía; la bondad; la templanza; la mesura moral y la benevolencia (xi. 1). Para más información, véase: Murphy & Katula, op. cit. pp. 177-205.
[63] Alfonso Sánchez de Jaén, “La mi inorançia non fue movida…”, ID1267, en CB, op. cit., n° 127, pp. 158-159.
[64] Álvarez de Villasandino, “Ferrant Manuel, amigo e señor”, ID1391, en CB, op. cit., n° 255, pp. 453-454.
[65] Ferrán Manuel de Lando, “Alfonso Álvarez, amigo…”, ID0514, en CB, op. cit., n° 257, pp. 456-458.
[66] Conste, sin embargo, que esto puede ser también el caso cuando el blanco de las pullas no tiene suficiente pericia técnica para contestar un poema, como, por ejemplo, el caso que ya hemos visto de la dueña deshonrada por Villasandino que contesta de mano de Francisco de Baena.
[67] Fray Lope del Monte, “El sol de justiçia por su providençia…”, ID1257, en CB, op. cit., n° 117, 150-152.
[68] Gómez-Bravo, op. cit., p. 161.
[69] J. M. Azáceta, Cancionero de Juan Alfonso de Baena, Vol. 3, Madrid, CSIC, 1966, p. 838.
Resumen
RESUMEN
El medievalismo tradicional hispánico ha encasillado el dezir, género poético cancioneril harto proteiforme, bajo la categoría de la poesía didáctico-moral. Con todo, aunque el aleccionamiento al lector, tanto en su vertiente moralista como adoctrinadora, constituye uno de los criterios genéricos formales de estos poemas, un sondeo de los paratextos y los metatextos también revela el carácter “gayoso”, o sea, jocoso y alegre, que podía tener esta poesía. Este estudio apunta a definir los contornos del dezir lúdico, un subgénero del dezir cuyos fines explícitos e implícitos estriban en deleitar, divertir y hacer reír al público sin enseñar o moralizar. La tipología que proponemos se basa en el tipo de risa que genera el texto: la risa inclusiva (por ejemplo, en los poemas donde se reconforta a un enfermo) y la risa “exclusiva” (en los poemas satíricos y de invectiva degradantes contra un individuo), a la vez que permite deslindar dos subgéneros del dezir lúdico, el dezir gayoso y el dezir de invectiva. Finalmente, intentaremos cristalizar una poética del humor y del decorum propia de los dezires de invectiva, y que le permite a todo buen dezidor de ser también un buen maldezidor en términos de ética y estética.
PALABRAS CLAVE
poesía cancioneril, dezir, humor, invectiva, literatura bufonesca o del “loco”.
ABSTRACT
Hispanic medieval studies have included the dezir, a poetic cancioneril genre distinguished by its multiform character, in the category of the so-called moral and didactic poetry. Nevertheless, though one cannot deny the moralistic and doctrinal character as a formal criterion for such poetry, a deepened analysis of the metatexts and paratexts of the poems also reveals the “gayoso”, or mischievous and amusing character, that these texts could also have. This study aims to define the contours of the humoristic dezir, a subgenre of this poetry, whose goals, both explicit and implicit, are to delight, entertain, and to make de public laugh, without teaching or moralizing. Our typology is based upon the type of laughter the texts generate, either “inclusive” (in poems where a sick person is comforted) or “exclusive” (in invective poems where an individual is dishonored), and that allows to distinguish between the gayoso dezir and the dezir of invective. Finally, we aim to define a poetic of humor and decorum that pertains to the satiric dezires, and which allows all good dezidor to be a good maldezidor in terms of ethic and aesthetic.
KEYWORDS
cancionero poetry, dezir, humor, invective, buffoon or “fool” literature.
NOTAS
[43] Con respecto a las invectivas contra mujeres, por cierto más abundantes en Cataluña que en Castilla, puede ser de interés general la obra Contra las mujeres: poemas medievales de rechazo y vituperio, R. Archer & I. de Riquer, (eds.), Barcelona, Quaderns Crema, 1999.
[44] Alfonso Álvarez de Villasandino, “Señora, pues que non puedo…”, ID1244, en CB, op. cit., n° 104, pp. 131-132. Para un análisis del vocabulario obsceno y soez en los dezires de difamación en el CB, remitimos al estudio de A. Puigvert-Ocal, “El léxico de la invectiva en el Cancionero de Baena”, en Cancioneros en Baena. Actas del II Congreso Internacional ‘Cancionero de Baena’. In memoriam Manuel Alvar, J. L. Serrano Reyes & J. Fernández Jiménez (eds.), Baena, Córdoba, Ayuntamiento de Baena, vol. I, 2003, pp. 335-363.
[45] Alfonso Álvarez de Villasandino, “Señora, pues que non puedo…”, ID1244, en CB, op. cit., n° 104, pp. 131-132; Francisco de Baena, “Señor, más floxo que bledo…”, ID1245, en CB, op. cit., n° 105, pp. 132-134.
[46] Juan Alfonso de Baena, “Ferrand Manuel, por que se publique…”, ID1484, en CB, op. cit., n° 359, p. 639; ídem “Ferrand Manuel, boz mala vos guique…”, ID1488, en CB, op. cit., n° 363, pp. 641-642.
[47] Roncero López, op. cit., p. 42.
[48] Alvar Ruiz de Toro, “Manjar muy sabroso de fino alcuzcuz…”, ID1522, en CB, op. cit., n° 396, p. 670.
[49] Mikhail Bajtín, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, Madrid, Alianza, 1998, pp. 133-135. Con todo, en este caso, al no rociar al vilipendiado con heces sino al obligarlo a comérselas, quizá pueda verse un matiz antisemítico más burlesco todavía, si recordamos, por ejemplo, que las leyes de pureza del Levítico prohibían esta práctica, y que el profeta Ezequiel (IV, 12-15) se negó a ello aun bajo mandato divino.
[50] Diego de Valencia, “Juan de España, muy grant saña…”, ID1627, en CB, op. cit., n° 501, p. 343.
[51] Villasandino, “Davihuelo, que me quito…”, ID1324, en CB, op. cit., n° 184, pp. 209-210.
[52] Roncero, op. cit., p. 44.
[53] Ferrán Manuel de Lando, “En sino forçado e muy abundante…”, ID 1499, en CB, op. cit., n° 374, p. 646.
[54] Márquez Villanueva, op. cit., p. 393.
[55] Juan Alfonso de Baena, “Muy alto, benino…”, ID1521, en CB, op. cit., n° 395, pp. 668-669.
[56] Roncero, op. cit., p. 43. No resistiremos a la tentación de aunque sea citar algunos versos de este tipo de poesía de la segregación que Antón de Montoro le dedica a la reina doña Isabel: “Oh, ropero, amargo, triste/ que no sientes tu dolor./ Setenta años que naciste,/ y en todos siempre dixiste:/ inviolata permansiste,/y nunca juré al Criador./ Hice el Credo y adorar/ ollas de tocino y grueso,/ torreznos a medio asar; / oír misas y rezar,/ santiguar y persignar;/ y nunca pude matar/ este rastro de confeso,/ por do mi culpa se escombre/ no pude perder el nombre/ de viejo puto y judío.” Antón de Montoro, “Oh ropero amargo e triste…”, en J. Rodríguez Puértolas, Poesía crítica y satírica del siglo XV, Madrid, Castalia, 1989, pp. 316-317. También recomendamos la obra de M. Costa, Bufón de palacio y comerciante de ciudad. La obra poética del poeta cordobés Antón de Montoro, Colección Estudios cordobeses, Córdoba, Diputación 2001.
[57] Sobre esta temática, remitimos al trabajo erudito de Gómez Bravo, op. cit., pp. 152-153.
[58] Juan Alfonso de Baena, “Señor, mal se desordena…”, ID 1510, en CB, op. cit., n° 385, pp. 655-656.
[59] Villasandino, “Señor Álvaro de Luna…”, ID 0556, en CB, op. cit., n° 256, pp. 455-456.
[60] Dice San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías: “Rectorica es ciencia de bien dezir […] El orador es varón bueno, enseñado de dezir”. El origen de este concepto retórico se puede rastrear en Quintiliano e, incluso antes, en Catón, para quienes “hablar bien” (o sea, dezir bien) se combina con una moral intachable, las virtudes y las intenciones honorables del orador, el vir bonus dicendi peritus. Para un análisis de esta terminología, véase: Gómez-Bravo, op. cit., p. 166; y J. Murphy, & R. Katula, A synoptic history of classical rhetoric, Davis, Hermagoras Press, 1995, pp. 177-205.
[61] Ferrán Manuel de Lando, “Johan Alfonso, alçad la cara…”, ID1397, en CB, op. cit., n° 263, pp. 465-467.
[62] Quintiliano lista una serie de atributos y cualidades que han de predominar en su “hombre virtuoso que habla bien”; entre otras: la sabiduría (xii. 1.25); la fortaleza (xii. 1.17); la cortesía; la bondad; la templanza; la mesura moral y la benevolencia (xi. 1). Para más información, véase: Murphy & Katula, op. cit. pp. 177-205.
[63] Alfonso Sánchez de Jaén, “La mi inorançia non fue movida…”, ID1267, en CB, op. cit., n° 127, pp. 158-159.
[64] Álvarez de Villasandino, “Ferrant Manuel, amigo e señor”, ID1391, en CB, op. cit., n° 255, pp. 453-454.
[65] Ferrán Manuel de Lando, “Alfonso Álvarez, amigo…”, ID0514, en CB, op. cit., n° 257, pp. 456-458.
[66] Conste, sin embargo, que esto puede ser también el caso cuando el blanco de las pullas no tiene suficiente pericia técnica para contestar un poema, como, por ejemplo, el caso que ya hemos visto de la dueña deshonrada por Villasandino que contesta de mano de Francisco de Baena.
[67] Fray Lope del Monte, “El sol de justiçia por su providençia…”, ID1257, en CB, op. cit., n° 117, 150-152.
[68] Gómez-Bravo, op. cit., p. 161.
[69] J. M. Azáceta, Cancionero de Juan Alfonso de Baena, Vol. 3, Madrid, CSIC, 1966, p. 838.
